martes, febrero 7, 2023

Un guante sobre un tambor

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Todas las palabras habían sido dichas y en la ciudad se hizo el silencio. Nadie en las calles, ni Godzilla siquiera. En esos casos, un paseo es un travelling que va descubriendo el contraplano del fútbol. Aquellos a los que no interesa lo que pase en la cancha. Hombres extraños, indefinibles, que pasean por los bordes de las calles. Mujeres muy dentro de su condición hablando de sus cosas, que antes eran la mitad justa de los acontecimientos (lo que no salía en los libros), y ahora es sólo una subcategoría, casi una tribu urbana con sus revistas, sus peinados y su visión alterada. En realidad, esas personas son nadie. Porque esa gente nunca será tomada en cuenta. El fútbol ha tomado el centro del salón, una vez que la jefatura incluyera a las mujeres en el pack, y es el gran productor de identidad (asocia genialmente el capitalismo con lo tribal) de estos tiempos sin compás.

Anchelotti, cuervo viejo que maneja como nadie la máscara que deben llevar sus chicos, le pasó la mano al equipo, y les hizo saltar al campo despojado de mística. Sólo fútbol. Es eso en lo que el madrid no tiene parangón. Comenzaron a jugar como si nada hubiera ocurrido antes, ni hubiera miedo a un después. Un desparrame organizado que tienen los grandes equipos en los que no gobierna un maníaco. Imposible fijar las líneas. Imposible saber cuándo Karim sube o baja por la jugada. Nadie sabe cual será el próximo movimiento de James. Un central -Ramos- que es vértice y fuerza mental. Un mediocentro -Kroos- que es origen y clarividencia. Un centrocampista -Modric- hacia el que fluye el orden de manera libertaria, sin que tenga que alzar la voz, y que rescata la jugada porque siempre tiene una línea abierta con los delanteros. Y James que recorrió el mundo entero de arriba, abajo y vuelta a empezar en una primera parte para estudiar cuidadosamente por el enemigo, y daría igual, porque sus movimientos los dicta una conciencia futbolística profunda, mitad intuición y mitad razón, ignorada por Bale, un jugador sin vuelta atrás, al que se le está cayendo el aura según el Madrid se vuelve más complejo.

En el minuto tres estuvo el agòn del partido. A Godín se le hace un nudo la pelota y el galés se la roba en un pis pas. Su primera zancada es un cuchillo en el agua. Con Bale la portería siempre está a un metro de distancia. En su segundo paso le cae encima su educación británica y el balón se le va lejos, como si fuera su enemigo. Lo alcanza, pero Oblak ha dado los pasos justos y Bale ha perdido la iniciativa. El uno para uno por el centro en los partidos definitivos suele ser mortal para el delantero si antes del disparo no coloca con exactitud todos los elementos del drama. Basta que se se vaya un poquito el balón para que el portero se crezca hasta que la portería parezca un muro sin ventanas. Gareth, zurdo moral, inclina su cuerpo en un escorzo por todos conocidos y aún así consigue un disparo fulminante. Pero Oblak aguanta y saca una mano propia de un héroe. El Madrid ya no volvería a tener una igual, y esa oportunidad le zumbó a Bale a su alrededor como una música fúnebre de la que no supo aislarse.

Ese incidente no sobrevoló el partido porque el Madrid, como contra el Barsa, estaba dispuesto a imponer su fútbol hasta las últimas consecuencias. Fue una tiranía el primer tiempo, pero el atleti apenas se resquebrajó. Todo comenzaba con el impulso de Ramos y la exactitud de Kroos. La presión atlética se disolvía entre las infinitas líneas de pase que lograba activar el Real en su mediocampo. Porque era suyo. Modric siempre tenía un renglón abierto hacia él. Los laterales estaban sobre los interiores para lo que se les necesitase. Karim bajaba para repartir juego, para ser el último de los vértices y para decantar definitivamente la jugada. Cristiano y James se movían por todas partes -con y sin balón- tapando huecos, devolviendo paredes y haciendo girar a los atléticos que parecían en una comedia de cine mudo. Cuando entraban por una puerta, los madridistas salían por la otra.

