sábado 15/5/21

Quo Vadis Franciscus?

¿A dónde va el Papa?  Muchos se lo preguntan. Entre ellos puede que no estén aquellos que siempre aplauden al Papa de turno. Es como los que ensalzaron sucesivamente a Francisco Franco, Adolfo Suárez y Felipe González. ¡Cómo pudieron hacerlo sin pestañear! Los que en la Iglesia reflexionan sobre su devenir están divididos entre los tradicionalistas e inmovilistas y los que quieren adaptar la Iglesia a los tiempos de ahora. ¡Pero según dónde! Su gran reformador contemporáneo, Juan XXIII, convocó en 1959 el Concilio Vaticano II que revolucionó una Iglesia muy rancia. Tres años de discusiones la modernizaron pero bajo la batuta de los Papas posteriores volvió a ser un baluarte conservador, especialmente con Juan Pablo II y Benedicto XVI.

Francisco optó por centrarse inicialmente en las cuestiones de familia. El catolicismo debiera abrirse a las relaciones de pareja y de familia contemporáneas si no quiere desvincularse más aún de su entorno social y seguir depauperándose gradualmente hasta acabar siendo irrelevante (no sería la primera religión a la que le pasara eso y otras con más milenios ya desaparecieron por inadaptación a la evolución de las sociedades). Pero no piensan igual sobre estas cuestiones en todos los continentes.

Queda la incógnita de hacia dónde se dirigirá Francisco y cómo y cuándo lo hará

Estos aspectos de familia fueron objeto de dos Sínodos en Roma. Uno el año pasado y otro este mes de octubre. En este último los modernistas han sido derrotados por los apegados a la literalidad de la letra doctrinal, como los fariseos en tiempos de Jesus, en una reunión con conspiraciones y maniobreos denunciados por el propio Papa. Nada nuevo.

En juego estaba la actitud de la Iglesia hacia los homosexuales, las parejas de hecho o los católicos divorciados y vueltos a casar sin estar anulados. Esto último constituye una piedra de toque esencial para juzgar una renovación de la Iglesia ya que desde la perspectiva católica actual al ser indisoluble el matrimonio religioso son adúlteros que viven en pecado y que no pueden comulgar salvo que no practiquen el sexo con la nueva pareja (!). Otros temas como la anulación "exprés" y una actitud más misericordiosa con quienes han practicado el aborto enfrentaron a los conservadores atrincherados en la doctrina con los modernistas que aspiran a prácticas más flexibles.

No siendo la Iglesia una democracia el documento final del Sínodo se elevó al Papa que redactará la posición definitiva. Queda, pues, la incógnita de hacia dónde se dirigirá Francisco y cómo y cuándo lo hará. Deberá considerar el informe final del Sínodo sin descartar posturas minoritarias, sin duda, pero la mayoritaria fue la conservadora. ¿A quién atenderá? Se dice que el informe abre la puerta de la consideración caso por caso a los divorciados vueltos a casar pero ésta ya la abrió Juan Pablo II. Estancamiento. Pide, asimismo, acompañar a las familias con homosexuales. ¿Serán una desgracia? Veremos, pues, más adelante si Francisco es capaz de encarrilar a sus ovejas por las autopistas del siglo XXI o si seguirán por los caminos empedrados del pasado.

Francisco debería enfrentarse también a otros temas de necesaria actualización como el matrimonio de los sacerdotes y el que las mujeres puedan ser ordenadas como entre los protestantes que respetan la igualdad de género. Si no consigue modernizar su Iglesia quizás se vea abocado a seguir los pasos de Benedicto XVI.

El fundamentalismo islámico y “la idolatría occidental a la libertad” representan una amenaza tan enorme como el nazismo y el comunismo 

Asimismo Francisco parece favorecer una descentralización eclesial dando más competencias a las Conferencias Episcopales nacionales. Sería una forma de solventar las contradicciones que sufre la Iglesia en estas materias de familia en todo el planeta porque las idiosincrasias de las diversas sociedades en el mundo son diferentes. ¿Una Iglesia de geometría variable, más flexible en el mundo desarrollado?

En América Latina los protestantes se comen al catolicismo al saber adaptarse mejor a las costumbres locales. Sobre todo donde predominan las poblaciones originarias a las que Francisco pidió recientemente perdón por los pecados de la Iglesia cuando la conquista de América. En África, ahora un 16% del catolicismo, es impensable la aceptación de la homosexualidad o considerar la acogida de los divorciados vueltos a casar. Sus problemas son mucho más elementales. El Cardenal africano Sarah declaró antes del Sínodo que tanto el fundamentalismo islámico como “la idolatría occidental a la libertad” representan una amenaza tan enorme como el nazismo y el comunismo (!). Una visión liberal equivaldría a un eurocentrismo del que los africanos católicos quisieran descolonizarse.

Dado el profundo conservadurismo de la Jerarquía eclesiástica en España los progresistas saldrían perdiendo con esta descentralización que, además, podría fomentar por el planeta segregaciones regionales como en el pasado las de los anglicanos y otros protestantes, atentando aún más a la universalidad de la Iglesia.

Mientras se lían con estas cosas la mayor presencia del Islam en Europa constituye un acicate bienvenido para la Iglesia que siempre se ha erguido ante esta competencia.

Carlos Miranda

Embajador de España

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