jueves 20.02.2020

Contradicciones curiales

El Papa hace estragos. Su palabra entusiasma. A los desheredados, a los ecologistas y a los progres. Incluso a los conservadores por su rechazo al aborto, aunque les inquiete que durante el Año Santo facilite el perdón a quienes lo hayan realizado. Ayuda su austeridad y naturalidad. Al rehusar los aposentos papales rechazó la ostentación y el aislamiento.

Su modernidad le llevó a aceptar la teoría científica del “Big Bang”, origen del universo. La creación divina del mundo en siete días mantiene su simbolismo sin ser expresión literal de la realidad. Los "creacionistas" quedan desbancados. Solo permanece el pequeño detalle de si Dios es responsable del Big Bang, como piensa Francisco, o no, como afirma con sus ecuaciones científicas el cosmólogo Stephen Hawking.

Francisco ha rentabilizado su Iglesia en la Perla del Caribe, espiritualmente disminuida por el castrismo pero políticamente importante, para mediar con éxito el acercamiento entre Cuba y los EEUU. La presencia mundial de la Iglesia le facilita un rol político internacional pero, ¿Tiene la Iglesia otra dimensión que la política? ¿No es la religión, como la política, esencia de convivencia,?

Francisco transmite al mundo su modo de pensar más como Jefe de Estado, calidad con la que se desplaza por el planeta, que como jefe espiritual de una religión que lleva tiempo perdiendo adeptos no sólo en Europa o los EEUU, sino también en otras partes del mundo, como en América Latina, frente a la competencia de diversas denominaciones espirituales o del descreimiento religioso vía el ateísmo, el agnosticismo o la desidia. Sin embargo interesa la opinión del Papa-Jefe de Estado acerca de cuestiones que nos afectan a todos aunque desposeída, para mayor difusión, de connotaciones religiosas que solo obligan a los suyos.

Desde una perspectiva progresista el discurso de Francisco suena bien porque es más liberal que el de sus dos predecesores, Juan Pablo II y Benedicto XVI. La Iglesia se reconvierte así, aparentemente, en aliada de aquellos que quieren un mundo más justo y más viable desde la sostenibilidad. Si el progresismo está más cerca de las clases humildes es lógico que una Iglesia que se reclame de los pobres sea cercana a quienes quieren cambiar el mundo con un credo reformista o, incluso, revolucionario.

Parecería que Francisco ha basculado hacia la izquierda si se le compara con el Bergoglio conservador, según dicen, que encabezaba la Iglesia argentina sin perjuicio de que conlleve dictaduras como las de Egipto o Siria, más respetuosas con los cristianos que el islamismo radical. ¿Quién puede tirarle una primera piedra al Jefe de Estado del Vaticano celoso de proteger sus intereses internacionales? En Cuba no se refirió a los disidentes en público filtrando luego que el castrismo impidió que le vieran en privado. En EEUU concedió una cita particular a una funcionaria homófoba condenada a cárcel por la justicia. Como cualquier político. En EEUU celebró la inmigración latinoamericana. ¡Solo faltaba! ¿Y la musulmana en Europa?

No sería acertado para el Papa ser aperturista en el mundo sin que cambie en ese mismo sentido la organización que encabeza. Si la Iglesia no se adecúa al entorno sociológico actual que se ha liberalizado en temas tan esenciales como el divorcio, el control de natalidad, el matrimonio homosexual o la igualdad de género, incluso la eutanasia, sin olvidar la lucha contra la pedofilia, la contradicción entre el mensaje externo y la realidad interna de la Iglesia será catastrófica. Los protestantes ya han abordado correctamente estas cuestiones permitiendo la ordenación de mujeres. Incluso tienen obispos homosexuales. En las iglesias protestantes y en la ortodoxa se admite el matrimonio de sus ministros. Un teólogo polaco del Vaticano acaba de confesar públicamente su homosexualidad y presentado a su novio catalán. Ha sido fulminantemente apartado de sus funciones por la Curia Vaticana al servicio del Papa.

Este mes de octubre está teniendo lugar un Sínodo sobre la familia tras el que comprobaremos si la Iglesia sintoniza suficientemente con la sociedad. Una piedra de toque, pero no la única, será la cuestión de la comunión de los divorciados no anulados y vueltos a casar civilmente. No están excomulgados pero no pueden comulgar. En estas materias de familia y sociedad el Papa se presenta como aperturista al tiempo que le salen clérigos respondones en su propia jerarquía eclesiástica, entre ellos Rouco, amo durante años de la Conferencia Episcopal Española, lo que evidencia que Francisco fue elegido por los Cardenales y no por el Espíritu Santo.    

En España es exigible una transformación profunda de la Iglesia española dotada de una jerarquía muy conservadora. Es imprescindible, asimismo, una relación moderna entre España y el Vaticano desechando un “Concordato” que no debiera interesar ni siquiera a la Iglesia si es cierto que ya no quiere privilegios. ¿Está Francisco dispuesto a todo ello? Obras son amores, y el tiempo no corre en balde.

Carlos Miranda

Embajador de España

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