jueves, diciembre 8, 2022

Su propia medicina

«Los escraches, si son lo que son, están bien, y además son buenos para dignificar la democracia». Así de esta manera se expresaba la actual alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, antes de ser elegida con el apoyo del Partido Socialista regidora de la capital de España.

A la actual alcaldesa de Madrid me imagino que cuando hizo esas declaraciones no se la pasaría por la mente pensar que a los pocos meses de estar sentada en el sillón de mando de la alcaldía, a uno de sus concejales, José Javier Barbero, nombrado por ella misma responsable y delegado del área de seguridad del ayuntamiento madrileño, iba a ser ungido con lo que su jefa llama la «dignificación de la democracia». Esto no es otra cosa que ser perseguido, agobiado, insultado, amedrentado y amenazado por un colectivo en las calles o domicilio de su ciudad.

Esto no es otra cosa que ser perseguido, agobiado, insultado, amedrentado y amenazado por un colectivo en las calles

La paradoja es que el indignado concejal para hacer méritos en su colectivo de círculos antisistema y podemita, era un referente en el pasado en poner en práctica lo que él ha recibido por parte de un buen número de agentes de la policía municipal de Madrid hastiados en poco tiempo por la política. O mejor dicho, despolítica que lleva a cabo el grupo municipal de Ahora Madrid, versión disfrazada de Podemos en el consistorio madrileño.

La graciosa paradoja que nos encontramos en estos momentos es que ahora los de Podemos han probado de su propia medicina, y han sufrido los escraches que ellos anteriormente habían realizado, pero curiosamente cuando estos perroflautas realizaban esos escraches, entonces se les debía aplicar a su uso la defensa de la libertad de expresión y la dignificación de la democracia, pero ¡ay amigos!. Cuando en cambio se trata de que quienes sufren esos escraches, y los viven en sus propias carnes son las personas que los pusieron de moda y en práctica, entonces según los indignados podemitas se trata de una manifestación de odio y violencia fascista intolerable.

Es decir, lo que hicieron en un pasado reciente a Cristina Cifuentes, Soraya Sáenz de Santamaría o Esteban González Pons entre otros, fue la apoteosis de la libertad de expresión unida a la dignificación democrática de las esencias de los escraches, y para colmo unido todo ello con una vergonzosa sentencia de un juez dando la razón a los escrachadores. Por cierto, me imagino que el señor juez no ha tenido la suerte y la dignidad democrática de que se agolpen cientos de energúmenos en el felpudo de su domicilio para amedrentarle a él y su familia. Y que sus hijos pequeños vean las lindezas literarias que le regalan los concentrados con cara de mala leche. Pero siguiendo con el razonamiento de los anticastas, lo hecho al pobre concejal de seguridad podemita es la esencia y el afloramiento del franquismo, falangismo, fascismo y todos los ismos provenientes de la extrema derecha del siglo XX.

Como no podía ser de otra manera, la alcaldesa de Barcelona Ada Colau, fiel exponente y actriz revelación en el uso de los escraches de todo tipo, ha salido inmediatamente como abogada defensora del concejal madrileño poniendo el grito en el cielo por el abuso que se ha cometido con José Javier Barbero. Recuerdo perfectamente el paso por la comisión de peticiones del Parlamento Europeo en Bruselas donde la propia Colau defendió la «dignidad democrática» de los escraches. Pero lo que no le hizo ni pizca de gracia a la señora Colau es que yo le recordara en esa comisión que casi todo está ya inventado, y que esa práctica de escraches que ella y sus acólitos defendían y realizaban los copiaban directamente de los que hacían los etarras en el País Vasco, de los cuales yo mismo sufrí varios, y por cierto un juez en Bilbao, tras mi denuncia en sede policial y judicial, condenó al concejal de Batasuna, Koldo Celestino, a indemnizarme económicamente por ese intolerable y nauseabundo acoso.

Y de aquellos barros copiados para dignificar la democracia de Carmena y Colau, estos lodos….

Carlos Iturgaiz

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