sábado, diciembre 10, 2022

Que cumplan con su obligación

Cumplir con la obligación de uno o de una, es lo que se reclama de cada cual. Los partidos políticos tienen una obligación: proveernos, cada cuatro años, de un Gobierno: el retorno a las urnas es una posibilidad constitucional, que duda cabe, pero también una trampa para ocultar su incompetencia.

Da toda la impresión de que andan construyendo el relato del fracaso: hay que culpar a alguien del fiasco y se han puesto a eso con un entusiasmo digno de mejor causa. Resulta incomprensible para casi todos nosotros y nosotras que con la que ha caído y la que está cayendo, a estas alturas, estemos sin gobierno.

Lo he escrito aquí en más de una ocasión: los ciudadanos y ciudadanas hemos votado y definido nuestra decisión: gobiernos de cambio y gobiernos plurales. Y nadie puede interpretar solo una parte de la decisión. No hemos decidido vetos, ni exclusiones.

Los ciudadanos y ciudadanas hemos votado y definido nuestra decisión: gobiernos de cambio y gobiernos plurales

Los ciudadanos y las ciudadanas nos hemos pronunciado y la suma de las preferencias puede no gustar a los que quieren resolver aquí problemas de allí o a los que la agenda social no interesa ni mucho ni poco. Somos así los ciudadanos y las ciudadanas, que vamos a hacer, raritos y raritas pero con sentido común: como no tocaba no nos hemos dedicado a lo que no estaba en nuestras prioridades como la agenda catalana o la defensa de la españolidad.

Que ningún partido tenga mayoría no es una casualidad: es nuestra voluntad. Y nuestra voluntad dice que sólo un gobierno de diferentes fuerzas políticas es posible.

Si ese gobierno no logra ser investido será un fracaso y, especialmente, será un fracaso de los que han andado, desde el primer día, con el lápiz de las líneas rojas, los documentos de última o primera hora o las incompatibilidades mutuas de un lado a otro.

Seamos, pues, claros: tenemos tres partidos que abogan por el cambio y que suman la mayoría necesaria. Dos de ellos han alcanzado un acuerdo que, sin duda, puede ser un inicio para las bases de un programa de cambio.

Puede ocurrir que los que deban reflexionar sobre esas bases no asuman que la centralidad y la iniciativa han estado en manos de otros. Puede ocurrir, también, que los firmantes del acuerdo no hayan calculado las voces sociales que se quedaban al margen.

También ocurre, estimadas y estimados estrategas y politólogos, que todo el mundo hace política y nadie está exento o exenta de responsabilidad, cosa que, a veces, en política se aprende con notable coste.

No lograr ese gobierno no solo será un fracaso, será una irresponsabilidad. Habrá amplios debates e imagino que decenas de programas de televisión para dictaminar culpables. Me temo que la ciudadanía no le dará tantas vueltas al asunto: todas las formaciones concernidas serán culpables en mayor o menor grado.

Solo hay tres fuerzas con relevancia para sostener un gobierno: PSOE, Ciudadanos y Podemos. Todo lo demás es tan anecdótico como irrelevante. Guste o no guste, Pedro Sánchez tiene que asumir el liderazgo de ese cambio. Y guste o no guste, los gobiernos no se hacen con sillas sino con políticas.

Lo que reclama la sociedad española es crecimiento económico y  creación de empleo; corregir desigualdades y recuperar la lógica del bienestar; atajar la corrupción, regeneración democrática y negociar el modelo territorial. Políticas a las que las tres formaciones citadas pueden concurrir y en las que pueden cooperar si los contenidos sustituyen a los egos.

Muchas tonterías y desatinos se han pronunciado y se siguen pronunciando como si todo fuera gratis. Aquí todo ha dado lo mismo hasta que las encuestas vienen demostrando no solo el hartazgo de la ciudadanía sino lo inútil de las sobreactuaciones. Fíjense Ustedes que sorpresa: al personal el teatro le gusta en el teatro, no se si me entienden.

Quedan dos semanas, dos, para evitar la repetición de elecciones. Hay dos partidos que han avanzado acuerdos y contenidos pero no es suficiente y deben mirárselo, efectivamente.

Pero, también, quienes deben completar la faena del cambio se lo deben hacer mirar: a la ciudadanía, a la gente, a los y las de abajo, a los y las transversales, a la sección plebeya, incluso a los trabajadores y trabajadoras, nos da igual el asunto de las vicepresidencias dimitidas, las incompatibilidades ideológicas, los referéndums, las primarias y cualquier otra cosa en la que quieran entretenerse. Lo que nos importa es que no haya nuevas elecciones y se ocupen de las muchas e importantes tareas pendientes.

Libertad Martínez

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