miércoles 12/5/21

Estrella Digital

Don Juan Carlos supo hacerlo, Felipe VI también

Durante los 39 años de reinado de Don Juan Carlos, ha habido algunos claro oscuros. Sin embargo, ha pesado mucho más la parte positiva que la negativa.

Lamentablemente los supuestos casos de corrupción conocidos en los últimos años, por parte de algunos miembros cercanos a la Casa Real, han empañado una imagen que había sido impoluta. Pero nadie es perfecto. El Rey nunca imaginó que su yerno podría haberle puesto contra la espada y la pared. No con eso estoy diciendo que haya sido el detonante de la abdicación, pero sí ha influido de una manera relevante.

Fue gracias al monarca que pudimos pasar de una dictadura a una democracia

Creo que dar paso a las nuevas generaciones en un milenio, donde el tiempo va más rápido que el propio tiempo, es una opción muy sensata; mucho más si lo hace en la figura de una persona tan preparada como el Príncipe de Asturias.

Sin embargo no podemos olvidarnos de que, en el balance, ha habido más momentos positivos que negativos. El español tiene flaca memoria y parece que ya no nos acordamos que fue gracias al Monarca que pudimos pasar de una Dictadura ominosa y represiva a un régimen de libertades gracias a una transición modélica. Fue una transición sin derramamiento de sangre. Parece un tema menor pero no lo es.

El Rey pasará a la historia por varios aspectos pero sobre todo como un modelo político de realizar aquella transición que parecía imposible. Se trataba de un barco en la que iba un capitán, el Rey Don Juan Carlos, y un contramaestre, Adolfo Suárez.

Una transición sin derramamiento de sangre

Hay que saber adaptarse a los nuevos tiempos y dejar paso a la sangre fresca. Tampoco es el primer Monarca en Europa que abdica en la figura de su primogénito. Tanto Beatriz de Holanda como Alberto II de Bélgica ya lo hicieron hace dos años.

La pregunta ahora es si Felipe VI sabrá llevar este barco llamado España a un buen puerto. Todos sabemos que está muy preparado y que puede ser un gran Rey, pero la adversidad institucional, económica y política hacen que el camino por el que tendrá que transitar el futuro Rey sea muy complicado, máxime en una España muy polarizada como la que estamos viviendo en la actualidad.

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