lunes, diciembre 5, 2022

El compromiso

He tenido conocimiento estos últimos días de la muerte del soldado ruso Alexander Prokhorenko, conocido como “Sasha” por sus amigos. Al parecer, Sasha pertenecía a un grupo de operaciones especiales implicado en la liberación de la ciudad de Palmira -la capital de la reina Zenobia-. El militar ruso realizaba una misión de altísimo riesgo, que explicare para los legos en la materia: cuando se practican bombardeos de precisión o quirúrgicos, es necesario que alguien, desde tierra “ilumine” los objetivos con un designador laser, o facilite las coordenadas concretas. Esta misión la suelen realizar hombres muy entrenados, que están literalmente tirados tras las líneas enemigas durante días, identificando esos objetivos para el posterior ataque. Estos soldados pasan frio, miedo y calor, se mueven en las sombras, no pueden asearse y apenas disponen de unas cuantas raciones de comida. Sin contar que en muchas ocasiones deben hacer sus necesidades encima. 

Creo que a estas alturas todos ustedes saben la admiración que profeso a estos hombres y mujeres, por eso escribo estas letras indignado ante determinados comentarios que he podido leer en las redes sociales, criticando esta acción y la muerte de este héroe, lo cual me ha hecho reflexionar sobre la mentalidad de un determinado sector de nuestra sociedad.

El ISIS es el absoluto mal

Ser ciudadano es sencillo, basta con nacer. Posteriormente cada uno aportará -o no-, lo que pueda a la sociedad. Para ciertos individuos la proeza de este hombre -que pidió ser bombardeado cuando fue descubierto por los yihadistas aunque eso suponía su muerte segura-, no digna de elogio puesto que se encontraba en una guerra que no iba con él, otros afirmaban que la culpa era de Estados Unidos, otros de Occidente, otros que se realizaban bombardeos indiscriminados contra la población civil…Y así repitiendo siempre la misma cantinela buenista -es mejor poner velas y hacer manifestaciones de repulsa-, que ensombrece la cruda realidad. Yo no soy estratega geopolítico, ni me gano la vida con la política, por lo que desconozco de quien es la culpa de esta horrible guerra y por eso no voy a entrar en analizar culpabilidades. De lo que si estoy seguro, es que si los nazis y los comunistas fueron el mal absoluto en una fase de la historia de la humanidad, el ISIS es el absoluto mal y estoy de acuerdo con los que dicen que hay que acabar con esta organización sobre el terreno, para evitar que lleven su lucha miserable por todo el mundo, aunque haya que apoyar momentáneamente a dictadores como Hassad.

El problema es que parte de nuestra sociedad no quiere poner los muertos, prefiere mirar para otro lado y dejar que miles de personas tengan que huir del conflicto. Luego con pedir solidaridad para los refugiados ya han aplicado un bálsamo sobre sus conciencias. Pero esa gente que pide solucionar los problemas del mundo con buen rollo, democracia, paz y amor debe saber que esos conceptos tan altruistas no existirían sin un grupo de ciudadanos que un día decidieron vestir de uniforme.

Debemos ennoblecer a los héroes

Porque nadie odia más la guerra que los militares. Y la odian porque conocen sus consecuencias. Saben el efecto de un misil sobre un edificio repleto de gente, o los destrozos de una bala en la carne; conocen la hambruna que todo conflicto trae consigo, así como las barbaridades que conllevan. Por ese motivo, debemos ennoblecer a los héroes, a los que son capaces de dar su vida para que los demás podamos seguir nuestra rutina cotidiana, formando un muro de contención contra el mal, que-no nos equivoquemos-, acecha constantemente fuera de nuestros placidos países.

Porque ser ciudadano es fácil, pero ser ciudadano de uniforme supone un compromiso de sangre con el pueblo que te vio nacer, con las personas que conviven contigo, con tus amigos, con tu familia, con todos aquellos que quieres y todos aquellos que no conoces, incluso a los que vilipendian a los que escogen el noble oficio de las armas. Supone pertenecer a una entidad superior al individuo, abandonar el legítimo egoísmo personal para defender a los demás. Supone estar orgulloso de vestir un uniforme y las últimas palabras de Sasha así lo ponen de relieve cuando solicitaba que se bombardease su posición:

-…Estoy rodeado, están fuera, no quiero que me cojan y me hagan desfilar, llevad a cabo el ataque aéreo, se van a burlar de mí y de mi uniforme. Quiero morir con dignidad…

La valentía es una virtud que no es solo patrimonio de los hombres y mujeres de uniforme, pero son ellos los que la ejercen con asiduidad, y por eso debemos respetarles y mostrar nuestro agradecimiento, porque lo otro es sencillo y cómodo, basta con mirar para otro lado; pero para ser soldado, para mirar a la muerte cara a cara, no todo el mundo sirve.

José Romero

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