miércoles, noviembre 30, 2022

¿Sociedad cultural abierta o cerrada?

Hace unos días, un amigo belga me decía que recomendaba a sus alumnos españoles que se buscasen la vida fuera. Aquí, la vida profesional de artistas, escritores, músicos, ingenieros, no parece tener gran futuro. Pero los artistas o ingenieros siempre han salido y eso tiene también un lado bueno, que es hacernos más cosmopolitas, más abiertos a otras ideas y culturas.

Además, la llamada fuga de cerebros, desde investigadores hasta músicos, no es sólo causada por la crisis económica. Es un problema derivado de dos cosas: del Estado, al que se achacan todos los males, pero también de una cierta cerrazón española a dar entrada a los jóvenes, a los nuevos, a los disidentes, a los originales.

Los artistas o ingenieros siempre han salido y eso tiene también un lado bueno, que es hacernos más cosmopolitas, más abiertos a otras ideas y culturas

La sociedad intelectual española es bastante cerrada. El apellido, los contactos, los padrinos, las camarillas y tertulias siguen siendo las mejores herramientas, más que la valía de la obra. Para ser publicado y para que un libro sea conocido y vendido, hasta para conseguir un agente literario, o para tocar en un concierto o exponer en una galería, es casi mejor empezar desde fuera, en el extranjero. Así han tenido que hacer los escritores José Carlos Llop, reconocido primero en Francia y después, admitido en España, o Chirbes, bien conocido en Alemania antes de ser aceptado aquí. Pero, en fin, también Keats tuvo que irse de Inglaterra denostado por los críticos para morir en Roma con veintiseis años.

Es histórico, los viejos maestros pintores fueron reacios a los nuevos artistas, que les restaban protagonismo -e ingresos-. En el mundo de las letras, el padrinazgo no siempre fue así y hubo excepciones: Azorín era siempre benéfico en sus críticas, y si no, no las hacía. Recibía los libros, los leía, escribía a menudo sobre ellos, pero siempre de una manera moderada, generosa. Había en él una liberalidad intelectual que hoy prácticamente no existe. Los consagrados, los acomodados, los arrellanados, los amigos, esos tienen derecho a palco.

El mundo del arte y la literatura, así como en gran parte el académico, forma una fratria y es bastante parecido al de las empresas que usan y abusan de los contratos temporales, no contestan a las demandas de empleo y explotan los becarios (los meritorios de toda la vida).

Siempre nos quejamos del Estado, de que no se invierte en investigación, ni en música ni en artes. Pero no es la única causa porque esa especie de proteccionismo cultural en la “intelligentzia”, reacia a admitir nuevos reclutas -intrusos- en sus cristalizados escuadrones y rígidos escalafones. Y esto acarrea una desmoralización en los jóvenes que al final buscan algo fuera, perdiendo España la rentabilidad de sus inversiones en educación.

Parece actual lo que decía Larra (en Fígaro al estudiante), “aquí no se trata de saber, sino de medrar”.

Jaime-Axel Ruiz Baudrihaye

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