sábado 21.09.2019

Ciclotimia electoral

Ha bastado que se produjera la sorpresa del triunfo de la moción de censura presentada por Pedro Sánchez en contra de la opinión mayoritaria de los principales analistas políticos para que, de repente, parezca haberse producido el milagro de una transformación radical del clima social. La retirada de mariano Rajoy de la primera línea, tanto en el gobierno como en el Partido Popular, ha supuesto una mudanza espectacular, fulgurante, en el comportamiento de los agentes políticos, económicos…y , sobre todo, de los medios de comunicación. Virajes clamorosos que demuestran que, si la influencia de esos poderes es real, en una cierta medida, todavía es más determinante poseer la capacidad de escribir en el aburrido Boletín Oficial del Estado.

De golpe y porrazo, las encuestas encargadas por medios de comunicación, a derecha e izquierda, reflejan que los españoles han recuperado gran parte de su confianza histórica en el Partido Socialista. La depresión de los últimos años ha dado lugar a una euforia evidente en las filas de quienes no podían olvidar los años de esplendor perdidos. Esa mudanza de sentimientos está registrada como una perturbación a escala individual, pero es una incógnita en una supuesta psicología social.

Me atrevo a decir que es real el respiro de satisfacción y esperanza por un tiempo nuevo. Pero también me arriesgo a decir que el entusiasmo no debe empañar la verdad. Las cifras de las encuestas lo que dibujan es un mapa político en el que se ha consolidado la presencia de Ciudadanos, con una posible duplicación de sus escaños, la debilidad del PP que afronta ya su renovación, con un suelo electoral estimable, el desconcierto en Unidos Podemos a la hora de sacar  rédito a su apoyo a la moción de censura, y lo más relevante, la capacidad que ha demostrado el PSOE para conformar un equipo sólido y respetable en el Consejo de Gobierno, que no puede ocultar , sin embargo, las dificultades para llevar a cabo la integridad de su proyecto a causa de una minoría parlamentaria evidente.

Las encuestas no se equivocan. Fotografían un momento y marcan tendencias. Los políticos de altura que saben leerlas no las utilizan para autocomplacerse. Conocen de sobra que la temperatura es cambiante. Por eso se reservan el mejor momento para tirar el termómetro y abrir las urnas. En el entorno de Pedro Sánchez, atención, hay gente con buen ojo clínico para combatir tanto la depresión como la euforia. Pero hay que escucharlos en medio de la trompetería de la victoria.