viernes, diciembre 2, 2022

Principio del fin

Esta semana pasada unos bombazos políticos arrasaron el Capitolio y la Casa Blanca en Washington. 

Tras tomar posesión el 20 de enero pasado, Donald Trump señaló dos objetivos prioritarios: la construcción del muro entre EEUU y México (pagando los mejicanos …) y la derogación del «Obamacare». Se sumaron asimismo otros propósitos destructivos para los EEUU como su repliegue del mundo además del rechazo al Acuerdo de Paris sobre el cambio climático. Los mejicanos no ayudan, naturalmente, e importantes Estados y urbes estadounidenses quieren cumplir el contenido del Acuerdo.

Además, el Presidente acaba de llevarse una gran derrota en el Senado donde una versión edulcorada del propio “Obamacare” ha sido rechazada, manteniéndose esa sanidad para 20 millones de personas modestas tal como la instituyó Obama. Tres Senadores republicanos votaron con los demócratas (uno de ellos el prestigioso McCain) y más adelante, hartos de Trump, igual dejan su partido dando la mayoría en la Alta Cámara a los demócratas. No obstante, habrá nuevas intentonas republicanas contra el “Obamacare”.

Esta debacle ha alterado a bastantes legisladores republicanos radicales. Se elevan voces criticando al mismísimo Trump argumentando que las peleas internas en la Casa Blanca impiden que el Presidente pueda ocuparse personalmente de la agenda republicana. 

Tienen razón. Eso acontece, como también ocurre que el propio escándalo de Trump con la trama rusa constituye un enorme boquete de vulnerabilidad en su credibilidad y que a Trump no le importa la agenda política republicana. Le importa la suya repleta de megalomanía

Si bien Trump encandiló a muchos militantes y electores republicanos mediante una OPA mediática para la elección presidencial, en realidad es ajeno al Partido Republicano. A Trump solo le interesan sus tuits inmaduros, sus ideas políticas radicales, el nepotismo con su hija Ivanka y su yerno Jarred Kushner, incrustados en la Casa Blanca, así como su fortuna, confiada a sus hijos y no a una administración imparcial de la misma para evitar el contagio entre lo público y su patrimonio. 

En la Casa Blanca el vaivén de altos cargos está siendo destructivo. Ya en febrero, Trump tuvo que sacrificar al General Flynn, recién nombrado Consejero de Seguridad Nacional, vulnerable por sus contactos preelectorales con Moscú. Siguieron otros cambios, así como peleas entre los variopintos fieles del Presidente y esta semana pasada cayeron dos guindas importantes

La primera fue la del Portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer, sustituido por un financiero políticamente estrafalario, Anthony Scaramucci. Con ello se pasa de un embustero a otro que, además, menta la madre de todo bicho viviente. En esto no hay duda de que Scaramucci parece una mejor representación de Trump

La llegada de Scaramucci y las derrotas republicanas en el Capitolio a pesar de contar teóricamente con mayorías numéricas, han arrastrado la caída del Jefe de Gabinete del Presidente, Reince Priebius, un cargo determinante, acusado de no ser capaz de muñir las mayorías parlamentarias necesarias y tratado por Scaramucci con desprecio insultante nada más llegar. Las fieras se devoran entre ellas. Ya devolverá Priebius, un antiguo Presidente del Partido Republicano, este desaire.

Trump le sustituye con un General de los Marines, John Kelly, un duro, con la instrucción de poner orden en la Casa Blanca. No solo militariza un puesto esencial de la vida política norteamericana, sino que con ello probablemente se aislará más de los republicanos en el Capitolio. 

¿Podría tener ahora un papel más importante en política interna el Vicepresidente Pence? En los EEUU el Vicepresidente es la rueda de recambio del Presidente. Por eso los Presidentes no suelen dar demasiado juego a sus Vicepresidentes y estos últimos se cuidan de no quemarse con su jefe cuando las cosas no van bien.  

El noviembre de 2018 serán las «midterm elections» en las que se renueva la totalidad de la Cámara de Representantes, un tercio del Senado, y muchos cargos en Estados y Condados. Si los Demócratas juegan bien sus cartas y aprovechan el alocado egocentrismo de Trump podrían dejarle en minoría

Con unas Cámaras legislativas en poder de los demócratas sería más imaginable un proceso de destitución justificado, pero, salvo una acusación de traición manifiesta, los demócratas esperarán a la elección presidencial de 2020. Tendrán, eso sí, que encontrar a un buen candidato para evitar la reelección de Trump que, antes, tendrá que volver a ganar unas primarias republicanas. Los primeros aspirantes demócratas ya se están echando al ruedo.

Visto lo visto, una derrota republicana en 2018 y de Trump en 2020 sería un alivio. Mientras, Corea del Norte amenaza y Rusia ya no es tan cariñosa con Trump. En cuanto a los europeos deben integrar más la Unión Europea. La cumbre de Alemania, Francia, Italia y España en Versalles el 28 de agosto es un buen síntoma. 

Carlos Miranda es Embajador de España

Carlos Miranda

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