jueves 20.02.2020

Gol de chiripa

Un gol es un gol, aunque sea de chiripa. Mientras el árbitro lo de por bueno, un gol es un gol. Puede que no haya entrado del todo el balón; puede que haya entrado con la mano del atacante; puede que el balón fuese desviado involuntariamente por un defensor o por el propio árbitro. Si dan el gol, éste sube al marcador.

Puede que sea eso mismo lo que le haya pasado a Soraya Sáenz de Santamaría con su recurso al Tribunal Constitucional en el que se empeñó a pesar del criterio contrario del Consejo de Estado. ¿Cómo puede prosperar un recurso sobre actos futuros e hipotéticos en contra de la jurisprudencia del propio TC? Sin embargo, Sáenz de Santamaría se empeñó. “Nunca se sabe”, debió de pensar de lo desesperada que estaba ante la sinrazón de la Mesa del “Parlament”, dispuesta a facilitar una investidura no presencial de Puigdemont.

Ajustó sus gafas y disparó un balón-recurso predestinado a estrellarse en la barrera de jugadores-letrados o a ser parado por un portero-Juez. Pero apareció, afortunadamente, la chiripa porque el balón-recurso rebotó inesperadamente en algún árbitro-Juez que desvió al fondo de la red un tiro que iba a cualquier lado salvo a la portería.

Afortunadamente, porque si solamente no se admitiese a trámite el recurso, sería una victoria para Puigdemont y sus separatistas. Inesperadamente, porque nada indica que Santamaría buscase las medidas cautelares que establecieron, sensatamente, los Magistrados del Constitucional. Napoleón siempre preguntaba antes de ascender a un oficial “si tenía suerte”. 

Lo que pasa con la suerte es que no hay que abusar de ella. La lotería toca, si acaso, una vez y, además, como le decía Dios a la beata que le pedía que le agraciara con ella, hay que comprar antes el boleto. Con su instinto Santamaría ha provocado unas medidas cautelares que han dejado claro que Puigdemont solo puede ser investido “President” presencialmente y con autorización previa del Juez por estar fugado, lo que implica que antes debe entregarse a la Justicia.

No debe ya buscarle Zoido en los maleteros de todos los coches. No tenga duda el Ministro del Interior que “PuigdeBond” hubiese aparecido sorpresivamente en el hemiciclo catalán como una urna cualquiera. 

Si Puigdemont presenta la autorización del Juez Llarena, podrá entrar tranquilamente en el “Parlament” y hasta ser investido. Si, en cambio, entra sin la misma y la Mesa del Parlamento catalán autoriza su investidura, serán sus miembros, incluido su Presidente, Torrent, perseguidos penalmente por la Justicia además de invalidarse la investidura. Con las medidas cautelares, que acabarán siendo firmes cualquiera que sea el fallo final del TC a este recurso, Santamaría ha empatado en campo contrario y por ello su gol vale por dos.

Sin embargo, nada de lo anterior obvia lo obvio. Y es que Mariano Rajoy tiene la obligación, por ser el Presidente del Gobierno, de reconducir la cuestión catalana al terreno político. Incluso los que hasta ahora le votaban lo piensan y si no lo hace, igual respaldan a Rivera la próxima vez. 

La sensatez también debe retornar a los separatistas porque su deslealtad a la Constitución y a su espíritu (autonomías, pero no independencias) es la culpable de una crisis que no beneficia a nadie pero aún menos a una Cataluña ya dividida y cuya prosperidad empieza a esfumarse.

No debieran los independentistas provocar la salida de la SEAT y la llegada de Tabarnia que, en tal caso, garantizaría el mantenimiento de la fábrica de automóviles y la mejora económica en sus comarcas de Barcelona y Tarragona.

Carlos Miranda es Embajador de España

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