jueves, julio 18, 2024
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Historias de mi vida liberal: sa meua llengo. El problema catalán en Mallorca

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Bernardo Rabassa
Bernardo Rabassa
Librepensador. Maestro Nacional. Licenciado y Doctor en Filosofía y Letras y Diplomado en Psicología Industrial por la Universidad Complutense de Madrid.

Debo decir que enraonu Catalá, parle Valenciá y xarre Mallorqui, a mes de Ivicenc, lo que me permite ver las diferencias entre las distintas lenguas nacidas del tronco común de la llengua d´Oc, el occitano que a su vez procede del retoromano o latín vulgar que se hablaba en el arco cisalpino(S.IV), desde Génova a la Marca hispánica, difundido por las conquistas del Rey de Aragón Jaime I, hijo de la Señora de Montpellier y de Pedro II muerto en la batalla de Muret,  contra Simón de Monfort, cruzado por el Papa y por San Luis de Francia contra los albigenses o cátaros, que habitaban el Rossellón y la Cerdanya.

Se basaban en la pobreza y los clérigos se llamaban “les bonnes hommes , les bonnes femmes) La situación amenazaba  la hegemonía, de la Iglesia romana y su amor por el lujo y la pompa y la venta de bulas y simonías, por lo que les declararon herejes. 

La Difusión de las Creencias Albigenses en la Marca Hispánica y el Papel de Jaime I de Aragón. La historia de la península ibérica en la Edad Media está marcada por la confluencia de diversas culturas, religiones y corrientes ideológicas. Entre ellas, la propagación de las creencias albigenses, o cátaras, destaca por su impacto en la región del Rossellón y la Cerdanya. Aqui  exploro cómo las conquistas del Rey Jaime I de Aragón, hijo de Pedro II y de María de Montpellier, influyeron en la expansión de estas creencias, y cómo la Iglesia Romana respondió ante la amenaza percibida a su hegemonía.

Jaime I de Aragón, conocido como «El Conquistador», fue una figura crucial en la expansión territorial del Reino de Aragón. Nacido en 1208, era hijo de Pedro II de Aragón y María de Montpellier. Su padre murió en la batalla de Muret en 1213, luchando contra las fuerzas de Simón de Montfort, quien lideraba la cruzada albigense auspiciada por el Papa Inocencio III y apoyada por el rey Luis VIII de Francia.

La cruzada albigense fue un conflicto religioso y militar dirigido por la Iglesia Católica Romana contra los cátaros, una secta cristiana que se extendió por el Languedoc y otras partes del sur de Francia y la Marca Hispánica. Los cátaros, también conocidos como albigenses, promovían una vida de pobreza y austeridad, en contraposición a la riqueza y pompa de la Iglesia Romana. Sus clérigos, conocidos como «les bonnes hommes» y «les bonnes femmes» (los buenos hombres y las buenas mujeres), predicaban una forma de cristianismo que rechazaba la autoridad y los dogmas de Roma.

La Respuesta de la Iglesia Católica. La Iglesia Romana, viendo en los cátaros una amenaza a su poder y su opulencia, los declaró herejes. La cruzada albigense, iniciada en 1209, fue una respuesta violenta para erradicar la herejía cátara. Simón de Montfort, un noble francés, lideró las fuerzas cruzadas con brutal eficiencia, logrando victorias significativas, incluida la decisiva batalla de Muret.

La Expansión de las Creencias Cátaras. A pesar de la represión, las ideas cátaras encontraron un terreno fértil en la Marca Hispánica, particularmente en las regiones del Rossellón y la Cerdanya. Estas áreas, cercanas al Languedoc, eran cultural y lingüísticamente similares, facilitando la difusión de las creencias albigenses.

Jaime I, al heredar el trono aragonés en 1213, se encontró con un reino en medio de la turbulencia causada por las guerras de religión y las ambiciones territoriales. Su reinado, que duró hasta 1276, estuvo marcado por una serie de campañas militares y conquistas que expandieron significativamente los dominios aragoneses.