Aún así, es el atlético, dueño de facultades defensivas pocas veces vistas, y el madrid tenía que arriesgar el balón para llegar a las puertas del gol, donde siempre hay una pierna de más, un ligero desequilibrio, o una prisa grande del delantero madridista para acabar la jugada con dos tipos al lado mordiéndole los tobillos. Y ni Karim ni Bale saben meter goles torcidos. Quizás a Cristiano le falte ya la rapidez para quedarse solo y ejecutar contra los rojiblancos. El caso es que no la tuvo en todo el partido. La red con la que jugaban los blancos era escasa: Ramos y Varane, no más. Los centrales convirtieron a los delanteros atléticos en marionetas faltas de vida y esperanza. En el primer tiempo sólo tuvieron opción en una mala entrega de Sergio, que a veces regala el balón a los rivales, cegado como está por el sol de la historia.

En las afueras del gol, cuando el Real estaba a dos pasos de la meta, era cuando el ambiente se iba volviendo sólido y filtrar un pase requería más fantasía que imaginación. Por la derecha Bale resquebrajó a medio atlético con un amague tan lento como una caída de ojos, pero contra el cuchillo de Cristiano estuvo la piedra de Godín. Por la izquierda eran Marcelo y Karim quienes se inventaban túneles secretos que acaban con la pelota muerta entre las piernas de los contrarios, o con un centro inocuo, porque todos los centros a la selva que ha construído Simeone, lo son. Así seguía el madrid comandando el partido de arriba abajo, intentando echar abajo el edificio pétreo del atleti con una conducción de arte y ensayo, que moría de realismo a las puertas del área. Ahí no había nadie que la empujara, que soltara el zurriagazo basto y provocara un rebote, que metiera la cabeza contra su propia salud y sacara un gol a palos como el cabezazo cósmico de Ramos. El Madrid se ha vestido hasta el final en el relato de lucha de clases que el atleti deja siempre sobre la mesilla de noche para provocar. Belleza, aristocracia y tiranía contra lucha de guerrillas y el desprecio por lo ineficaz. Karim es la palabra concreta que lo nombra. Y es feliz sin duda, pero ha vuelto a su máscara antigua, su refugio querido, que lo apartaba de la responsabilidad del delantero y lo hacía gozar entre líneas como si fuera un niño consentido riéndose del padre en la antesala del gol.

Todo este madrid es la antesala del gol. Suena raro teniendo a Cristiano, pero ya son dos partidos, los de más alto nivel, que el equipo ha jugado este año con la misma resolución. Ronaldo, el gran generador de ocasiones de la post-modernidad, necesita un cesto entero para meter una. En las alturas, eso no existe, y menos contra el atleti. Karim es el reflejo en el callejón del gato de lo que siempre ansía el madridismo. Un tipo duro que venga de ninguna parte, que tenga una y la meta. Hugo Sánchez. Van Nistelrooy. Y el enigma que vino de Gales. El que debería ser -y que lo fue el año pasado- la solución a esa ecuación, y en este año, ha inhibido su gesto y es incapaz de leer hasta el final los partidos, demasiado complejos para una mente sencilla, galesa, como la suya. Se queda a la espera de que alguien inunde su zona. Se desconecta cuando no entiende el lenguaje que hablan los demás. Se acaba yendo a los márgenes del partido. Desaparece.

Seguía una primera parte eterna para los dos equipos, con Simeone volcado sobre las masas cuando veía en el madrid la amenaza directa del gol. Y el madrid y el madridismo, siempre compartiendo una misma emoción, a la vez tranquilos y desesperados, enamorados del juego y frustados porque el balón no entraba. Más centros laterales, que es como tirar piedras al agua. Un ejercicio de masculinidad inútil. James y Modric, intentan el disparo desde lejos, y están cerca, pero Oblak tiene el manto de los grandes días. El madrid concede un córner y la afición del atleti retumba. Varane caza el rebote y rompe aguas arriba con su zancada de gigante bueno. Pone un centro pasado que se lo encuentra Karim a tres metros del portero con muchas opciones. Y Karim piensa demasiado, no la rompe aunque todo el madridismo está gritándole en el cogote. La jugada se ensucia en la más pura tradición cholista y es al final James, exasperado, el que está apunto de marcar con un disparo sin ángulo.

