sábado 14.12.2019

Cuentas con mal aspecto

Probablemente es pronto para excederse en conclusiones, pero los datos de ejecución presupuestaria de los pasados enero y febrero vierten serias dudas sobre la validez de las cuentas que el Gobierno sometió a la aprobación del Parlamento. La evolución de ingresos y gastos discurre en sentido contrario a lo que haría falta para que el déficit no repita moverse por zonas lindantes a dos dígitos en términos de Producto Interior Bruto (PIB). En otras palabras, el Estado recauda menos, pero gasta más.

Sin duda consciente de ello, el Ejecutivo ha tocado a rebato para aplicar lo que llama medidas de austeridad. Lo está haciendo estas dos últimas semanas, dando pie a por lo menos un par de reflexiones. De una parte, que no tuviera en cuenta la necesidad de reducir dispendios cuando preparó su proyecto de ley de Presupuestos para el ejercicio en curso. De otra, que proyecta y negocia medidas que, en el mejor de los casos, rendirán efectos a partir del 2011.

Peor todavía es que transmita la sensación, compartida con las comunidades autónomas, de estar poco menos que mareando la perdiz. O, si se prefiere, moviéndose por terrenos -partidas de gasto- de escasa enjundia, sin abordar las cuestiones de fondo que, de verdad, pesan sobre el gasto público.

No es asunto de derechas o izquierdas. La doctrina económica ha evidenciado de múltiples formas, incluso empíricas, que sólo se puede y debe repartir lo que se consigue generar. Lo contrario es engañarse y, a costa de acumular deuda, comprometer un poco el presente y mucho más el porvenir. Dicho de otra manera, frente al voluntarismo de gastar lo deseable hay que oponer el realismo de gastar lo posible... lo que este país y esta economía se puedan permitir.

Incumplir el objetivo de déficit fijado para este año no hará necesariamente imposible volver al límite del 3 por ciento del PIB en el 2013, pero no es una forma de empezar bien el camino hacia los compromisos contraídos para el 2013 ni el mejor modo de afianzar credibilidad ante unos mercados ahora mismo tan propensos a dudar. Lo malo es que puede pasar.

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