martes, diciembre 6, 2022

La nueva máscara de los que nunca fueron comunistas

¿Por qué le llaman comunista cuando quieren decir populismo? ¿Por qué recurrir al viejo grito del miedo? La respuesta está en los armarios ideológicos de las clases medias radicalizadas que, en realidad, siempre han estado lejos de las ideologías de la emancipación y siempre cerca de las políticas de clientela.

Cierto es que quienes se adueñaron de las siglas del viejo PCE han dado pábulo a semejantes afirmaciones. Oculto durante más de treinta años en una máscara electoral que alcanzó vida propia, el PCE realmente existente ha venido a descubrir que la criatura que generosamente hicieron nacer los últimos herederos del antifranquismo no proveía los suficientes réditos como para contentar a tanto aspirante a diputado.

Así las cosas, y ante lo imposible de victorias orgánicas, el pretendido “comunismo occidental” que más tiempo lleva sin pasar por unas elecciones democráticas, decidió lo que se decide en esos casos: expulsar a una mitad de la organización y buscar un nuevo escondite en el que emboscarse.

¿Y nada mejor que el populismo, se preguntan ustedes? Nada mejor, les digo, que ocultarse en candidaturas que pretenden acabar con los atisbos de socialdemocracia e izquierda que quedan en el mapa político.

Cuestión que, evidentemente, es coherente con todas aquellas referencias personales que han basado sus trayectorias más en el sectarismo que en la tradición de lucha y democracia del viejo y querido PCE.

PCE y PSUC significaron y significan en la memoria colectiva de centenares de miles de españoles y españolas compromiso con la democracia, lucha de trabajadores y trabajadoras, sindicalismo de clase, transición y consenso constitucional. Todo eso que ahora se denuncia como traición y se desprecia.

PCE y PSUC significaron y significan en la memoria colectiva de centenares de miles de españoles y españolas compromiso con la democracia

Procedo de una familia de luchadores por al democracia. Padre y madre, tíos y tías, hermana, primos, interminables entornos de amigos y amigas que hemos crecido en la convicción de una izquierda de cambio y transformación, de bases radicalmente democráticas . Convicciones que muchos de ellos pagaron con cárcel y sacrificios vitales inenarrables.

Ninguno de ellos se sienten identificados con la deriva populista de nuestra tradición política y, menos aún, con los referentes personales que el populismo ha elegido como representantes de la misma.

Garzón ha pasado a un puesto quinto, emboscado en listas de vergüenza y desprecio, mientras Anguita o Monereo alimentan desde improbables teorías de las dos orillas o el sorpasso a la nueva muchachada populista y ocupan los espacios de discurso político.

Íñigo Errejón reconocía semanas atrás el vínculo que unía al frente nacional francés y a Podemos. Para ser precisos no se refería a posiciones políticas ni ideológicas sino a la desafección de ambos por el sistema democrático y de partidos. No hacía sino reconocer lo que numerosos estudios han señalado: las crisis financieras, a diferencia de las económicas, empobrecen a amplios sectores sociales intermedios y provocan la radicalización extrema del sistema político.

En ese campo, la vieja historia de la izquierda de cambio y transformación, vinculada al mundo del trabajo, debe sustituirse por la ira, la venganza y el sectarismo más radical. Es aquí donde Anguita y Monereo, ajenos a la tradición y la política del PCE, a su europeísmo y sus compromisos democráticos y constitucionales, tienen algo que decir.

Ya ven, lo nuevo se sostiene en las referencias políticas y teóricas de los días más oscuros de IU, aquellos que le dieron la victoria a Aznar y convirtieron en irrelevante a la izquierda transformadora, porque González era, ya saben, la X del Gal. Quizá entenderán que con tales precedentes los discursos parlamentarios se llenen de cal viva o de sobreactuaciones de quienes pretenden ser socialdemócratas en lugar de los socialdemócratas.

No solo es que la nueva máscara de los que nunca fueron comunistas ignore la tradición democrática del viejo y querido PCE sino que pretenden a golpe de grito e ira resucitar un bipartidismo pero sin izquierda.

Libertad Martínez

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