jueves 2/12/21

España gélida

La expresión "aquí yace media España; murió de la otra media" generó una confusión que aún sigue viva: existe más de una España. Antonio Machado, el hermano menor de Manuel, arrebatado sin duda por la fuerza de Larra y de sus propios prejuicios escribió:

"Españolito que vienes

Al mundo, te guarde Dios.

Una de las dos Españas

Ha de helarte el corazón".

Y eso que este poema tiene su parte de razón. Poco después los españoles jugaron a masacrarse los unos a los otros. ¿En nombre de dos Españas? Lo dudo. En la Guerra Civil los españolitos se mataban los unos a los otros mientras unos cuantos jefazos defendían sus propios intereses disfrazados de ideas absolutistas. Y cuesta creer que éstas tuvieran el peso suficiente para representar siquiera a una mínima porción de España.

España es una. Y en su inmensidad, a menudo sobrecogedoramente brillante -por lo menos en el pasado-, caben tantas españas como individuos. Defendía Madariaga que el español es anárquico; por eso España siempre se caracteriza por un individualismo egoísta incompatible con la idea de unidad. Son las infinitas manifestaciones de esa España única las que nos hielan el corazón, nos queman, nos cabrean, nos joden, nos machacan a poco que tengamos interés en nuestro porvenir común.

Pruebas las hay a montones. El pasado miércoles, la Generalitat repitió el exabrupto de Pujol de obligar por ley a doblar al catalán la mitad de las películas extranjeras. José Montilla y sus secuaces toman tan estrambótica medida cuando el cine vive una crisis sin precedentes. ¿En serio creen que dicha medida va a beneficiar a alguien, catalanes -¿súbditos o ciudadanos?- incluidos? Sólo la fuerte voluntad de diferenciación, de inventar y construir hechos diferenciales para crear otra España distinta provocan estas medidas que recuerdan más al nacionalsocialismo de Hitler que a las reivindicaciones de los pueblos oprimidos. Así, Montilla, como Pujol, quiere crear su propia España para dejar de pertenecer a la de siempre.

En el País Vasco asistimos a algo parecido. El PNV -cuya denominación en castellano es más española, en cuanto dice vasco y no Euskadi, que la del PSE- se niega a aceptar el resultado de las urnas que, no obstante, le dan la razón, porque Ibarretxe ganó las elecciones autonómicas. Pero nuestro sistema electoral es este y, cuando lo ideal sería que gobernasen mayorías simples, aquí se acepta unánimemente que gobiernen las minorías cuando no existen mayorías absolutas. ¿Muchas Españas o la inconsistencia de una sola?

Estamos tan perdidos que la cuestión educativa alcanza honores de locura nada transitoria. En cada Comunidad se exigen requisitos diferentes para alcanzar la condición de profesor en un centro privado. En Madrid, por ejemplo, un licenciado en periodismo no puede dar clases de lengua porque, según aducen los inspectores, ninguna de las asignaturas cursadas tiene el nombre concreto de "Lengua". Da igual que se haya estudiado "gramática", "estructura del lenguaje" o "redacción". Para estos inspectores, que tampoco saben leer la orden ministerial del 95 que regula todo esto, lo importante es que los nombres de las asignaturas universitarias coincidan plenamente con las que se dan en el cole. Sin embargo, si un licenciado en Ciencias Exactas oposita a una plaza de profesor de lengua en un instituto público y suspende, por el mero hecho de haberse presentado tendrá derecho a dar clases de lengua. Una sola España con infinitos defectos repetidos en los mil y pico distritos caciquiles.

España es un caso... que se puede subdividir en mil fragmentos. Pero dudo mucho que esto signifique que exista más de una España. ¡Si la que tenemos sobrevive a duras penas! ¡Como para tener dos, no te fastidia!

Cuando Larra escribió lo de que media España había muerto de la otra media quería decir que España estaba medio muerta por su propia culpa. Nada de dos Españas. Una, a medias, y agonizante. Lo trágico es que, con las lindezas y matices propios de nuestro ordenamiento autonómico, hemos ido a peor. Ahora yace casi toda España, murió de ella misma, quizás la peor de las enfermedades.

Tan mal están las cosas que pocas alternativas nos quedan a los españolitos: intentar olvidar dónde vivimos, refugiarse en la familia o en los amigos, apartarse del mundanal ruido...

O emigrar. ¡España hiela menos desde la distancia! ¡Bendito exilio voluntario donde nacen nostalgias y reverdece el marchito amor por la patria!

P.S.: "La transformación de los sistemas políticos no depende de los cambios exteriores, sino del estado social: un pueblo culto es un pueblo libre; un pueblo salvaje es un pueblo esclavo, y un pueblo instruido a la ligera, a paso de carga, es un pueblo ingobernable".

Ángel Ganivet. [email protected]

Comentarios