viernes 13.12.2019

Los riesgos de la dilación

No era Europa lo que relajó la atención en la larga sesión del Congreso sobre la presidencia rotatoria española de la UE, sino el escepticismo de los grupos de la oposición ante el balance de satisfacción que quería transmitir el presidente. Zapatero aseguraba que “el prestigio de España está a salvo” -tras este periodo-, mientras el principal grupo de la oposición tachaba de “mediocre” y “deslucido” nuestro paso por la presidencia del Consejo de la Unión.

Rajoy llegó a pedir a Zapatero que “no mienta en esta Cámara”, al exponer que las medidas contra el déficit y la reforma laboral fueron urgidas a nuestro país en sendas reuniones del Eurogrupo y del Ecofin, los pasados días 7 y 9 de este mes. “Fue anunciando que escribiría el guión y se lo han escrito a usted”, remachó. El ataque continuó con los demás grupos, para quienes, desde las expectativas creadas, el balance oscila entre el “rotundo fracaso” de CiU, a un simple “pobre” y “agridulce” del PNV. También los pequeños replicaron las valoraciones de Zapatero ante la “constelación planetaria” a ambos lados del atlántico prevista por el Gobierno y la ausencia final de Obama en la cumbre UE-EEUU.

Cuatro horas y media de debate dieron para la reiteración, la frase improvisada y los silencios. Zapatero esgrimió las medidas contra la crisis, el pacto de cielos abiertos entre la UE y EEUU, las perspectivas ante el área mediterránea, su papel en Cuba y las gestiones en Israel, entre otras, pero pareció regodearse en una exposición lenta, quizás premeditada, en una táctica de victoria por extenuación del adversario. A Rajoy le terminó endosando un “usted no se moja” por las críticas a las medidas adoptadas, lo que le devolvió el entusiasmo final de los suyos, con aplausos puestos en pie.

Pero eso era al final. Durante la sesión, sus señorías alternaron la conversación informal entre escaños con la atención a sus móviles, y Zapatero no se cansó. Fue didáctico con la izquierda; buscó en vano la comprensión de Llamazares, Ridao y Herrera, quienes le reprochaban una y otra vez la reforma laboral. “Son reformas en las que creo y son necesarias” -decía-, por que “no podemos huir de la realidad de las cuentas públicas”. “Yo he llevado una política que ha originado un 11,5 por ciento de déficit público (…) y eso tiene un límite. No se puede seguir: es insostenible”, les rogaba.

Iba ganando tiempo mientras atribuyó al PP la obsesión por desacreditar al Ejecutivo y su falta de propuestas, que remató Alonso (PSOE) asegurando que “España no es inferior a nadie, por más que ustedes se empeñen”. Aunque la táctica tuvo sus apuros: Zapatero atribuyó una afirmación a Rajoy que éste le desmintió. “No sé, no sé -decía después el presidente-, pero no sería de extrañar”.

Más chocante resultó su intercambio con Duran i Lleida, al explicarle al dirigente catalán, con la misma conmiseración que empleó para las razones de la reforma laboral, el aplazamiento de la cumbre Euromediterránea, prevista para el 7 de junio en Barcelona, por el ataque de la flotilla en Israel.   Dijo que era mejor no celebrar una iniciativa a que ésta fracasase, y esbozó entonces un gesto de responsabilidad, reiterando la conmoción  en la zona por el asalto a la flotilla. Duran i Lleida le contestaba después que la anulación de la cumbre se había decidido diez días antes del conflicto en Israel, pero Zapatero no replicó. Son los riesgos de la dilación.

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