martes 12.11.2019

Valor lejos de casa

 Las guerras de América durante la última década han sido difíciles y a menudo frustrantes. Pero esta semana del 4 de Julio es buen momento para homenajear la notable capacidad de adaptarse y perseverar contra estas adversidades que posee el ejército estadounidense.

Tuve oportunidad de pasar algún tiempo recientemente con los soldados regulares estadounidenses destacados en Afganistán, y ello me recordó la resistencia de los efectivos norteamericanos, ejército de tierra en especial, que ha soportado la carga más pesada. La factura ha sido considerable, especialmente en términos de vidas perdidas y seriamente afectadas. A pesar de ello, pocas instituciones de la vida civil americana están en mejor forma que el ejército. Nuestros políticos y líderes del sector privado deberían de tomar nota.

Uno se reúne con oficiales y regulares alistados de forma voluntaria que están en su tercer, cuarto, hasta sexto destino. Llevan tiempo viviendo en el entorno más duro imaginable, combatiendo sobre un terreno inclemente y en el seno de una cultura a menudo hostil. Pero los soldados con los que me he ido reuniendo han aprendido y adaptado - y de hecho se han crecido ante los desafíos.

Permita que comparta algunas imágenes de mi visita a Afganistán la semana pasada que se me han quedado. Esto no pretende hacer patriotismo barato ni entablar un debate político relativo a la guerra, únicamente homenajear a los efectivos que han hecho lo que los líderes de su país les pidieron que hicieran.

En primer lugar, imagine el terreno candente del valle del río Baglán al norte. Sentado sobre una alfombra oriental en medio de un cobertizo de madera hay un efectivo de un equipo de las Fuerzas Especiales que ha sido descolgado a este paraje angosto para levantar una Policía Local afgana salida de las tribus próximas. Delgado y bronceado, con una barba rala, guarda un extraño parecido con Leonardo DiCaprio - lo que debe de asustar a cualquier afgano que llegue a ir al cine. (El ejército solicitó que no diera su nombre ni su rango para proteger su seguridad).

Por difícil que sea esta tarea, viendo a este efectivo sentado con su compañero afgano, se intuye que se siente afortunado de vivir esta versión radical de la vida militar.

Los efectivos de Operaciones Especiales son los combatientes más eficaces de América. Están por todo el país realizando las labores más desagradecidas. Los hay empotrados en las tribus. Otros forman parte de las fuerzas de combate "capturar vivo o muerto" que cada noche caen sobre los guerrilleros talibanes.

Viendo de primera mano el valor de estos efectivos, y lo poco que abundan, el ejército viene transformando la infantería regular en el equivalente a los Boinas Verdes. Es otra señal de la evolución de un ejército en tiempos rígido en una organización que aprende y cambia durante la última década.

Ahora imagine que se encuentra en Jost, en el extremo oriental de Afganistán, en lo profundo del bastión de la red Haqqani, la letal facción talibán responsable del atentado de la semana pasada contra el Hotel Inter-Continental de Kabul. Los soldados estadounidenses presentes allí, al igual que por todo el país, están repartidos por pequeñas bases y puestos avanzados para instruir a los afganos.

Intente imaginar estos pequeños Fort Apache actuales: hace un calor atroz; la comida es mala; el alcantarillado consiste a menudo en poco más que un agujero en el suelo. Como muestra de la batalla "tras el cordón", escuche al Sargento Mayor Stephen Light, de la Compañía 870 de la Policía Militar. Describe la forma en la que otros dos soldados y él combatieron junto a la policía afgana hasta abatir a cuatro suicidas talibanes el 22 de mayo. Es un relato heroico, pero contado en la voz monótona y falta de emotividad de soldados de todas partes. Lo intenso es la imagen de respeto mutuo cuando los ojos de Light se encuentran con los de los policías afganos que combaten junto a él.

Alrededor del 4 de Julio pensamos no sólo en los soldados sino también en sus familias. En esta visita, me reuní con varias mujeres militares que habían dejado hijos jóvenes por destinos de un año entero. Muchas madres tienen problemas para dejar a sus pequeños durante 24 horas. Pruebe 12 meses. Una mujer decía haber dejado de hacer llamadas con Skype a sus hijos de 4 y 5 años. Era demasiado duro.

La imagen final es la del Teniente General David Rodríguez, que en cuestión de días dejará de ser el mando en funciones tras dos destinos y 40 meses en Afganistán, más de tres años de este brutal conflicto. "General Rod", como lo llaman los soldados regulares, es un mando militar tan desinhibido y humilde como cualquier otro, y es apreciado por sus efectivos. Parece conocer cada distrito y valle de este país igual que si fuera su casa. Desconoce si la misión estadounidense tendrá éxito en Afganistán -- no lo sabe nadie -- pero está orgulloso de lo logrado aquí.

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