lunes, febrero 6, 2023

La culpa es siempre de otro: antiguos y modernos responsables

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Los portugueses tenemos esa costumbre fatal de echar la culpa de todos nuestros males a algo exterior, a fuerzas maléficas que conspiran contra nuestro bienestar, sea el marxismo, el imperialismo yanqui o la Unión Europea. Quizá sea esto producto de nuestra tradición cristiana (y zoroastriana) de los dos principios, el bien y el mal. Y nosotros estamos siempre del lado bueno, inocentes, claro.

Ahora, tras años de exceso, de despilfarro, resulta que la culpa de todo la tiene Merkel. Es muy fácil. No queremos que Alemania nos mande. También tiene Merkel la culpa del desastre especulativo en la Costa de Estoril y Cascais, los  bloques que afean la zona entre Boca do Inferno y Guincho, las ciudades dormitorio de Queluz.

En Portugal perdimos hace años el sentido de la sobriedad, de la economía, de no gastar más de lo que ganábamos. Eso era considerado salazarismo y cutrez. Todo el pasado antiguo es denostado, la culpa era siempre del salazarismo, hoy es de los alemanes, mañana será de los chinos, o de los brasileños.

¿Y por qué no miramos lo que hemos hecho con las ayudas europeas, tan excesivamente generosas  como ejecutadas sin mucho control? ¿Cuántos edificios públicos hemos restaurado para albergar organismos y funcionarios innecesarios? ¿Cuántas autopistas inservibles y vacías?

Y, en cambio ¿cuántas escuelas y hospitales se han mejorado de verdad? ¿cuánto se ha destinado a la investigación y estudio productivos? ¿cuántas becas por mérito?

A mí esto me recuerda a lo que sucede en Andalucía, con suntuosos edificios de la Junta y un 25% de paro (y Susana Díaz, la Presidenta andaluza, pidiendo más –¡aún!- ayudas; ni que fueran inválidos los andaluces).

Sólo parecen ser eficaces en recortar derechos sociales. En un país donde hay pensiones que no llegan a los 250 euros, con hogares de ancianos insuficientes, pocas guarderías gratuitas, donde hay millones de edificios sin ascensor donde viven ancianos y sin sistema anti incendios, pero donde proliferan los automóviles de lujo  y los restaurantes caros. Aquí, la crisis es asimétrica, como está de moda decir.

Hemos olvidado los principios de austeridad racional, de trabajo que, si fueron fomentados por Salazar, no son salazaristas, son de sentido común.

Creo que para empezar a cambiar nuestros muchos males nos corresponde también a cada uno de nosotros aceptar nuestra parte de responsabilidad. Merkel será responsable de muchas cosas, sobre todo en Alemania, y los portugueses lo somos de casi todas las demás en nuestro país.

Rui Vaz de Cunha

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