martes, diciembre 6, 2022

Oriente Medio autóctono

Poco le duró al mediador de las NNUU para Siria, el experimentado Steffan de Mistura, una ronda de negociaciones en Ginebra para lograr un alto el fuego sobre el que construir una paz que permita enfundar las armas, reconstruir el país, reabsorber a los refugiados huidos y llegar a acuerdos políticos que faculten un futuro sereno para un país en descomposición tras las revueltas de la caducada “Primavera Árabe”, florecidas en 2010 y fracasadas por doquier salvo en Túnez.

Estas negociaciones, iniciadas hace poco más de una semana tras conseguir, con dificultades, que acudieran a las mismas los opositores al dictador Asad, justamente desconfiados, ya se han suspendido por, al menos, unas semanas porque las tropas de Asad siguen avanzando contra sus opositores con la inestimable colaboración militar rusa de Putin. Alepo tiembla ante una posible ocupación y miles de refugiados huyen despavoridos a Turquía. 

Negociaciones difíciles o imposibles, pues se hayan políticamente muy distanciados Asad y sus opositores y, además, estos últimos están, militarmente, de retirada. El autodenominado Estado Islámico del sanguinario Califa Abu Bakr I, no participa, evidentemente, en la mesa negociadora pero cuanto más revuelto esté el patio más provecho sacará. Su objetivo inmediato es resistir las embestidas aéreas de los occidentales y las terrestres de kurdos, iraquíes e iraníes mientras alienta atentados por todo el mundo, incluido el islámico. Tampoco está en la negociación Al Nusra, una franquicia siria de Al Queida.

Peor sería un Irán con la bomba nuclear

Americanos y occidentales, como Francia, Alemania y Reino unido, aspiran a que Asad se esfume cuanto antes pero tal como están las cosas parece improbable que eso ocurra antes de llegar, si acaso, a algún resultado negociado o mientras le proteja Moscú. Sería después cuando, quizás, se pudiera apartar a este indeseable que ha llegado a emplear armas químicas contra sus propios conciudadanos.

Asad tenía, como su progenitor y asimismo dictador, el respaldo político ruso pero desde el año pasado éste se ha incrementado con operaciones militares aéreas desde las bases rusas en Siria contra, teóricamente, el Califato pero, esencialmente, contra las fuerzas opositoras a Asad, algunas de ellas respaldadas y entrenadas por los EEUU que han perdido con todo ello iniciativa e influencia. Un fracaso de Washington y de los occidentales. No será fácil encontrar soluciones: cuando se toca una ficha del damero se tambalean otras.    

La presencia occidental permanece en el Oriente Medio, política, económica y militarmente, aunque esta última reducida esencialmente a asesoramiento y entrenamiento militar. Mientras occidentales y rusos se concentran en operaciones aéreas y una presencia naval en el Mediterráneo oriental, se está reordenando el equilibrio regional que se asemeja a una partida de ajedrez con bastantes más de dos jugadores.

Irán y Arabia saudí son dos importantes actores regionales enfrentados. Bajo el manto de una confrontación religiosa entre las dos principales ramas del Islam, la mayoritaria suní (85%) y la minoritaria chií (15%), iniciada hace mil años, se oponen en realidad intereses geoestratégicos de Teherán y Riad, dos capitales que usan en su pugna la religión, el petróleo, el dinero, la propaganda así como fuerzas militares regulares y de cualquier otra naturaleza.

Se han formado ahora unos cuatro grupos en un Oriente Medio más autóctono

La bienvenida renuncia iraní al arma nuclear está permitiendo el levantamiento de las sanciones internacionales contra Teherán y su salida del aislamiento lo que disgusta a Arabia Saudí y a Israel que, por ello, están realizando un acercamiento inimaginable hace poco tiempo. Ambos critican a Obama por considerarle blando ante Irán. Peor sería un Irán con la bomba nuclear.

Se han formado ahora unos cuatro grupos en un Oriente Medio más autóctono, aunque el intervencionismo exterior se mantiene pero reducido en comparación con antaño. Irán, líder del Islam chií, encabeza uno de estos grupos con una influencia importante en el Líbano a través de Hezbolá y en Siria donde domina dictatorialmente la minoría chií de los alauíes encabezados por un Asad dispuesto, en último caso, a una Siria alauí costera más Damasco. Teherán dispone asimismo de puntas de lanza en Bahrein y Yemen así como una fuerte influencia en un Irak mayoritariamente chií. Un segundo grupo lo encabezarían los países sunies más opuestos a Teherán como Egipto y Arabia Saudí a los que se sumaría Israel en una alianza fáctica. En un tercero, Turquía, que se está reconciliando con Israel y que ante todo quiere doblegar a los kurdos, estaría acompañada por Jordania que siempre asila a toda clase de desheredados regionales. Finalmente, vendría el Califato islámico con sus posesiones territoriales en Siria e Irak y sus diversas cabezas de puente en Libia y África subsahariana.

Como gato escaldado el mundo occidental contempla, no se sabe si con horror o alguna esperanza, este Oriente Medio más entregado a sí mismo y donde confluyen enfrentados los tres principales monoteísmos que, a su vez, se subdividen en grupos irreconciliables. ¡Eso sí, todos proclaman la existencia de un solo creador!…….

Carlos Miranda
Embajador de España 

 

Carlos Miranda

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