jueves, diciembre 8, 2022

Partido y poder en Andalucía

Iba yo pertrechado con mis teorías sobre el Estado y la Administración y me topé con la Junta de Andalucía. Iluso, cargado de libracos y apuntes, atiborrado de lecturas de Derecho, comprobé en cambio lo que es un Estado de Partido.

El modelo de la Junta es identificar Administración y Partido (todos los altos cargos son del PSOE, e incluso cargos medios), vivir de las ayudas, gastar mucho en boato (edificios, coches, por ejemplo), endeudarse al 20% del PIB. Y el resultado es paro endémico, fracaso escolar, carencias digitales y muchos atrasos respecto al resto de España. De lo que no pueden acusar a nadie sino a sí mismos.

La fórmula, ideada y desarrollada por Gaspar Zarrías, el gran maquinista, es prácticamente irrompible, perfecta. La Administración está blindada y, de paso, carcomida por el amiguismo y el clientelismo. Todos deben algo a alguien. Dádivas y secretos. Los votos están (casi) pues asegurados.

Las ciudades grandes están menos seguras, pero aun así será muy difícil desbancar al PSOE. Sobre todo si el PP sigue presentando a personas con poco gancho y mucha verborrea como alternativa. Ahora presentan a un licenciado en Protocolo, carrera que no sabía ni que existía. Vendrá muy bien que eso de poner a la gente en fila y por orden de importancia se lleva mucho en las procesiones.

La opacidad y falta de transparencia son la regla. Una juez está destapando poco a poco, y con todos los estorbos oficiales posibles, las graves irregularidades y desviaciones de fondos.

En la excelente película rusa Leviatán, el alcalde corrupto advierte a la juez y los policías que las elecciones se aproximan y si no le apoyan se quedarán sin trabajo. Podemos imaginar advertencias muy parecidas en los despachos público de Andalucía.

Los políticos de la Junta sólo tienen un propósito, su perpetuo socorro. No contestan a los escritos, no responden, no preguntan a los habitantes y cuando por casualidad responden, lo hacen por los cerros de Úbeda, sabelotos, arrogantes y seguros de ellos mismos (ello jamás se equivocan; siempre tienen razón). Y si no votamos en su territorio, no somos nadie, no pintamos nada aunque paguemos impuestos.

El discurso de los políticos socialistas recuerda a los de antes de la guerra. Es como si hablasen de las ventajas de la hojalata en la era del grafeno. Frente a ellos, el PP opta por atemorizar y marear los datos. Todo rancio. No deja de ser significativo que el inicio de la campaña del PP haya sido en uno de los lugares más devastados por el turismo y más feo: Torremolinos. Es el anuncio de un programa del todoturismo cutre que se nos avecina y nos reservan, con sus ideas maravillosas y luminosas, ambos partidos.

Han desaparecido del vocabulario los términos servicio, espiritualidad, abnegación, altruismo, obligaciones. O las necesidades como libre expresión, libertad de pensamiento, etc. Ironía y sarcasmo, ambas formaciones se pasan el día hablando de los ciudadanos, cuando es lo que menos les importa. Para la Junta de Andalucía y los Ayuntamientos, del signo que sea, no somos sino votantes, meros súbditos.

Si gana el PP me temo que reproducirán el mismo esquema, no es un juicio de intenciones, es que se palpa el revanchismo y ya conocemos a muchos alcaldes del PP, lo que hacen, sus fobias y su sectarismo, sólo comparable al del PSOE.

En fin, volveremos a leer doctos tratados sobre la división de poderes, a ver si es que no nos habíamos enterado bien.

Jaime-Axel Ruiz Baudrihaye

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