Lunes 22.10.2018

La crisis de Màxim

No se ha hecho bien, ni rápido. Salvo que lo compares con anteriores ceses y dimisiones del Partido Popular, claro.

Pero esa no debería ser la vara de medir del resto de partidos, que luchan precisamente por diferenciarse de ese mal hacer. En comparación con lo que tardó Soria, Cifuentes o el propio Rajoy lo de Màxim ha sido visto y no visto, pero eso no justifica los errores cometidos.

Cuando a primera hora Sánchez aceptó las explicaciones de Huerta lo hizo porque efectivamente esas explicaciones se podían dar y tenían sentido. El error cometido fue grande, pero fruto de una situación muy concreta, en un momento muy determinado y solventado a tiempo -hace mucho- pagando lo correspondiente.

Si se toma esa decisión se debe mantener. Si las explicaciones resultan suficientes para el Presidente hasta el punto de pedirle al Ministro que recorra las radios ofreciendo ese mismo relato, no se entiende la dimisión por la tarde.

A Màxim le han hecho pasar por un sufrido proceso del todo innecesario si el resultado iba a ser el conocido. No te esfuerzas en explicar ese cambio de criterio de Hacienda, ni hablas de lo común que era la práctica si vas a dimitir por ello. O tiene explicación o no la tiene, pero darla y dimitir es gastar humanamente a quien no lo merece porque el pecado no se corresponde con la pena.

El cambio, por tanto, se debió a Sánchez. Huerta no se ha ido preso de sus actos, se ha marchado preso de las palabras del Presidente.

Es loable tal ejemplaridad en la política, salvo cuando se pervierte lo que se persigue. Si resulta que es lo mismo tener cuentas en Suiza no declaradas que declarar de forma distinta un gasto mal vamos. Si asimilamos el trato de favores, la malversación de dinero público o el robo con una tributación más ventajosa, fiscalizada por Hacienda y con su multa pagada, estamos pervirtiendo esa ejemplaridad que buscamos.

Pero es innegable que esa perversión ya está instalada. Ya lo estaba antes. Por eso es bueno que quien entre en política sepa que necesita cerca un buen equipo de comunicación (política) interna y externa, porque algo -seguro- habrá que explicar.

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