La segunda parte se jugó bajo el signo de lo fallado y por ahí entraron las emociones al partido. Este madrid es frío, como todo lo hermoso, y le conviene aislarse de lo que conjura la hinchada. La ajena y la suya. El atlético había resistido y poco a poco, provocando incendios en diversas partes del campo, con un ensangrentado para excitar a las masas, con la tensión que acumula Arda cuando se unta el balón al cuerpo, con Fernando Torres que se adueñó de lo que quedaba de partido jugando su única carta: la aristocracia de barrio, la grandeza en los grandes escenarios; arrancó el atlético al madrid del mando del partido. Fue un proceso erosivo y que cuajó finalmente en la figura de Raúl García, navarro sacado a hostias de la piedra y que lleva al límite la paciencia de cualquiera que se atraviese en su camino.

Al Real se le fue parando la cuerda, con un James agotado y los tres señores de adelante imaginando un partido que ya no existía. Se intentaba un ataque o demasiado frontal o demasiado barroco, con karim y marcelo jugando en el país de de nunca jamás. Es curioso como los blancos siguen confiando en sus contras cuando ya no existen. Ni siquiera karim da los pasos justos. Cristiano acompaña pero no mata y Bale sprinta siempre contra una pared y acaba perdiendo lastimosamente el balón. El Atlético se enfurecía de forma teatral, con Mandukick saliendo y entrando de escena de tanta sangre que llevaba encima, pero no acababa de rascar en los bajos del Real. Fueron los últimos minutos los del miedo y la vergüenza y porque se dieron varias circunstancias. Torres se adueñó de los balones difíciles y comenzó a hacer daño real, incluso dibujando un amague que mandó a Ramos a comisaría y que fue incapaz de terminarlo con un disparo. Karim salió e Isco entró, y parecía que era el cambio procedente (un 442, a defender y contraatacar pensaron todos), pero sin esa referencia arriba, el atlético defendía sin prevención y comenzó a meter hombres en el centro del campo. Y lo de Raúl García.

Lucha cuerpo a cuerpo. Rebotes. Miradas de odio. Balones colgados. Torres que suspende el tiempo. Un balón de la nada que se lo encuentra Godín y lo manda a las estrellas. Simeone que orquesta el caos y el odio para decantar la eliminatoria. El madrid que ya sólo existe en una mitad del campo pero resiste admirablemente. Casillas que sale a espantar moscas y otra pelota muerta que dura una eternidad. Esos balones  que corren por el área y son como una pistola en la habitación de los niños. Se cumple el tiempo y Varane, que nunca se despeina, le quito el dulce a Mandkukic y lo despejó  muy lejos del área. Hacia el futuro, que será la próxima semana en el Bernabéu. Quien sabe entonces lo que pasará.

Atletico, 0-Madrid, 0
Atlético: Oblak; Juanfran, Miranda, Godín y Siqueira; Suárez, Gabi, Koke (Torres, m. 83), Arda y Griezmann (Raúl García, m. 77); y Mandzukic.No utilizados: Moyá, Giménez, Tiago, Saúl y Gámez.
Real Madrid: Casillas; Carvajal (Arbeloa, m. 85), Varane, Sergio Ramos, Marcelo; Modric, Kroos, James; Bale, Benzema (Isco, m. 76) y Cristiano. No utilizados: Keylor Navas, Illarra, Pepe, Khedira y Jesé.

Árbitro: Milorad Mazic (Serbia). Amonestó a Mandzukic, Ramos, Raúl García, Mario Suárez y Marcelo. Marcelo y Mario Suárez se pierden la vuelta por sanción.
Unos 52.500 espectadores en el Vicente Calderón.

Ángel del Riego

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