Domingo 16.12.2018

Abrir y cerrar

Es más difícil cerrar algunas cosas que abrirlas. Tanto es así, que en la mayoría de los casos no se deberían abrir si antes no se tiene claro cuál puede ser su final.

Claro, me dirán, que nunca se puede saber con exactitud cómo ni cuándo se pueden cerrar determinadas acciones y que no por ello debemos estar parados.

Cierto, pero en política -y ya entramos en materia- solo se puede ganar (o acertar) cuando  se piensa en el inicio de una acción, en su desarrollo y en su objetivo final.

Sacar a Franco del Valle de los Caídos es una decisión política. Como lo es la forma de anunciarlo, la forma de sacarlo, la forma de negociarlo y la forma de volver a enterrarlo. Este Gobierno, parece, se quedó sólo en la primera acción. Tal vez el caso merecía de tal premura, impacto y urgencia, pero ahora tocan las consecuencias.

Honores, un nuevo evento funerario, un lugar más céntrico, una nueva peregrinación y toda la exaltación franquista que hemos vivido estos meses hacen poner en cuestión el éxito de la primera propuesta. Si está mal que Franco esté donde está, imaginen lo que pienso del lugar donde parece que estará.

Y Torra -ahora entenderán la comparación, no se preocupen- está en algo parecido. Bueno, él y los anteriores como él.

Ir hacia el independentismo sin saber dónde está eso y obviar los caminos establecidos para ello provoca recorrer otros no trazados que, en círculos, pueden acabar llevándolo de vuelta más atrás de donde estaba inicialmente.

Si haces un ultimátum a un Gobierno tan débil como el de Sánchez, que depende en parte de ti, y lo pierdes, imagina dónde te deja.

Estamos a tiempo. Todavía no hemos cerrado mal lo que se abrió. Toca reconocer errores para poder corregirlos, antes de taparlos bajo una losa en pleno centro o acabar estrangulándonos con telas coloreadas con rojo y amarillo en diferentes formas.

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