Aunque no hay evidencia directa de que Jaime I apoyara activamente las creencias cátaras, su reinado coincidió con un periodo de relativa tolerancia religiosa en algunas partes de su reino. La influencia cátara se mantuvo viva en ciertas áreas, debido en parte a la resistencia de las poblaciones locales y a la distancia de la autoridad central de la Iglesia.

El legado de Jaime I incluye no solo sus conquistas territoriales, como la incorporación de Valencia y las Islas Baleares, sino también su habilidad para navegar las complejas dinámicas religiosas de su tiempo. Su reinado es un testimonio de la resiliencia de las creencias cátaras y de la continua lucha entre diferentes visiones del cristianismo en la Edad Media.

La historia de los cátaros en la Marca Hispánica y el papel de Jaime I de Aragón es un capítulo fascinante de la Edad Media europea. La lucha entre la pobreza austera de los albigenses y la opulencia de la Iglesia Romana refleja un conflicto más amplio sobre el poder, la espiritualidad y la autoridad religiosa. Jaime I, a través de sus conquistas y su reinado, dejó una huella indeleble en esta región, y su tiempo en el trono coincidió con una época de grandes cambios y desafíos tanto para la monarquía aragonesa como para la Iglesia Católica.

La Conquista  de la Isla de Mallorca fue lograda  por el rey Jaime I de  Aragón  entre 1229 y 1231. Madîna Mayûrqa (actual Palma  de  Mallorca)  cayó en diciembre del primer año y como resistió, todos los supervivientes fueron asesinados. La resistencia en las montañas duró tres años más.

La conquista de la isla de Mallorca, llevada a cabo por el rey Jaime I de Aragón entre 1229 y 1231, es un episodio crucial en la historia de la expansión cristiana en el Mediterráneo. Este evento no solo significó una importante victoria militar, sino que también marcó un hito en la consolidación del poder de la Corona de Aragón en la región.

A principios del siglo XIII, el Mediterráneo occidental estaba en un estado de constante conflicto entre las fuerzas cristianas y musulmanas. La isla de Mallorca, conocida entonces como Madîna Mayûrqa, era un bastión musulmán bajo el dominio del Califato Almohade. Su posición estratégica y su riqueza la convertían en un objetivo atractivo para la expansión cristiana. Jaime I, conocido como «El Conquistador», había heredado el trono de Aragón en 1213 y pronto demostró su ambición y capacidad militar. La conquista de Mallorca se presentó como una oportunidad para ampliar sus dominios y fortalecer su reino.

La expedición comenzó en septiembre de 1229, cuando Jaime I reunió una gran flota y un ejército compuesto por nobles aragoneses, catalanes y occitanos. La flota partió del puerto de Salou y, tras una travesía difícil, desembarcó en la costa de Santa Ponça, en el suroeste de Mallorca, el 10 de septiembre de 1229.La batalla inicial fue feroz. Los musulmanes, liderados por el walí Abu Yahya, opusieron una resistencia significativa, pero finalmente fueron derrotados en la batalla de Portopí. Tras esta victoria, las fuerzas de Jaime I avanzaron hacia Madîna Mayûrqa (la actual Palma de Mallorca).

El asedio de Madîna Mayûrqa fue prolongado y sangriento. La ciudad, bien fortificada, resistió ferozmente el ataque cristiano. Sin embargo, en diciembre de 1229, después de varios meses de intensos combates, la ciudad finalmente cayó ante las tropas de Jaime I. La brutalidad de la conquista fue evidente: todos los supervivientes musulmanes fueron asesinados, como represalia por la prolongada resistencia. A pesar de la caída de Madîna Mayûrqa, la resistencia musulmana en la isla no cesó inmediatamente. Grupos de musulmanes se refugiaron en las montañas de la Sierra de Tramontana y continuaron luchando durante tres años más. Esta resistencia prolongada obligó a Jaime I a mantener una presencia militar significativa en la isla y a llevar a cabo diversas campañas para pacificar completamente Mallorca.Finalmente, en 1232, la resistencia musulmana fue completamente sofocada. La isla quedó bajo el control de la Corona de Aragón, marcando el fin del dominio musulmán en Mallorca.

