sábado, diciembre 10, 2022

La doble envolvente

Aníbal que era un rencoroso, había jurado odio eterno a Roma-como Putin a los EE.UU-, y solo pensaba como joder a los tatatarabuelos de esos tipos que vienen a Madrid de vacaciones, bien peinados, con barba de tres días, que son unos babosos con las mujeres.

El caso es que Aníbal, que era africano-hecho que los niños de hoy en día, desconocen porque ya no se estudia historia en los colegios-, reunió un ejército de contratistas de la época y puso en marcha la Segunda Guerra Púnica. Huelga decir, que cuando era chinorri, me hacía un lio con el rollo de las guerras púnicas. Han pasado años hasta lograr apasionarme este periodo de la historia.

El caso es que era el año 216 antes de Cristo. Aníbal había cruzado los Alpes con sus tropas y unos cuantos panzer-elefantes. Hazaña que dice mucho del tesón y la cohesión que el Caudillo-¡fascista!-, cartaginés había conseguido entre sus hombres, provenientes de diferentes partes del mundo.

Tras arrollar a los romanos en las batallas de Trebia y el lago Trasimeno, los romanos, con los huevos en la garganta, nombraron a un dictador-¡sin elecciones, qué vergüenza!-,  llamado Quinto Fabio Máximo. Este, adoptó desde el principio una estrategia de no confrontación, evitando las batallas campales, pues conocía muy bien a su oponente y su valía como táctico en el campo de batalla.

Así que Aníbal se dio un garbeo, como quien no quiere la cosa, arrasando todo lo que se hallaba a su paso, lo que produjo el enfado del establishment romano, por lo que el Senado (aquel si servía para algo), devolvió los poderes a los cónsules, nombrando a Cayo Terencio Varrón y Lucio Emilio Paulo.

Se recluto un ejército inmenso, con ocho legiones compuestas cada una de cinco mil hombres. Con la caballería y auxiliares, el ejército debía de contar con unos 90.000 hombres, una cifra inmensa para la época y los mando a presentar batalla a las tropas de Aníbal.

Por fin, se encontraron en Cannas, una llanura italiana, donde Aníbal se había situado estratégicamente para impedir a los romanos acceder a sus almacenes de suministro. Pasaron varios días contemplándose y supongo que insultándose mutuamente, como debe ser.

El mando del ejército romano era alterno: un día lo mandaba un cónsul y al siguiente el otro-jajajajaja…es increíble-, por lo que la jornada que le tocó a Varrón-que tenia menos luces que la habitación del Conde Drácula-, este decidió atacar. Aníbal, que veía la superioridad numérica del enemigo, concibió una táctica genial. Situó a la tropa en forma de media Luna con el arco hacia los romanos y la caballería en los flancos. En el centro de la línea colocó a la infantería pesada-entre ella unos 8.000 hispanos, que en esto de acuchillar tenemos experiencia-. Además, se encontraban en la batalla 800 honderos de las islas baleares, muy apreciados por su pericia combativa- y luego por irse de vacaciones a Ibiza a tomar el sol en pelotas-. Al parecer, según los historiadores romanos, los naturales de España usaban ya una especie de uniforme nacional, consistente en una túnica blanca, con ribetes rojos en los bajos y en las mangas. Los romanos utilizaron la misma táctica de siempre, los Velites, infantería muy ligera que evitaba el enfrentamiento directo, dedicándose tan solo a joder lanzando piedras o venablos en primera línea, los Princeps en vanguardia-los primeros y más jóvenes, de donde proviene nuestra palabra Principe-, los Hastati, adultos, armados con lanzas-, en segunda fila. Los Triarii, o tercera línea, auténticos veteranos, quedaban en retaguardia por si eran necesarios sus servicios, por lo que se comprueba que los romanos no ahorraban en pensiones. La caballería fue desplegada en ambos flancos como era costumbre.

El problema es que las unidades romanas estaban demasiado juntas, ya que Varrón pensaba utilizarlas como un ariete y Aníbal se había percatado de tal situación.

Cuando comenzó la batalla, los romanos avanzaron al son de las trompetas contra la línea central de su oponente. Los veteranos de la infantería pesada aguantaron el empujan con verdadero valor. Para imaginarnos la situación, pensemos en 90.000 antidisturbios viniendo hacia nosotros pero en vez de porras, blandiendo espadas. Para jiñarse patas abajo, vamos.

A una orden de Aníbal, la línea comenzó a retroceder lentamente hasta quedar cóncava, con los romanos en el centro, apiñados como la gente en la Puerta del Sol en el puente de la constitución. Ordeno entonces, el general cartaginés, a su caballería avanzar y desalojar a la caballeriza enemiga, que ante tal ataque se desperdigó. Pero en vez de perseguirla, demostrando una profesionalidad fuera de toda duda, volvió grupas y encerró a las legiones por la espalda. Así mismo, las unidades africanas que habían sido superadas por los romanos, se volvieron de flanco hacia la masa de soldados- que al estar constreñidos uno junto al otro, eran incapaces de defenderse, ni siquiera de desenvainar las espadas-, cerrando completamente el círculo.

Lo demás fue coser y acuchillar. Se calcula que 50.000 romanos murieron aquel día, que es mucho matar y un ejercicio físico brutal. Nada que ver con el triatlón. Los nuestros-ósea, los hispanos-, hicieron una carnicería con sus espadas cortas. Tanto impresionaron a los romanos que posteriormente la adoptaron con el nombre de Gladius Hispaniensis-para los que digan que no hemos dado nada al mundo-. En la batalla, murió el cónsul Lucio Emilio Paulo, un montón de cuestores, tribunos y ochenta senadores, que por aquel entonces parece que tenían verdadero espíritu de servicio al pueblo.

El pánico cundió en Roma, que prácticamente lo daba todo por perdido. Pero por razones desconocidas, Aníbal no aprovechó la victoria y continuó de tournée por Italia, lo que permitió recuperarse a los romanos. La historia de la derrota definitiva de Cartago y la muerte de Aníbal son suficientemente conocidas como para exponerla aquí.

Lo cierto es que fue un genio de la guerra. Su victoria en Cannas, y la táctica de la doble envolvente, siguen estudiándose en todas las academias militares del mundo.

Fue en cierta medida, el causante de la ascensión de Roma como imperio. Roma aprovechó la lección de la durísima derrota que le habían infringido y jamás volvió a cometer-al menos durante unos siglos-, los mismos errores.

El mundo tal y como lo conocemos, con nuestras lenguas derivadas del Latín, el derecho romano etc… no sería lo mismo sin el genio de aquel tipo nacido en África llamado Aníbal.

Ganó la batalla, perdió la guerra y cambio la historia ¿alguien da más?

José Romero

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