Jueves 22.11.2018

Carta abierta a D. Francisco Franco

Como no nos conocemos personalmente, permita usted que no le llame “Francis” según su denominación más habitual en los medios de comunicación. Su abuelo quiso-y por tanto consiguió-que su primer nieto asumiera su apellido para perpetuar la estirpe. Así, usted hubo de prescindir del de su padre, el marqués de Villaverde, y cargar con el peso de un nombre y un apellido que ha dividido a los españoles durante décadas. 


Ahora, cuarenta y cuatro años después de la muerte de su abuelo, parece que el destino le reserva a usted la responsabilidad de contribuir a no agrandar un problema. Este país en el que todavía su familia ha podido mantener fortuna y honores les ha permitido también recomponer sus vidas sentimentales gracias al uso de una Ley de Divorcio que su abuelo jamás habría tolerado. Es solo un ejemplo de por qué usted debiera contribuir a no enconar más los ánimos y avenirse a la razón entendiendo que los restos de su abuelo incomodan en el Valle de los Caídos y preocupan en la hipótesis de ser trasladados junto al Palacio de Oriente.


Acabo de leer el Testamento de su abuelo y aparte de una solemne declaración de fe en la Iglesia Católica, en cuyo seno y con cuyas bendiciones murió, no aparece ninguna indicación sobre dónde deseara ser enterrado. En el Valle, sabe usted que es imposible. No sólo por la actual legislación sino porque estaba reservado a los Caídos en la guerra. Y su abuelo no se cuenta precisamente entre ellos. Parece que el empeño de sus descendientes es que sea inhumado en la Almudena. Seguramente tienen ustedes argumentos legales para abrir un interminable litigio. Permítame, sin embargo, que le diga que es una mala decisión. En esa cripta su abuelo yacería bajo una lápida en el suelo, mezclado su nombre con el del Marqués de Villaverde y el de su hija Carmen. Escaso relieve si lo que ustedes pretenden es enaltecer su memoria. Y, a cambio, la amenaza de incidentes, enfrentamientos…y tal vez agresiones a la tumba como acaba de ocurrir en el Valle. Cuando alguien escribió al fallecer su abuelo, “descanse en paz” difícilmente podría pensar en este escenario.


Comprendo que usted no sea sensible a los argumentos de quienes consideran que su abuelo hizo mucho daño y que no merece ser tratado como un héroe de la historia. Su condición de nieto y heredero no avalaría ese juicio negativo. Pero usted sabe que es así. En lugar de una resistencia numantina, aplique usted la estrategia que tan bien manejó su abuelo. Transija ante la evidencia. Su abuelo, cerca ya de la muerte, frenó un enfrentamiento con la Iglesia Católica que hubiera conllevado su excomunión. La Iglesia, don Francisco, está hoy incómoda con el tema. Para ser sinceros, les molesta que el dictador repose en la Catedral de Madrid. Sí, claro, la Iglesia le debe mucho a su abuelo, pero no crea usted que ha sobrevivido veinte siglos sin dejar víctimas en el camino.
Traslade usted los restos del abuelo a El Pardo. No habrá vencedores ni vencidos. Estará junto a su esposa y tendrá cerca a su fidelísimo Carrero. Usted, creo que cazó por esos parajes…Acepte esa oferta del gobierno, antes de que caiga en la cuenta de que El Pardo es un lugar tan simbólico y tan al alcance de excursionistas como la Almudena.


Un ministro actual le ha pedido que sea humilde, yo le invito a que sea práctico. A su abuelo le está juzgando ya la historia. Por mucho que se escriba sobre los cuarenta años que gobernó, la página más dolorosa, la más grabada a fuego en el recuerdo, será la del origen de una contienda que sembró dolor y odio entre españoles. ¿Se imagina usted que, al fin, los enemigos de su abuelo, pudieran agradecer a un Franco un gesto de buena voluntad?
Lea de nuevo su testamento. Aunque haya muchos que desconfíen de la verdad de esas palabras en las que pide perdón y da perdón, lo normal es que usted, su nieto, crea en la sinceridad de su sentimiento, mirando cara a cara la muerte. Actúe en consecuencia.