martes, abril 16, 2024
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Dios aterriza en Getafe

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Se acumulan los testimonios de vecinos de Villaverde Alto y otros lugares del sureste de la Comunidad de Madrid que han contado en las últimas semanas a la Policía local haber visto volar lentamente por el cielo del término municipal un ser monstruoso y deforme, algo así como un Airbus 300 al que se le hubiera añadido encima de la cabina un compartimento de unos siete metros de diámetro y 35 de largo.

Sea lo que sea, el resultado se parece a una ballena beluga y se sospecha relación con la fábrica de Airbus en Getafe, donde llegan componentes de media Europa (seguro que también del Reino Unido, otro cabo suelto del Brexit) para los aviones de transporte que allí se montan y elaboran en parte. Pero no ha sido lo más extraño que ha volado y aterrizado en la Cuna de la Aviación Española. En el año dos de la Segunda República existe la crónica novelizada de la llegada nada menos que del Supremo Hacedor. El relato que dejó escrito Enrique Jardiel Poncela en aquel 1932, Dios se apareció al Papa para anunciarle su voluntad de visitar físicamente la Tierra en forma humana (noticia recibida por una sonora carcajada internacional). El anuncio sólo fue tomado en serio por cinco personas, cuenta Jardiel, tres pastores protestantes de Illinois, un vendedor de plátanos cubano y un budista.

Dios se volvió a manifestar entre dos grandes llamaradas que chamuscaron los tapices del Vaticano. Derrumbó la torre de Pisa y la volvió a reconstruir 24 horas después, aunque sin inclinación, y ahí ya todos le creyeron. Finalmente Dios se apareció nada menos que en el Cerro de los Ángeles vestido con traje oscuro y un sombrero color café. «Nada de título», respondía Dios cuando se dirigieron a él como Divina Majestad: «Señor y de tú, como en el Padrenuestro».

En la novela Dios se aburre, contempla indiferente cómo el ejército y la policía le abren paso entre las multitudes nerviosas a golpe de ametralladora, con un balance de más de 14.000 muertos. Entre las bajas figuran también suicidas fanáticos a su paso que, ansiosos por ofrecer algo al Altísimo y no teniendo qué ofrecerle, le ofrecían la existencia. Se fuma un cigarro «por no despreciar» y es entrevistado. Toda la prensa acordó un cuestionario único en una reunión celebrada en la sede de ABC.

¿Qué opinión tiene del Diablo Vuestra Divina Majestad?

«Es un caso de obcecación. Está completamente loco. Lo he dejado ya por imposible».

¿Cuál es, según el Divino criterio de Vuestra Majestad, la forma ideal de gobierno para los Estados de la Tierra?

«La forma ideal de gobierno en los Estados de la Tierra son las dictaduras. Para gobernar no hay más que un camino, que un solo hombre inteligente cree al mismo tiempo una ley justa y una pena terrible. Y, transgredida la ley, aplique la pena sin apelación, sin indulto y por la eternidad».

Se sucedieron los actos, recepciones y visitas. De El Escorial dijo: «Creí que era más grande»; Toledo no le gustó: «demasiadas cuestas y demasiados cadetes». Lo deportivo le entretenía más, como las carreras de sindicalistas perseguidos por guardias; los galgos del canódromo; y los actos religiosos le aburrían soberanamente. En el circo fue donde más se divirtió.

Pasando los días, la curiosidad hacia el ilustre visitante se fue extinguiendo. No gustaron las opiniones políticas de Dios ni sus bostezos en actos religiosos: «el Hombre, al pasar de lo desconocido a lo conocido, se había desilusionado una vez más», escribe Jardiel. Finalmente, el Altísimo emprende el viaje de vuelta tras 27 días en la Tierra entre el desinterés general. Siempre se agradecen aportaciones que desengrasen los momentos de tensión político-religiosa. La traducción actual podría ser El Jueves, Orgullo y Satisfacción (cómic satírico, parientes de Charlie Hebdo).

Abunda en el cine y fuera del cine en los últimos lustros las referencias a la batalla de Armagedón, la más terrible de todos los tiempos, en la que los ejércitos celestiales se enfrentarán a los descreídos y acabará con la segunda venida de Cristo a la Tierra. Fines de la historia, fines de la humanidad, catastrofismo, derrotismo, Armagedón, apocalipsis. Los musulmanes radicales violentos (en el mundo hebreo esta especie se resume con la palabra «ultraortodoxo», 10% de la población de Israel) también hablan de Dabiq, el lugar, suelo sirio, donde tendrá lugar la batalla del fin de los tiempos. Una de las revistas del Estado Islámico, de amplia difusión entre especialistas en seguridad, ha tomado ese nombre.

Existen indicios recientes que alguno podría interpretar como señales divinas. Ha llovido barro sobre Madrid en julio. En plenas negociaciones para desbloquear la investidura dicen haber visto a Mariano Rajoy ocioso por Sanjenjo. Militares franceses han aparecido muertos en Libia, país donde no están desplegados. Indicios no concluyentes. Da la impresión de que antes los dioses se dirigían a los humanos más frecuentemente que ahora, incluso enviaban algún intermediario a las principales batallas; mientras, en estos momentos son algunos sujetos los que toman la decisión de emprender un viaje exprés al paraíso. La iniciativa ha cambiado de bando.

Hace 43 días escuché en una especie de mitin político (muy parecido a una misa) que la vida quizá no tenga sentido en sí misma, salvo que se lo demos; es decir, que tenemos capacidad de darle algún sentido a la vida y ahí es poco probable que Dios se vuelva a aparecer por las inmediaciones de Perales del Río para ayudar, y esto de los atajos explosivos en una hamburguesería no parece una salida generalizable ni saludable. El fin del mundo estaba anunciado para este 29 de julio, según un canal de Youtube llamado «End Times Prophecy», subsección «Armageddon News». Cuenta que se va a invertir el polo magnético de la Tierra (lo que no se acaba de entender) provocando grandes terremotos; y que la luna se volverá roja, que esto sí asusta. Cuatro millones y medio de reproducciones.

Si está leyendo este texto es que aún le quedan algunos minutos al día o que la predicción ha fallado. Jardiel Poncela necesitaría hoy guardaespaldas.

Carlos Penedo

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