miércoles, diciembre 7, 2022

El «verdugo» Alonso

«Es evidente que Rajoy no le ha llamado como experto, sino como verdugo». Se supone que «verdugo» de mujeres porque fue en el contexto del debate sobre la semana terrible que hemos vivido de violencia machista en el que la responsable socialista de este área, Carmen Montón, espetó este terrible calificativo al ministro de Sanidad cuando apenas había tenido tiempo de ocupar su despacho del Ministerio.

Ayer mismo el secretario general del PSOE, cuyo estilo no es el del insulto, habló del fragor del debate y recordó que Alfonso Alonso no era un recién llegado a la política. Él tampoco, y sin embargo se le ha reconocido, yo la primera, el derecho a los famosos cien días de gracia. Todos los políticos se merecen un tiempo de sosiego porque nadie llega a un despacho sabiéndolo todo. Sin embargo éste derecho, el de los cien días, es un derecho que Carmen Montón le ha negado a Alfonso Alonso calificándole, nada menos, de «verdugo».

Todos los políticos se merecen un tiempo de sosiego porque nadie llega a un despacho sabiéndolo todo

Todos nos llevamos las manos a la cabeza cuando en la pasada legislatura Rajoy dijo aquello de que los socialistas habían traicionado a la víctimas. Ocurrió también en el fragor de un debate y si aquello fue criticado por todo el mundo, no merece menos critica la actuación de Carmen Montón que en su afán, compartido por todos, de acabar con la lacra de la violencia machista, cayo en la injusticia por no decir en el más absoluto de los ridículos. Llamando «verdugo» a un ministro que acaba de llegar sólo se consigue , sin quererlo, dar oxígeno a los maltratadores y asesinos. Si el ministro es «verdugo», ellos ¿que son?

Es verdad que en los debates a todos se nos puede calentar la boca, pero es el momento de hacer un especial esfuerzo por serenar el debate, por no perder los papeles, por no echar más gasolina al fuego. Es obligación de la Oposición fiscalizar y exigir al Gobierno pero es obligación de todos no caer en el ridículo estéril de lapidar al adversario.

España es un país cansado, muy cansado pero no sólo por la crisis. Está cansado de tanto debate estéril, cansado de la descalificación absurda, del «y tú más», de la confrontación que nada aporta, de las ocurrencias y de los excesos. Ahora nos vienen tiempos muy propicios para todo ello porque las elecciones ya comienzan a condicionar comportamientos y bueno sería que nuestros responsables políticos hicieran un mínimo esfuerzo para no desbocarse. Si una diputada socialista califica de «verdugo» a un ministro recién llegado al Ministerio, que luego no vengan, ni unos ni otros, a lamentarse de que son insultados por las calle. Cuando los políticos se descalifican entre sí acudiendo a adjetivos fuera de lugar, a comparaciones insostenibles queda invalidados para pedir respeto a los ciudadanos. Primero que se respeten a sí mismos y entre ellos porque sólo así tendrán derecho al lamento.

¿Alguien es capaz de explicar que ha aportado a la durísima realidad de la violencia machista semejante calificativo dirigido al ministro recién llegado? El problema es demasiado serio como para perderse en excesos dialécticos, sobre todo cuando las mujeres maltratadas saben quienes son sus maltratadores.

Estoy segura de que Carmen Montón no cree que Alfonso Alonso sea un «verdugo» y yo tengo la certeza absoluta de que no lo es. Mal vamos si no se controla el lenguaje. La experiencia nos demuestra que las palabras no se las lleva el viento. Las palabras, como el pasado, siempre vuelven.

Charo Zarzalejos

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