martes, febrero 7, 2023

El «efecto» Rato

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Que todo un ex-vicepresidente económico del Gobierno de España y ex-Director Gerente del Fondo Monetario Internacional esté siendo investigado por haber cometido, presuntamente, varios delitos como fraude fiscal, blanqueo de capitales y alzamiento de bienes y que se haya sabido que se acogió a la amnistía fiscal -es decir que reconoció no haber declarado a Hacienda dinero que tenía tener fuera de España- es algo que constituye un escándalo de primera magnitud. Un escándalo que tiene varios efectos colaterales más allá de la muerte civil y política del protagonista de estos hechos.

El primer y letal efecto es el daño que hechos de este tipo hacen al propio sistema democrático y a la confianza de los ciudadanos en las Instituciones y en sus responsables. Rodrigo Rato no solo fue un todopoderoso vicepresidente económico en los Gobiernos de Aznar sino que se convirtió en todo un símbolo de una política económica que hizo que España prosperara y mucho en esos años de finales de la década de los 90 y de los comienzos del siglo XXI. Hasta tal punto llegaba su prestigio que Aznar pensó siempre en él como su sucesor natural y si esto no llegó a hacerse realidad fue porque el propio Rato -según cuenta el ex-Presidente del Gobierno en sus memorias- le dijo que no en dos ocasiones, algo que a Aznar no le gustó. Y cuando Rato quiso dar marcha atrás y se ofreció a ser el sucesor, ya era demasiado tarde. Aznar optó en ese verano del 2003 por Rajoy, algo de lo que por cierto se ha arrepentido en los últimos años.

Por otra parte, el daño que el caso Rato puede hacer a las ya «tocadas» expectativas electorales del PP es de una magnitud que sólo en la noche del 24 de mayo -cuando se abran las urnas de las elecciones municipales y autonómicas- se sabrá hasta qué nivel llega. Por eso, parece absurdo el esfuerzo que algunos dirigentes del PP han hecho en estas últimas horas de situar el escándalo de la detención y registro del domicilio y despacho de Rato como una cuestión que afecta al ámbito personal del interfecto. El ciudadano de a pie asocia a Rato con las siglas del PP sin pararse en matices o consideraciones de otro tipo.

Y si encima, aparte de la presunta culpabilidad de Rato, -algo que tendrán que determinar los tribunales-, el show de su detención es consecuencia de peleas internas dentro del PP, de intrigas palaciegas, de aspiraciones sucesorias de Rajoy de personas de su entorno que quieren romper y acabar con todo lo que signifique la era Aznar, entonces se comprende mucho menos el tiro en el pie que se acaba de pegar el actual partido en el gobierno. Pero ya se sabe que en la política de nuestro País vienen sucediendo en los últimos tiempos cosas muy poco comprensibles para las «personas normales» que diría Rajoy.

Cayetano González

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