sábado, diciembre 3, 2022

Un rebelde en la Moncloa

Saltó la noticia de que Rajoy ha limitado sus despachos con Felipe VI. Eran semanales mientras ahora apenas ocurren y la relación telefónica tampoco sería tan intensa según un conocido rotativo madrileño que añade que cuando los atentados de París, en noviembre, Rajoy llamó enseguida al Rey. Ahora, tras los de Bruselas, el Presidente del Gobierno habría dejado pasar horas antes de comunicarse con el Monarca. Cuesta, sin embargo, creer que las cosas hayan llegado a este punto de frialdad entre Rajoy y Felipe VI.

La relación entre la Corona y los gobiernos socialistas de González y Zapatero siempre fue buena. No parece que fuese así en el caso de Aznar. Como botón de muestra se recuerda una conferencia de prensa en la que dejó muy claro que mientras gobernase él, Juan Carlos I no realizaría una visita de Estado a Cuba, el único país latinoamericano nunca visitado por un Soberano español. El menosprecio a la Corona estuvo más en la forma de decirlo que en el fondo del tema. Ciertamente, Juan Carlos I estuvo en La Habana pero solo a cuenta de una Cumbre Iberoamericana. No es lo mismo.

Otros Jefes de Estado democráticos están pasado por Cuba tras el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y EEUU como el francés, Hollande, y el norteamericano, Obama. La postura siempre beligerante del PP contra Cuba y los Castro sin considerar que son familia, descarriada pero familia, provocó este distanciamiento. Incluso Fraga no cortó los puentes. Cuando Margallo, en 2014, buscó el apoyo cubano para la elección de España al Consejo de Seguridad no fue recibido por ninguno de los hermanos Castro. Para obtener ese voto tuvo que recurrir a Moratinos, su predecesor socialista. No sorprende, pues, que este gobierno del PP no haya sido capaz de llevar a Felipe VI a Cuba.

No sorprende, pues, que este gobierno del PP no haya sido capaz de llevar a Felipe VI a Cuba.

Ahora Rajoy estaría limitando los contactos con el Rey y dicen que apenas le tendría al corriente de lo que pasa dentro y fuera de España. De nuevo, cuesta creerlo. ¿Un señor de derechas que ningunea al Rey? El Rey cumple con sus obligaciones institucionales por lo que merece respeto, especialmente del Presidente del Gobierno. Ofreció primero a Rajoy la formación de gobierno y luego a Sánchez cuando, sorprendentemente, Rajoy declinó el ofrecimiento real.

Probablemente Rajoy no quiso que Felipe VI ofreciera la formación del gobierno a Sánchez para evitar su protagonismo en el empeño y un eventual éxito. Es fascinante la paralela retirada de Rajoy de la vida institucional centrándose más bien en mítines de precampaña electoral. Si no fuese porque ignora por igual al Parlamento y al Rey podríamos pensar que Rajoy se habría vuelto antimonárquico. En efecto, también está sometiendo a las Cortes a dos tazas de caldo. Este Presidente en funciones no responde ante el nuevo Parlamento y manda a cualquier propio para negociar, pe, una postura común para una Cumbre europea. Luego otro recadero informa por carta de lo sucedido y Rajoy no comparece ni deja comparecer a sus ministros. Este penoso enfrentamiento de Rajoy con las Cortes debiera acabar en el Constitucional.

A pesar de haber superado los sesenta años, Rajoy parece comportarse como un joven rebelde aislado en la Moncloa. La película de James Dean y Nathalie Wood, “Rebelde sin Causa”, reflejaba la decadencia de la juventud estadounidense. En Rajoy la decadencia es la de quién se aferra al poder y no facilita ni siquiera el relevo interno cuestionando al mismo tiempo los papeles de la Corona y del Parlamento. Un conflicto entre Legislativo y el Gobierno en funciones y entre este último y el Rey. Justo al final de su mandato de cuatro años. ¡Bingo!

Rajoy parece comportarse como un joven rebelde aislado en la Moncloa.

Posiblemente vaya, sin plena consciencia, camino de caerse de un pedestal de barro con más pena que gloria y peor será cuanto más tarde ocurra. Apuesta erróneamente por unas nuevas elecciones. Pasó su hora, con sus penas y sus glorias, sus éxitos y fracasos. Con su actitud altanera e irrealista cada vez se acerca más de la roca Tarpeya de donde los romanos eran tirados al vacío con infamia. ¿Le serán los suyos siempre fieles?

En Podemos sus discordantes dirigentes cada vez saben menos lo que quieren, salvo un “sorpasso” al PSOE, y qué buscar, salvo una República chavista. Son tan peligrosos como un coche conducido por un pibe de corta edad. Ni siquiera los atentados yihadistas de Bruselas le han hecho reconsiderar su participación plena en el pacto antiterrorista. Los únicos partidos con ideas claras de progreso y reforma son el PSOE y Ciudadanos unidos por un pacto realista. Por ello ambos partidos han de cuidar su alianza frente al exterior y sus frentes internos. Rivera no tiene problemas al respecto. En el PSOE hay otras ambiciones que tendrán que tranquilizarse hasta que haya un gobierno.

Carlos Miranda

Embajador de España

Carlos Miranda

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