domingo 22/5/22

¿A qué ritmo salir de Afganistán?

El General John Allen insiste en que "no hay fisuras" entre el Presidente Obama y él a tenor de la política de repliegue continuado de efectivos regulares de Afganistán el año que viene. Eso puede ser cierto a nivel técnico, pero se está cociendo una batalla política a cuenta del futuro ritmo de la retirada del personal militar estadounidense destacado aquí.

Allen, máximo responsable militar de las fuerzas estadounidenses en Afganistán, afirma que la Casa Blanca no le ha dado ningún calendario de retiradas adicionales tras septiembre de 2012. Es entonces cuando el último de los 30.000 efectivos del "incremento" destacado por Obama se habrá marchado, dejando a unos 68.000 soldados estadounidenses regulares.

"Nadie me ha comunicado que a finales de septiembre tenga que haber cumplido una cota" de retiradas adicionales hasta 2013, decía Allen durante una entrevista llevada a cabo aquí el martes. Dice que la política del presidente, según la interpreta él, se dirige a "un repliegue sustentado en la estrategia" movido en función de la situación sobre el terreno más que siguiendo un calendario preestablecido.

Sí, pero en eso consiste justamente el debate.

Según funcionarios del Pentágono, Allen sería partidario de mantener a la mayoría de los 68.000 efectivos destacados hasta finales de 2013, de forma que Estados Unidos tenga "dos campañas de hostilidades" para reforzar la presencia militar afgana antes de cederle la responsabilidad completa en 2014. Pero el Vicepresidente Joe Biden y algunos funcionarios de la administración más tienen un compromiso de retiradas constantes y mantenidas en el tiempo hasta la campaña electoral del año que viene. Allen me decía que "se puede producir un repliegue más rápido" si las condiciones militares lo permiten pero sin ningún "objetivo establecido". Hay quien discrepa en la Casa Blanca.

¿Le suena familiar esto? Es un calco de la crispación que acompañó a la decisión de Obama en diciembre de 2009 de destacar más efectivos pero empezar a replegarlos en julio de 2011, y el debate este año consiste en la velocidad a la que los 30.000 deben de licenciarse. Obama podría facilitar las cosas con dejar la decisión en manos de su responsable militar simplemente. Pero en el caso de Obama en Afganistán, nada es fácil.

Tras la cuestión de los repliegues de efectivos regulares hay algunos cambios interesantes pero desapercibidos que ha realizado Allen a la estrategia de Afganistán desde convertirse en el responsable militar en julio, sucediendo al General David Petraeus. Básicamente, Allen quiere acelerar la transferencia de la soberanía a las tropas afganas en algunas regiones clave, prefiriendo correr estos riesgos cuanto antes, mientras Estados Unidos tiene más efectivos disponibles para realizar labores de refuerzo.

Los ajustes de Allen están relacionados con el calendario de transición: él acorta este proceso y lo condensa. En la fase más reciente, anunciada el mes pasado, incluía los municipios antes inestables de las provincias de Ghazni y Wardak; la fase siguiente, en primavera de 2012, podría incluir las volátiles provincias en la frontera paquistaní de Nuristán y Kunar, así como las provincias de Helmand y Kandahar, los dos escenarios clave de hostilidades en el sur. A mediados de 2013, se podría transferir el control de las provincias de Paktia, Paktika y Jost, tres avisperos en la provincia oriental conocidos como "P2K".

"Nadie sabe lo que pasará cuando las tropas afganas se hagan cargo", explica un militar estadounidense. "Lo deseable es que haya tropas suficientes para dar refuerzo a la credibilidad de los afganos, para que no pierdan la confianza". Una razón de que sea posible este incremento del ritmo, dice, es que la seguridad ha mejorado este año en el sur de Afganistán, donde otro militar afirma los atentados han descendido un 8% en comparación con el año anterior. Esto permite desplazar al este a un número mayor de efectivos estadounidenses, donde el combate es más encarnizado.

En un encuentro celebrado el miércoles en Kandahar, oficiales norteamericanos describían que vieron más seguridad en las provincias al sur de Oruzgán, Zabul y Kandahar, y una mejor actuación de los efectivos afganos. Tales informes optimistas han demostrado ser prematuros en ocasiones. Pero el General Ray Odierno, jefe del estado mayor, decía tras el encuentro: "Mi conclusión es que el ejército y la policía afganos están haciendo progresos, y en algunas regiones están empezando a llevar la voz cantante".

¿Qué hay de los talibanes? Parecen haber sufrido un 2011 duro, pero los partes de Inteligencia dicen que están haciendo planes para hacerse con el control de algunas provincias a partir de 2014, con la expectativa de que las fuerzas afganas no van a ser lo bastante fuertes para detenerles.

Una bendición para los talibanes es que la administración pública está cogida con alfileres en la mayor parte de regiones de Afganistán. Ese es el eslabón más débil de la estrategia norteamericana, y un problema que ni los optimistas contestan.

"A medida que el General Allen avance, necesitará mayor flexibilidad para implantar su estrategia", aduce Odierno. Pero seguirá quedando en manos de Obama apoyar un repliegue flexible "sustentado por la estrategia" u optar por un calendario más rápido, con su atractivo político de cara a una América cansada del conflicto.

Mi intuición me dice que Obama debería de escuchar a sus mandos militares destacados, sobre todo cuando parece estar acelerando el proceso que permitirá el repliegue de la mayoría de los efectivos militares norteamericanos hacia 2014.


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