La conquista de Mallorca tuvo profundas repercusiones. Para la Corona de Aragón, significó una expansión territorial y una mayor influencia en el Mediterráneo occidental. La isla fue repoblada con cristianos provenientes de la península ibérica, lo que alteró significativamente su demografía y cultura. Además, la conquista de Mallorca sentó un precedente para futuras expediciones y conquistas, como la de Valencia en 1238. Jaime I consolidó su reputación como uno de los monarcas más destacados de su tiempo, y su legado perduró en la historia de Aragón y de España en general. La integración de Mallorca en la Corona de Aragón también facilitó el desarrollo económico y comercial de la isla, convirtiéndola en un importante centro de intercambio en el Mediterráneo.

La conquista de la isla de Mallorca por Jaime I de Aragón es un ejemplo claro de las complejidades y brutalidades de las campañas medievales. Fue un evento que no solo alteró la geopolítica de la región, sino que también tuvo un impacto duradero en la historia y cultura de la isla. Jaime I, con su ambición y determinación, logró consolidar su poder y expandir sus dominios, dejando una marca indeleble en la historia del Mediterráneo.

. En 1232 se producen el Repartiments y se asientan en los distintos pueblos de la Isla, los colectivos que vinieron con  el Rey Jaime y que hablaban, según de donde provinieran. Todavía, he oído hablar en Pollensa con el articulo neutro y me era muy fácil saber, si era mi interlocutor, felanitxer, d´Arta, o inquero o “panet” ,  todos salabamos, y esto para mí es de una riqueza singular, hasta que llego la Transición y se optó por la “normalización” del que se llamó desde entonces “catalá”. Lamento informarles, a sus miles de partidarios que esa denominación quiere decir “castellano” ¡Sorpresa!.

El Diccionari Catalá- Valenciá- Balear cuya publicación se terminó en 1963, consagraba esas diferencias,  preparada desde el año 1900 e iniciada en 1926, monumental  obra de Antoni Maria Alcover i Sureda, terminada por Francesc de Borja Moll,. Fui su alumno y amigo , por su gran relación con mi padre Gabriel Rabassa, reconstructor del Estudi General y de su hija Aina, que acabó en la Generalitat de Catalunya.

Coincide esta preocupación mía, con la lectura del Libro de Jesus Lainz “Desde Santurce a Bizancio”, basado en el poder dominador de la lengua desde el punto de vista político, (germanización, polonización, rusificación, magiarización además de vasconización o catalanización, etc.) son los instrumentos del poder usados en el Siglo XX y XXI en la ruptura del Imperio austriaco, en las dos guerras mundiales y en nuestra Transición, cambiándose los étimos, ya sea de los apellidos, de los nombres de personas , ciudades o pueblos, o de las localizaciones geográficas, siempre con el objetivo de asimilar a los dominados o de  liberarse de los dominadores. Parecería de chiste, si no fuera tan trágico, especialmente cuando los judíos, intentaban así, escapar de la quema.

Me asombró,  la marea de 50.000 personas en 2012, convocada por la Obra Cultural Balear, ante la política lingüística  de Bauza, que muy sensatamente pretendía, que la lengua mallorquina, no fuera requisito imprescindible para entrar en la Administración ni que tuviera que haber una inmersión lingüística que haga que nuestros nietos hablen muy bien el catalá, pero no sepan bien; inglés, castellano o alemán.

Mi abuelo, inquero de nacimiento, cuando fue, a la Academia de Artillería de Segovia, las pasó “canutas” por la rechiflas de sus camaradas, hasta que, como Demóstenes, aprendió el castellano con piedras en la boca y acabó siendo llamado el “Castelar” de su promoción, por su capacidad oratoria. Desde el S.XIII mi familia vivió en Mallorca y desde 1453 en Moscari (Selva), a mí me fue muy útil hablar castellano y mallorquín de niño en mi casa, para mi carrera por todo el mundo, es más, diría que el bilingüismo aceleró mis neuronas, pues he acabado hablando 14 idiomas. “No siguem rucs” y mantengamos nuestra herencia tal como nos la dieron. La normalización es un instrumento de alienación a Catalunya y al expansionismo catalán, hermanos sí, pero no de la misma madre. Eso es política demagógica y no Historia con mayúsculas.

