martes, diciembre 6, 2022

Se tienen que enterar

«El desencanto de la gente con las instituciones es un desafío, pero el mayor problema es el desempleo. Con estas altas cifras de paro y de desempleo juvenil, aunque las cosas estén mejorando, no podemos decirle a la gente, ni a nosotros mismos, que la crisis se ha acabado. Lo honesto es decir que seguiremos con graves dificultades mientras el paro no baje a niveles normales. Estamos en medio de la crisis: esto no ha terminado». No se asusten. Esto no es un ataque viral de autocrítica que le haya entrado a ningún ministro ni a ningún dirigente del PP. Tampoco es un ejercicio de política positiva de ningún miembro de la oposición, se llaman PSOE, IU o, incluso, Ciudadanos. Por supuesto, tampoco lo ha dicho nadie de Podemos. Quien ha dicho esto es el presidente de la Comisión Europea Jean Claude Juncker.

El problema está vivo, sin tocar, sin muchos visos de solución, aunque se lleguen a crear los 3.000.000 de puestos de trabajo que ha prometido Rajoy. Es cierto que hay cifras buenas, algunas de ellas por causa de las reformas introducidas por el Gobierno o como consecuencia de las políticas de austeridad después del despilfarro con que habían actuado gobernantes, políticos y algunos bancarios. Es cierto que los indicadores macroeconómicos mejoran y que hay estudios que apuntan que se suaviza ligeramente el crecimiento de la desigualdad entre ricos y pobres, aunque los muy pobres siguen siendo millones. La caída del precio del petróleo y la cotización del euro respecto al dólar ha permitido abaratar nuestras importaciones y mejorar nuestras exportaciones porque somos más competitivos. Pero estas dos cuestiones, muy importantes, no son debidas a políticas económicas del Gobierno sino a una situación internacional que antes nos perjudicó y ahora nos beneficia.

Más vale no lanzar las campanas al vuelo

Como no sabemos lo que va a durar, más vale no lanzar las campanas al vuelo. Por muchas razones. Porque aunque vendemos más fuera y compramos más barato el petróleo, nuestro déficit comercial crece imparablemente. Porque nuestra deuda no decrece sino que sigue aumentando y aunque paguemos menos intereses, pagamos más porque debemos más. Y, sobre todo, algún día habrá que pagar lo que debemos… además de los intereses. Pero seguimos sin un modelo productivo nuevo que permita una economía diferente. Seguimos sin hacer nada para buscar una salida profesional a millones de jóvenes -una parte de los cuales carece de la preparación para ocupar un empleo del más ínfimo nivel-, que forman una generación sin esperanza de encontrar un trabajo. Porque tenemos una población de desempleados mayores de 45 o 50 años que puede que no trabajen nunca porque el mercado no les necesita ni les admite y se quedan obsoletos como viejas máquinas. Quienes están en la calle y escuchan a los líderes políticos, en el debate del Estado de la Nación o en cualquier otro, piensan que están en otro país. Los políticos, claro. Si de verdad quieren recuperar la confianza de los ciudadanos, ya pueden darse prisa en cambiar.

Francisco Muro de Iscar

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