sábado, diciembre 3, 2022

Nueva casta, viejo comunismo

Caciquimo: dicese de la forma distorsionada de gobierno donde un líder local tiene dominio total de una sociedad expresada como clientelismo político.

Lejos de ser algo superado y del pasado, en España y concretamente en Andalucía, llevamos los 40 años de democracia asistiendo al bochornoso espectáculo de un gobierno autonómico que utiliza los recursos económicos públicos como suyos, empleándolos en su beneficio y para la perpetuarse en el ejercicio del poder. De esta forma tienen garantizado el voto de quienes, a la fuerza, viven al cobijo del presupuesto, y cuya contraprestación es votar al partido que gobierna.

Al igual que en Rusia se cambió la dinastía hereditaria zarista, por los nuevos zares rojos que ostentaron el poder de forma igualmente antidemocrática y completamente absolutista, en España los nuevos caciques socialistas sustituyeron a los señoritos andaluces de antaño, como hoy los podemitas en Madrid, Barcelona y otros municipios se colocan en el mismo lugar que la casta que criticaban, con los mismos sueldos y beneficios protocolarios.

Los populistas toman su modelo e inspiración en Andalucía y Venezuela, por qué después de asesorar al régimen chavista para perpetuarse en el poder, transformando una democracia en un régimen totalitario, ahora con la financiación de ese país, pretenden hacer lo mismo en España.

Si el desolador panorama venezolano, sanidad sin medio para atender a los ciudadanos, incluido neonatos cuyo índice de mortalidad es propio de siglos pasados, supermercados vacíos, población hambrienta, presos políticos, prensa secuestrada y censurada, estado de excepción, y un largo etcétera, en lugar de darse en ese país con un gobierno marxista de corte populista, fuera en cualquier democracia “capitalista”, esa misma izquierda estaría en pie de guerra, saliendo a la calle para protestar contra la situación en la que se encuentra la población.

Pero es que a la izquierda española, sectaria, demagógica, radical, anclada en el odio y la venganza política, poco le importa la democracia, la libertad o el bienestar de los ciudadanos; si no única y exclusivamente la conquista del poder, para poder ejercerlo de forma totalitaria.

No es nuevo en España, que esta izquierda fuera capaz de dar un golpe de estado armado contra la Republica en 1934 y dos años más tarde autodenominarse defensores de esa misma Republica que pretendían derrocar y sustituir por una dictadura soviética. Y desde entonces han asumido, paradójicamente.  para sí, el adjetivo republicano, sin el menor rubor.

Hace poco más de una década el Presidente José María Aznar afirmó que la mejor política social es la creación de empleo. Y así es, y así debería ser. De nada sirve una cobertura de desempleo de 24 meses si una vez transcurridos no se encuentra un puesto de trabajo. Si por el contrario, al día siguiente de terminar un contrato ya se está trabajando, esa es el mejor escenario y más social, para los ciudadanos. En estos momentos que con un crecimiento económico moderado se está creando empleo, gracias a las políticas y confianza gubernamentales, éstas chocan con los intereses políticos de los gobiernos municipales y autonómicos populistas, que actuando en contra del interés general de los ciudadanos y con las cortas miras de sus propios intereses políticos y electorales, dinamitan esa confianza que precisa la inversión, con incertidumbre e inseguridad jurídica, cuando no, abierta oposición a cualquier proyecto privado que suponga la creación de empleo. Y eso precisamente es lo que está sucediendo no sólo en Barcelona, y toda Cataluña, sino incluso en la ciudad de Madrid.

En Madrid proyectos como el Edificio España y la Operación Chamartín están boicoteados por el gobierno populista, cuando supondrían la creación de miles de puestos de trabajos directos e indirectos, de la que se podrían beneficiar miles de familias que hoy están pasando sufriendo gran angustia para poder salir adelante. Pero claro, el populismo prefiere que el agradecimiento de los ciudadanos se les rinda a ellos, al facilitarles una prestación, y no a ningún empresario o patrono capitalista.  Y es que el populismo, una vez generado desempleo, se presenta a las elecciones con gran aumento del gasto, políticas sociales, subvenciones y el ya clásico “gratis total” de servicios públicos. Situación que es insostenible e inviable, como se ha demostrado en Grecia, pero que pretende perdurar al unísono de quienes las establecen. Y así, al igual que en Andalucía, para seguir disfrutando de las prestaciones públicas, resulta obligado que no sean desalojados del poder quienes patrocinan esas políticas.

Lejos queda aquella “realización personal” a través del trabajo cuando la izquierda promovía la incorporación de la mujer al trabajo. Ahora prefieren que nadie “se realice”, ni hombres ni mujeres, si no que sobrevivan agradecidos a las prestaciones públicas, sin trabajar, para garantizarse la reelección, y perpetuarse como nueva casta soviética, llena de privilegios para quienes ostentan el poder absoluto.

El populismo,  es el nuevo caciquismo, el auténtico totalitarismo y el fin de la democracia y las libertades, la auténtica demagogia, la perversión de la política como servicio público y persecución del interés general, el mayor de los engaños, la censura, la persecución política y la trampa en la que sólo pueden caer los marxistas, bajo el caramelo de vivir sin trabajar, aunque sea sumiendo en la pobreza un país tan grande y rico como Venezuela, que ahora se dedica a exportar revolución, en lugar de petróleo. Viendo en lo que han convertido Venezuela, ningún español puede desear lo mismo para España.

José La Cave

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