lunes, diciembre 5, 2022

Entre la negligencia y la corrupción

Chaves y Griñán -como Dilma Roussef en Brasil- ha caído por su incompetencia, por no saber gobernar los asuntos públicos, más que por corrupción personal. Dijo un portavoz del PSOE que los dos ex presidentes andaluces no se habían llevado un duro. Puede ser. Pero con su desprecio a los controles legales y por haber sumergido toda la Administración andaluza bajo las siglas del partido, prepararon la receta perfecta para la corrupción.

Cuando hasta los delegados provinciales tienen que ser del partido, han de ser ‘afectos’, el amiguismo y las corruptelas se hacen inevitables.

En la administración andaluza se han juntado dos problemas, que se han alimentado el uno al otro: la negligencia en la gestión y la desviación de fondos públicos a bolsillos privados. ¿A quién metieron en el PSOE en Andalucía? A mucho aprovechado sin ninguna credencial ni democrática ni de izquierdas. La administración andaluza, con mucho de nepotismo, de favores y compadreo, es la que ha prevalecido desde 1978. Un nuevo caciquismo que muchos socialistas han fomentado y mantenido. Griñán y Chaves, que son Inspectores de Trabajo, funcionarios del Estado, deberían haber sabido administrar mejor.

Es natural que en regiones deprimidas, con muy poca iniciativa privada, las Administraciones hayan dispuesto de los fondos y medios para alimentar a las empresas y las iniciativas de obras y servicios. Un exceso de dinero poco controlado. Gran parte del gran capitalismo español ha sido muy parasitario desde siempre, dedicado a explotar los negocios del Estado (y hoy de las Autonomías). Este fue el que medró bajo el franquismo y sigue haciendo sus negocios a la sombra de los proyectos públicos, de las recalificaciones urbanísticas que tan bellas han dejado las costas andaluzas, el crony capitalism. No son capitalistas de Adam Smith. La Unión Europea, también ha alimentado las arcas de las Autonomías y contribuido al despilfarro. Por ejemplo, con las ayudas al aceite de oliva, que la Junta recibe al terminar la campaña y sólo paga a los olivareros seis meses después.

Al final, estos tres portentos, Griñán, Chaves y Roussef -con bastantes más- casi han conseguido hundir a la izquierda moderada en España y Brasil y han logrado que muchísimos trabajadores pierdan la confianza en ellos. Cuando los que se proclaman de izquierda se corrompen, es aún más desmoralizador y culposo. De los socialistas no esperábamos ese golpe (bajo). Los aparatos de sus partidos les han arropado, echado un capote y defendido incluso ante la evidencia de los fraudes y de la mala gestión. En vez de depurar responsabilidades administrativas han agitado la tesis del complot, el fantasma de la conspiración (un “golpe”, dicen en Brasil) y de la “derechona”, para ocultar, encubrir y disculpar. Y lo peor es que en España, tan ideologizada, todos han hecho lo mismo, como el PP y CDC, que mantienen a sus incompetentes a pesar de todo.

Jaime-Axel Ruiz Baudrihaye

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