miércoles 11.12.2019

#EcuadorALevantarse

A veces un minuto puede cambiar el curso de la historia de un país y el de innumerables personas. En apenas 60 segundos la fuerza incontrolada de la naturaleza puede mostrar toda su crudeza, devastando literalmente superficies de varias decenas de kilómetros a la redonda,  y ocasionando cientos de víctimas mortales y millares de damnificados. Ecuador eleva a más de 550 los fallecidos en el terremoto que sacudió su costa, el pasado sábado, dejando más de 4.000 los heridos.

Las imágenes de la tragedia son terribles: casas e infraestructuras completamente destruidas cuyos escombros lo cubren prácticamente todo, sepultando personas ya sin vida cuyos cuerpos tratan de ser recuperados, y buscando contra reloj, algún posible superviviente entre las ruinas.

Resulta difícil llegar a imaginar qué se siente cuando todo el entorno empieza a vibrar y  a desmoronarse con una brusquedad aterradora, cuando ves que el suelo se abre, literalmente, bajo tus pies y comienza a engullir casas, coches… personas.

Así se resquebrajó la zona oeste de Ecuador, junto a la costa, principalmente en las localidades de Manta, Portoviejo y Pedernales, lugares que suman el mayor número de fallecidos.

Creo que lo más terrible debe ser la doble incertidumbre que provoca no saber cuánto tiempo durarán las sacudidas y, principalmente, saber si se encuentra a salvo nuestra familia.  

Una vez cesado el movimiento telúrico, llega la segunda fase del seísmo; el terremoto emocional. Ya no tiembla la tierra, pero sí lo hacen nuestro cuerpo y nuestra alma. Es el momento de tratar de reunir a la familia y de echarse a la calle a ofrecer las manos a todo aquel que lo necesite.  Es el momento de la cooperación y la solidaridad.  

España, una vez más, vuelve a volcarse con las víctimas de una tragedia. Y es que, sin duda, la solidaridad es un valor muy propio del pueblo español. Nuestro carácter empático unido a nuestro concepto de red familiar que hacemos extensivo a amigos y vecinos, nos lleva a volcarnos cuando alguien lo necesita; no importa si es dentro o fuera de nuestro país. No importa si se trata de un terremoto en Lorca, un accidente ferroviario en Compostela, un atentado terrorista,  un vertido en Doñana o frente a las costas gallegas… No importa si es un terremoto en Ecuador, un seísmo en Chile, un huracán en Estados Unidos, un atentado en Europa o en Oriente, un brote pandémico en África o en Asia… La española, es una sociedad comprometida con las causas más diversas.

Es innegable el carácter solidario de los españoles; según el último informe de la Plataforma de Voluntariado en España (PVE), en nuestro país hay 5 millones de voluntarios. El estudio revela que un 10 % de la población realiza acciones de voluntariado actualmente, mientras que un 8 % asegura que las hizo en otro momento de su vida.

Además de ese carácter comprometido de la población, en general,  hay otro grupo de españoles con un compromiso mucho más fuerte y permanente, se trata de los cooperantes y los misioneros.  Actualmente, unos 2.500 cooperantes y 13.000 misioneros trabajan en proyectos diseminados geográficamente por todo el planeta. Una labor perseverante y muy difícil, en ocasiones, que admiro profundamente, y que lleva cuidados,  progreso y esperanza a quienes más lo necesitan fuera de nuestras fronteras.

Cabe destacar, como dato curioso, que España es el país que más donaciones hace a las misiones, después de Estados Unidos, con una cifra en torno a los 18 millones de euros cada año.

En España existen unas 15.000 organizaciones solidarias. Las más numerosas son las que atienen a personas desde el punto de vista social, psicológico, educativo o sanitario.

El modelo español de ayuda y acción social se ha convertido en un referente para entidades de todo el mundo

El modelo español de ayuda y acción social se ha convertido en un referente para entidades de todo el mundo. Es el caso de Cáritas y el Banco de Alimentos, por ejemplo,  que canalizan ayudas públicas y privadas para atender a miles de personas diariamente. También destacan otros organismos de cooperación internacional nacidos en España como Manos Unidas o la Fundación Vicente Ferrer,  pero la lista es muy larga.

A través de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), se está prestando especial atención a  proyectos en Latinoamérica, norte de África, región occidental de África subsahariana y Oriente Próximo.

Ecuador afronta su primera semana tras el terremoto y ya ha comenzado a recibir los primeros equipos internacionales de rescate especializados en búsqueda de desaparecidos. El gobierno español ha mostrado su apoyo inmediato, enviando el pasado lunes 80 expertos y 120 equipos móviles. La Comunidad de Madrid, ha vuelto a dar ejemplo por su rápida capacidad de respuesta, enviando con urgencia, numerosos efectivos y recursos a Ecuador, a través de la ERICAM (Emergencia y Respuesta Inmediata de la Comunidad de Madrid).

Toda cooperación suma y es necesaria. Decía Alejandro Magno que de la conducta de cada uno, depende el destino de todos. Y créanme que así es. Con cada contribución solidaria se va tejiendo una estructura firme sobre la que pueden asentar las raíces de la recuperación los pueblos y las gentes, en aquellos momentos trágicos que así lo requieren. Ahora nos toca a todos arrimar el hombro y ofrecer ambas manos, nos toca ayudar a Ecuador a levantarse… (#EcuadorALevantarse)

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