domingo 23.02.2020

El doblete del Atleti

Han pasado 20 años desde que tuvo lugar uno de los mejores momentos para el fútbol madrileño. En la retina colectiva conservamos aquella imagen en la que, quien fuera el padre del hoy consejero delegado del club rojiblanco, nos dejó atónitos procesionando por las calles de la capital a lomos de su caballo Imperioso. Y al día siguiente en aquella calesa, encabezando una cabalgata lúdica y deportiva con un trono flanqueado por dos copas, festejando así un hito que pasó a los anales de la historia deportiva de nuestra ciudad. Dos décadas después, el Atleti quiere repetir de nuevo aquella gesta, aquel doblete, revalidando dos nuevos títulos.

Un primer título: la Copa de la Liga, que es ahora la copa que ligará Madrid, sellando una brecha en la fisonomía de la ciudad, abierta por el espacio vacío que va a dejar el Estadio Vicente Calderón en Arganzuela. Donde los puntos de sutura deben pasar por dar respuesta a las necesidades vecinales: una biblioteca, un centro de mayores, la ampliación del colegio Tomás Bretón y del instituto Gran Capitán, y por supuesto la consolidación del distrito con nuevas viviendas e infraestructuras de comunicación. Y en este punto me pregunto, ¿habrá tiempo de prórroga para el soterramiento de la M30 o llegaremos a la tanda de penaltis sin que haya variado el marcador? Es decir, que todo se quede igual… en un empate.

Y un segundo título: la Copa del Rey, cuya corona será el Estadio de la Peineta. Y es en este partido cuando el concejal delegado de urbanismo, increíblemente presionado y acorralado por los suyos, pablistas, errejonistas, anticapitalistas y demás –istas que componen el conglomerado de siglas de Ahora Madrid, da un patadón desviando la pelota hacia la Comunidad de Madrid. Y lo hace en un intento desesperado por diluir su responsabilidad y procurar una solución, ya que es a él a quien le corresponde decidir si los terrenos de La Peineta, que son municipales, de uso público y deportivo para los vecinos del distrito San Blas-Canillejas, y por ende para todos los vecinos de Madrid, los vende a una sociedad anónima deportiva: El Atlético de Madrid. Es decir, ir directamente en contra de lo defendido en el punto 2.2.4. de su programa-sugerencia electoral, que viene a expresar el freno a la venta de todo tipo de patrimonio público. ¡Tremenda decisión! (vamos, que puede esperarse una sonora pitada al palco por parte de sus fieles). Por eso y para evitar una revuelta, dice que es la Comunidad de Madrid la que debe tomar tamaña resolución.

Pues bien, señor delegado, es el Ayuntamiento quien debe hacerlo, quien debe presentar una propuesta solicitando el cambio de uso que propicie el cambio de titularidad, que finalmente, y si cumple con la ley, ratificará la Comunidad de Madrid. Que a buen seguro también le preguntará cómo piensa resolver el problema de los accesos al nuevo estadio mediante un estudio de infraestructuras que subsane el previsible colapso de un barrio y una M40 ante el aluvión de aficionados que se espera…

Sea como fuere y sin ánimo de marcarle, pero sí con la intención de que abandone la parálisis por el análisis en la que está inmerso el urbanismo de Madrid, le recuerdo el famoso tic-tac de su mentor, ya que el 31 de diciembre de 2016, si no se aprueba definitivamente la modificación puntual del plan general que convierte “lo público en privado” y que el equipo de gobierno mantiene paralizado, otro equipo, el Atlético de Madrid, podrá utilizar el Estadio de La Peineta en régimen de concesión por un plazo máximo de 75 años y exigir indemnizaciones por gastos de traslado, por las obras realizadas y por los pagos anticipados en especie. En total, unas indemnizaciones cercanas a los doscientos millones de euros que pagaremos todos los madrileños. ¡Eso sí que sería todo un gol en propia meta!

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