martes, diciembre 6, 2022

Las orejas del lobo

Valencia está en un terreno intermedio entre la provincia y la ciudad estado. Es el centro de algo pero todavía no se ha descubierto de qué. Donde el catalán promete diálogo, el valenciano escupe metralla. Según entró el madrid en escena, el griterío se hizo inmisericorde en Mestalla, y tan deshilachado y virulento, como en los mejores momentos del Bernabéu. Otamendi sobresalía en la defensa por la fuerza rocosa de su apellido. Mal asunto cuando un latinoamericano lleva apellido vasco. Ceño fruncido con asomo de tormenta en cada lance. Coserá la piel del otro a la puerta de su casa. Cada jugada es la última jugada, y los contrarios se irán a casa con las marcas que el amor dejó en sus cuerpos. Nuno espíritu Santo ha ido convirtiendo en secreto al Valencia en una trampa para trasatlánticos. Tiene pinta de traficante de esclavos, que es la pinta adecuada para estar en la banda del club ché. Enfrente, el Madrid salía como siempre, ligeramente atildado y con ganas de llevarse el partido por pura telequinesis. Con esa facultad para acarrear el balón sin tocarlo siquiera hacia los señores de adelante, tan lejos y tan cerca, que convierten una corriente de aire en el gol definitivo.

La masa vociferaba quizás contra el madrid, porque no se entendía muy bien. Ni siquiera los tifos eran inteligibles. Así, el Valencia creaba situaciones que eran la antesala del peligro, proyectando una parte del caos que le insuflaba la grada. Aquí y allá escaramuzas que eran pausadas por Parejo y desperdiciadas por Negredo, una plataforma petrolífera algo tosca, donde intentaba aterrizar el niño Alcácer. Esa forma arrabalera de plantearle un partido al Madrid, es peligrosa, porque en cada pérdida hay un hombre tranquilo y preciso, que la suele tocar hacia donde corre el viento de sus delanteros. Pasada la primera ola grande valencianista, el mecano móvil del madrid comenzó a poner sin ritmo pero con pausa, el balón a disposición de sus delanteros y, brotó un penalti en un balón tenso que buscaba la mano del rival. Ahí estuvo Cristiano, que lleva un mes y medio en el que sólo se excita a balón parado y en la coreografía barriobajera de sus celebraciones.

Los jugadores del Valencia comenzaron a nadar contra las corrientes del partido ahogando a Kroos, y cercando a Karim y Cristiano a palos y piedras. No estaba Di María, así que nadie se volvió loco, pero quizás no era el momento para limpiar la cubertería de plata. Cristiano tuvo una feliz actuación parodiando al extremo que fue, y Bale estando sin estar, no se dignó a ganar un partido que estaba construido para coronarlo. 

Comenzó la segunda parte con la misma electricidad del Valencia. Ahora sí, destripó al Madrid que dejó un mohín de disgusto por la cabezonería del adversario. Una pérdida de Kroos y una diagonal esquizoide de Gayá por la amplia zona donde antes acampaba Xabi, dio con la pelota en un pico del área, con Barragán preparado para fusilar a Casillas. Pepe se puso de medio lado, como las niñas en el patio,  y el balón entró rebotado contra las mallas. Fue el empate, y poco después en un cabezazo furioso de Otamendi, que tiene soldada la cabeza al tronco como los animales mitológicos, el Valencia se adelantó mientras al centro del campo madridista se le iba cayendo la máscara a pedazos.

Kroos se achica ante la presión puesto que no tiene ni amague ni la pelota cosida por dentro; y ese medio metro no lo trae de serie como Modric. Isco en la derecha tiene la contraindicación de la fruslería. Intenta su greca y no siempre le sale. Y no es bonito verle perder la pelota y correr hacia atrás. Se vulgariza. Antes del gol valencianista, en uno de los giros dramáticos que suelen ser sobre el minuto 60, un error del equipo local y un pase de Isco pusieron a Bale en su paisaje más preciado. El campo abierto para cruzarlo con el balón dominado, un poco como en Oliver y Benji, en el que el césped se mostraba curvado como la misma tierra ante la velocidad asombrosa del jugador. Así llegó Bale de endemoniado ante Alves, con Karim gritándole obscenidades a su izquierda, pero la transmisión se le rompió y ya no pudo parar. Este chico no tiene conocimiento!, exclamaron en el bar y así quedó Bale, aturdido ante la bronca de sus compañeros, que igual que Anchelotti, que lo cambió al poco rato, vieron claro que esa era la rendija por la que colarse en el partido.

Saltó Khedira al campo, comenzó a controlar las líneas de fuerza y los rechaces, Gayá dejó de colarse por el hueco entre Isco y Carvajal, y de ahí hasta el final el encuentro se jugó en la mitad del Valencia. Marcelo que fue el único madridista fiel a su talento durante los 93 minutos, comenzó a danzar con Isco; que se aposentó en la izquierda, donde su juego se desliza a otra velocidad, y todo el Valencia se arremolinó en las cercanías del área para defender su tesoro. No fue un bombardeo, ni el apocalipsis, porque Jesé nunca se fue de su par y porque Cristiano no estuvo autoritario, sino extrañamente esponjoso, y los centrales rivales eran fanáticos de su causa, así como los madridistas fueron simples profesionales con decoro.

Se murió el partido con una dejada de Isco, que es capaz de ver las flores en el acantilado segundos antes de estrellarse contra el fondo. El Madrid es justo lo que parece, y cuando le interrogan con dureza, se echa en falta maquinaria pesada en el centro de juego. De la predisposición de Khedira para alisar el campo en las segundas partes, dependerá una parte del éxito de la temporada. Bale ya se coronó como príncipe en primavera y este año juguetea con una corona de latón. Y a Cristiano le falta Messi, o su diagonal interminable, pero hay miedo de que se convierta en un arquetipo, que el número siete proyecta una sombra muy espesa.

Valencia, 2-Real Madrid, 1
Valencia. Diego Alves; Mustafi, Otamendi, Orbán; Barragán (Feghouli, m. 73) Parejo, Enzo Pérez, Piatti (Gayá, m. 23); André Gomes; Negredo (Rodrigo, min.79) y Alcácer. No utilizados: Joel, Rodrigo de Paul, Vezo y Carles Gil.
Real Madrid: Casillas; Carvajal, Pepe, Ramos, Marcelo; Isco, Kroos, James (Jesé, m. 70); Bale (Khedira, m. 70), Benzema (Chicharito, m. 78) y Cristiano. No utilizados: Keylor Navas, Nacho, Arbeloa, Varane, Illarra.
Goles: 0-1. M. 13 Cristiano (de penalti). 1-1, M. 51 Barragán. 2-1, M. 64 Otamendi.

Unos 55.000 espectadores en Mestalla. Los jugadores del Valencia hicieron el pasillo de honor a los futbolistas del Real Madrid por la consecución del Mundial de Clubes.

Ángel del Riego

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