lunes, diciembre 5, 2022

Análisis de la conducta violenta

Un reciente estudio sobre la personalidad radical yihadista, que ha permitido aportar mediante un método clínico y descriptivo las bases de análisis para la elaboración del diagnóstico de las causas de la conducta criminal, así como la elaboración de un pronóstico de futuro comportamiento, permite describir a los participes y colaboradores del atentado de Cataluña el 17 de agosto de 2017.

Estos sujetos a los que nos referimos, profesantes del islam, y con edades comprendidas entre los 21 y 34 años, participaban de una vida desordenada en la que el consumo de drogas y la delincuencia común constituían un claro ejemplo del ejercicio de la taquiya, por la que el islam, siempre que el fin se acomode a los objetivos religiosos, permite simular un comportamiento prohibido (haram) tratando de parecer un mal musulmán con el objetivo de ganar la confianza de los “infieles”. Hecho que demuestra en todos ellos un comportamiento decidido y mantenido en el tiempo, y en consecuencia un rasgo lábil afectivo bajo que hace difícil modificar su idea radical preconcebida, así como su intervención ante ella a efectos de resocialización.

Igualmente, el uso de la mentira en sus relaciones sociales en occidente y la transgresión de las normas y daño grave a derechos de las personas, entre las que se incluye delitos sexuales, aportan valor a la medición del rasgo agresivo, apreciándose alto en cuanto a la capacidad de dar el paso al acto criminal en busca de sus fines místicos. Que ciertos delitos tengan como sujeto pasivo a las mujeres vuelve a incidir en el disvalor que estas representan en el islam frente a los hombres, avalando la idea de una introspección alta de su idea fanática de la religión.

La forma de cometer los delitos pondrá en relación la indiferencia afectiva, hacia las víctimas occidentales, con la adaptabilidad social de los terroristas. Una adaptabilidad social que, lejos de presentarse como inadecuada, ha de entenderse muy alta, si bien, situando al observador desde una perspectiva radical yihadista, y no occidental. De ese modo, lo que para occidente es un claro síntoma de inadaptación social, para los profesantes del islam radical se resuelve totalmente al contrario. Qué mayor virtud de adaptación que llegar a dar la vida por unos valores grupales.

En cuanto a la juventud de los participantes, permite relacionar su edad con estados de inmadurez, y a su vez ésta con previsibles problemas de desenfoque de percepción de la realidad, llevándoles a atribuir estados de privación comunes a toda la sociedad como situaciones referidas a su persona.

A pesar de todo ello cabría la hipótesis de precisar si el disimulo (taquiya) que se ha argumentado se inicia con un fin terrorista, toda vez que, siendo este comportamiento un hecho instrumental, no debería haberse practicado en momentos relativamente cercanos al martirio, por ser innecesario (consumo de alcohol y tabaco), lo que nos redirigiría nuevamente a estados previos de inmadurez y privación social occidental y situaría a los participes en situación de ser captados por un elemento fanatizador. Como parece que así fue.

Esto nos introduce en la presencia de dos figuras: el fanatizador y el fanatizado. Actores referidos y diferenciados en la investigación a la que se hizo referencia al principio, la cual los identifica y relaciona, determinando que en occidente la influencia cercana de un sujeto fanatizador se resuelve como necesaria para ganar la voluntad de aquellos otros fanatizados. Especialmente si, como es el caso, estos últimos no tienen capacidad para discriminar la realidad de sus textos sagrados, ya que no sabían árabe, y se encuentran sumidos en la interpretación de una sociedad que no les aporta el apego necesario para su crecimiento personal, social y cultural.

Así, a la luz de estos datos, conocidos antes de los atentados, el análisis de pronóstico respecto a la probabilidad de un comportamiento radical yihadista podría haber aportado elementos de consideración a las fuerzas de seguridad y servicios de inteligencia. De igual forma que, puestos en consideración de la autoridad judicial, previsiblemente hubiera manifestado su interés por un seguimiento más cercano que hubiera permitido cierta anticipación.

En conclusión, la existencia de una relación cercana entre un sujeto fanatizador, el imán de Ripoll, Abdelbaki Essaty (relacionado en 2006 con la Operación Chacal, cuando cinco islamistas fueron arrestados por enviar yihadistas para luchar en Irak), y los terroristas fanatizados, que presentaban desapego social con occidente, necesitados de sentirse parte de un grupo que les de estabilidad emocional, e incapaces de corroborar lo manifestado en el Corán, si acaso lo hubieran pretendido, configuraban el binomio perfecto para los resultados pretendidos, los cuales, más allá de los hechos luctuosos, persiguen y consiguen infundir el terror.

Jesús Sánchez Gómez

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