viernes 27/5/22

César Alierta debe dar la cara


La información que publica ESTRELLA DIGITAL sobre el presidente de Teléfonica, César Alierta, y su secretario general Técnico es tan sumamente grave que ni el uno ni el otro pueden estar más tiempo callados ni mirando hacia otro lado.

Es más, resulta del todo incomprensible que, mientras la propia Casa Real calificó las andanzas de Urdangarin, como “conducta poco ejemplar” la compañía decida mantenerlo en nómina contra viento y marea. Hace unas semanas Telefónica redujo el consejo de administración de su filial Telefónica Internacional y lejos de despedir al duque de Palma, como muchos esperaban, lo mantuvo en su puesto. Como poco resulta chocante.

Es en este punto donde conviene recordar que el juez que lleva el caso Palma Arena solicitó recientemente a Telefónica que informe de tres pagos por un total de 406.000 euros realizados por la empresa al Instituto Nóos entre 2006 y 2008. Le pide a la compañía que preside César Alierta,  "contratos, facturas y cualquier documentación que acredite el motivo de la prestación o servicio por el que se efectuaron dichos pagos". Según se publicó en prensa, los pagos por los que se interesa el juez son 106.720 euros que Telefónica abonó en 2006 a Nóos, 206.480 euros pagados en el ejercicio 2007 y 92.800 euros en 2008.  ¿Había alguna necesidad de pagar tanto dinero al mencionado instituto con todo lo que gana Urdangarin en la compañía? César Alierta le pagó al aristócrata consorte casi 1,4 millones de euros en 2010 como consejero de Telefónica Internacional, según figura en la última declaración de la renta del duque de Palma, información también publicada en diferentes medios. Aunque Teléfonica sea una empresa privada, Alierta debe explicar a sus accionistas, a los trabajadores y a sus clientes qué trabajo hace Urdangarin, qué responsabilidades tiene y cuáles son las funciones que desempeña y que valen la friolera de 230 millones de pesetas al año. Más de lo que gana el Rey.

Por lo que publicó recientemente El País, parece que utilizaba su despacho para sus cosillas y desde Barcelona, desde la mismísima sede de Telefónica, edificio Estel, planta 10 ejecutaba algunas de sus “operaciones”.

César Alierta tiene el deber y la obligación de explicar si existió o existe algún tipo de complicidad personal o institucional de la empresa en los negocios del duque de Palma. Mientras la plantilla de trabajadores pierde poder adquisitivo y sus puestos de trabajo cuelgan de un hilo, mientras muchos clientes se sienten estafados por las tarifas, César Alierta y Luis Abril, su hombre de confianza, callan.

Con su silencio y su conducta no hacen más que alimentar sospechas que se ven plasmadas en el viejo chiste del dentista y su paciente, quien agarrándole de semejante parte le dijo al odontólogo aquello de “¿no nos haremos daño, verdad doctor…?

Y así están. Paralizados y sin moverse, no vaya a ser que les haga pupita. 

César Alierta debe dar la cara
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