jueves 02.07.2020

Pastillas para no recordar

¡Ay Señor, Señor! ¿Cuánto aún nos quedará por ver? Nada de todo lo que en la campaña electoral se dijo sirve ya a nadie. Bajo ese genérico paraguas que ellos llaman con un descaro infinito "responsabilidad", llueven chuzos de punta y el paraguas, que desgraciadamente no es impermeable, va empapando, y lo que es peor, desluciendo el traje de los mítines y las grandes promesas que se proclamaban con una solemnidad apocalíptica.

Ya vale todo y el único objetivo es echar al partido más votado que, por otra parte, bordea el ridículo abrumado por la corrupción y la inactividad más absoluta para situarse como simple espectador de este sainete. Rajoy promete en público llamar al PSOE hasta tres veces y aún estamos esperando. Rajoy no deja que su Gobierno se someta al control del Parlamento pero se ofrece para comparecer él y dar explicaciones europeas. De lo nuestro, insiste hasta el cansancio en un imposible: el gran pacto entre Génova y Ferraz. Lo más paradójico de todo esto -y lo más triste- es que el Señor Presidente del Gobierno y su partido o no pintan nada o parecen no pintar. Están ocupando provisionalmente sus sillones mientras otros tiran de calculadora y toman pastillas para no recordar.

Rajoy no deja que su Gobierno se someta al control del Parlamento

Este país es imposible hoy por hoy y si al final sale algo que no sean elecciones, lo seguirá siendo tras una más que problemática investidura. Por mucho que se empeñe Sánchez, Ciudadanos y Podemos son incompatibles. Es más, por muy en serio que se lo tome el secretario general del PSOE, su propio partido es -o debería ser- incompatible con Podemos del que ha dicho de todo, del que ha asegurado que jamás seria socio de nada y al que ha acusado de populismo barato. Ya no. Pero es que Podemos, hace unos días recordaba lo de la cal viva -en mala hora- y antes, desde el principio les había llamado Casta -y lo de "Casta" era lo más suave- y había maltratado al PSOE con las mil y una ocurrencias del ingenioso don Pablo Iglesias y Cía.

¿Y Ciudadanos? O Rivera es más cándido de lo que parece o vive en los mundos de Yupi. Sánchez ya les ha engañado tres veces y eso que aún no ha cantado el gallo. ¿Pero no era Ciudadanos la marca blanca del PP? ¿No quedamos en que Ribera era el partido del Ibex 35? ¿Qué demonios pretende Sánchez yendo de izquierda a derecha ebrio de deseos de poder y viendo de reojo los recados que le llegan de Andalucía?

Todo esto es un despropósito general aderezado además con muy sabrosos condimentos: hay que terminar con los indultos gubernamentales salvo para ese tal Andrés Bódalo, reencarnación de Miguel Hernández, mártir del trabajo caneador por vocación de ediles socialistas así como "destroyer" del puesto de helados de un buen hombre. Pero hay más: la generosidad de don Pablo Iglesias renunciando a ser vicepresidente, puesto para el que se auto propuso él solo, o manejando una extraña vara de medir principios. Porque Pablo Iglesias dijo, muy digno, que se opuso a un gobierno de Ciudadanos con el PSOE porque, "aunque suene raro en este país Podemos tiene principios y no vamos a votar contra nuestros principios". Pero inmediatamente pide a Albert Rivera que Ciudadanos no los tenga y deje, por responsabilidad claro, un pacto PSOE-Podemos. ¡Hombre! Vamos a admitir al menos que los demás también tengan principios. Ese es el error, tantas veces repetido, de Pablo Iglesias y de una cierta izquierda: la famosa -y falsa- superioridad moral de la que alardean desde hace siglos y que ya está más vista y más usada que el hilo negro.

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