domingo 20/9/20

España necesita protagonismo internacional

España está de enhorabuena al ingresar en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas como miembro no permanente para el bienio 2015/2016, aunque no sea la primera vez. Es el órgano más importante de la ONU. Sus Resoluciones pueden ser de obligado cumplimiento, incluso por la fuerza. Lo componen quince países. Cinco permanentes y diez no permanentes que se turnan. Al "Grupo Occidental y Otros", al que pertenecemos España, Nueva Zelanda y Turquía, le corresponden dos sillones para los cuales estos tres países presentaron su candidatura en la elección por la Asamblea General. Estas campañas electorales son auténticos maratones. La candidatura española fue presentada en 2005, gobernando Rodriguez Zapatero. La entidad de cada país, la calidad de sus relaciones internacionales, su contribución al desarrollo internacional y a la seguridad mundial son argumentos importantes.

El gobierno actual español hizo gala de muchos activos acumulados durante la gobernanza socialista, como las contribuciones al desarrollo, drásticamente reducidas ahora, que llegaron entonces al 0,45% del PIB, en busca del ideal del 0,70%, y la propuesta española de la Alianza de Civilizaciones, adoptada por NNUU, que fue denostada por el PP. Está bien que este gobierno asuma ahora los aciertos socialistas, pero cuando se rectifica lo elegante es reconocerlo y este gobierno no es elegante. No sorprende visto su sectarismo en Exteriores nada más tomar posesión Margallo, asimismo ministro para Cataluña… (Margallo dice que él reformaría la Constitución siempre que lo permita Rajoy. ¡Así, cualquiera!).

Margallo, ya ministro, vilipendió a su ante predecesor, Moratinos, y luego, sin sonrojarse, le pidió ayuda para ingresar en el Consejo de Seguridad, amor pasajero que fue correspondido. Criticó su política gibraltareña por facultar una mesa trilateral de diálogo (España, Reino Unido y Gibraltar) donde resolver problemas de convivencia local sin dañar la reclamación bilateral frente al Reino Unido. Nada más llegar al gobierno Margallo tiró por la borda un trabajo de años, con dificultades y éxitos, afirmando fanfarronamente que sustituiría enseguida esa mesa por otra alumbrando, entretanto, más conflictividad.

Un ministro de Exteriores debe apostar por el diálogo y la negociación, con firmeza, pero no por rupturas imprudentes. Hizo de Lobo Feroz soplando abajo una casa que ahora, parece, va a reconstruir igual, añadiendo estancias. El nuevo foro por venir, según “El País”, sigue sentando a la colonia británica junto a dos Estados, España y el Reino Unido, que era lo que ferozmente criticaba Margallo, junto a autoridades locales andaluzas, la Junta de Andalucía o la Unión Europea, lo que era factible antes en comisiones ad hoc. Mucho viaje a trompicones para estas alforjas tras casi tres años de greña donde, precisamente, se desenvuelve a gusto el agresivo Picardo, ministro principal del Peñón.

La política exterior es una empresa de larga distancia en la que conviene reflejar una continuidad. Es lo que le da fuerza. Serían buenas ahora dos cosas. La primera es que este gobierno reconozca el buen hacer en política exterior de los gobiernos socialistas. Ahora que está en el poder es la mejor manera de empezar a construir un consenso a futuros que no sea sólo sobre asuntos puntuales. Un verdadero consenso en política exterior, no uno de pacotilla. Al respecto, la oposición deberá cuidar que no le metan cualquier gato por liebre con el soniquete del consenso porque se requiere negociación y resultado compartido.

Es, asimismo, imprescindible que España recupere protagonismo internacional, con más motivo estando en el Consejo de Seguridad, implicándose decidida, y no remolonamente, en las problemáticas internacionales importantes. Especialmente en lo que afecta al desarrollo de países menos favorecidos, ébola incluido, así como en las cuestiones de seguridad internacional como, entre otras, la lucha contra el Estado Islámico y la inseguridad en la Europa fronteriza con Rusia que afecta a nuestros socios europeos y aliados, perturbando el orden pacífico aceptado en Europa tras la Guerra Fría.

Estas cuestiones, como nuestra presencia militar en otros escenarios internacionales, son temas “político-estratégicos”, es decir, de política exterior añadiendo el instrumento militar. Afectan a Exteriores y, también, a Defensa. Pero Margallo no alcanza a entenderlo, como se comprobó  en el pleno del Congreso que aprobó el envío de militares a Irak: no abrió la boca. Solo lo hizo su colega de Defensa que no supo contestar las preguntas sobre control político y militar de la coalición contra el Estado Islámico. Igual Margallo tampoco. Sin transparencia es difícil obtener el apoyo de la opinión pública.

Cuando la votación en la ONU, se distribuyeron en la sala diversos regalos a todas las Delegaciones. Todos para engordar. Bombones por Nueva Zelanda, chocolate por Turquía y almendras garrapiñadas por España que añadió una billetera, útil para quienes la engorden legítima o ilegítimamente. En estos tiempos sería mejor que en la ONU prevaleciera más austeridad en lugar de una amabilidad cursi que facilita suponer otras maneras más caras y opacas de obtener votos.

Carlos Miranda

Embajador de España

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