El Poder Dominador de la Lengua Catalana en Mallorca: Demagogia y No Historia con Mayúsculas. La cuestión de la lengua catalana en Mallorca ha sido durante mucho tiempo un tema de debate y controversia. Bajo los gobiernos de Francina Armengol y Marga Prohens, esta cuestión ha alcanzado nuevas dimensiones, en ocasiones percibidas como un ejercicio de demagogia más que como una reafirmación de la historia y la identidad local.

Para entender el presente, es necesario conocer el pasado. La lengua catalana llegó a Mallorca con la conquista de la isla por parte del rey Jaime I de Aragón en el siglo XIII. Desde entonces, ha sido parte integral de la identidad cultural y lingüística de la isla. Sin embargo, el castellano también ha tenido una presencia significativa, especialmente desde la unificación de España en el siglo XV. Por lo tanto, la convivencia de ambas lenguas ha sido una constante histórica, reflejando la realidad bilingüe de la isla.

Políticas Lingüísticas: Entre la Protección y la Imposición. Los gobiernos de Armengol han implementado políticas que, según sus defensores, buscan proteger y promover la lengua catalana. Estas políticas incluyen la obligatoriedad del catalán en la administración pública, la educación y los medios de comunicación. No obstante, críticos argumentan que estas medidas van más allá de la protección, entrando en el terreno de la imposición. Bajo el liderazgo de Francina Armengol, el gobierno balear adoptó una serie de medidas para fortalecer el uso del catalán. Se promovió el aprendizaje del catalán en las escuelas y se establecieron requisitos lingüísticos para acceder a ciertos puestos en la administración pública. Estas políticas se presentaron como un esfuerzo por preservar el patrimonio cultural y lingüístico de las Islas Baleares.

Con la llegada de Marga Prohens al poder, se ha observado una continuidad en la promoción del catalán, aunque con un enfoque más moderado. Prohens ha defendido la importancia del bilingüismo y ha señalado la necesidad de encontrar un equilibrio entre la protección del catalán y el respeto por los hablantes de castellano. A pesar de ello, sigue existiendo una percepción de imposición entre sectores de la población que consideran estas políticas como una forma de dominación cultural.

La acusación de demagogia surge cuando las políticas lingüísticas se perciben como herramientas políticas más que como auténticos esfuerzos de preservación cultural. En este contexto, se argumenta que los gobiernos han utilizado la lengua catalana como un medio para consolidar poder y ganar apoyo político, en lugar de abordar los verdaderos desafíos lingüísticos y culturales de la isla.

Para muchos mallorquines, la cuestión no es simplemente lingüística, sino también identitaria. Existe un sentimiento de que las políticas lingüísticas actuales no reflejan la realidad histórica y cultural de la isla, que siempre ha sido bilingüe. En lugar de un enfoque inclusivo que celebre esta diversidad, se percibe una tendencia a priorizar una lengua sobre otra, generando divisiones y tensiones innecesarias.

En el ámbito educativo, las políticas lingüísticas han tenido un impacto significativo. Mientras algunos padres apoyan el énfasis en el catalán como una forma de preservar la cultura local, otros sienten que esto limita las oportunidades de sus hijos en un mundo cada vez más globalizado donde el castellano y el inglés tienen una mayor relevancia. De igual manera, en el ámbito laboral, los requisitos lingüísticos para ciertos empleos públicos han sido objeto de controversia, con críticas de que excluyen a una parte significativa de la población.

El debate sobre la lengua catalana en Mallorca, bajo los gobiernos de Francina Armengol y Marga Prohens, es un reflejo de las complejas dinámicas culturales y políticas de la isla. Si bien la protección del catalán es esencial para preservar la identidad cultural, es crucial que estas políticas se implementen de manera que respeten la diversidad lingüística y cultural de Mallorca. La historia con mayúsculas de la isla incluye tanto el catalán como el castellano, y cualquier enfoque que ignore esta realidad corre el riesgo de ser percibido como demagogia más que como una auténtica política de preservación cultural. Lo importante es la cultura y el dominio de la lengua castellana que llega a mas de 500 millones de personas en el mundo siendo la segunda lengua más utilizada en el mundo internacional, en todo caso preservando mi lengua natal el mallorquín pero sin dominio de ninguna de ellas.

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