miércoles, diciembre 7, 2022

Tristeza y hastío

El sentimiento creciente es de tristeza y de hastío. Pero más de tristeza. Porque no es otra cosa lo que produce esta situación en la que nos debatimos. Cuando todas las energías de la Nación, de su Gobierno y de su sociedad, habrían estar empeñadas en la tarea de lograr de una vez remontar esa crisis feroz que nos ha descuadernado y tiene a millones de compatriotas en una situación angustiosa, justo es cuando andamos perdidos en fiebres separatistas y enfrentamientos que no sabemos donde nos van a llevar. Pero que no va a ser a ningún buen sitio.

Con cerca de seis millones de parados, con una clase media golpeada en su vida de manera traumática en muchas ocasiones, que ha caído desde una sensación de confort a la pobreza o a la posibilidad de acabar en ella, cuando puede vislumbrarse en el horizonte cierta posibilidad de recuperación, de vuelta a un sendero de progreso y de cierta esperanza de futuro, es justo cuando nos meten en este triste entuerto que puede dar al traste con todo y sumirnos de verdad y de manera terrible en el peor de los escenarios de retroceso y de postración.

Porque la eclosión secesionista la vamos a pagar todos. Primero, desde luego, lo propios catalanes. En realidad la están pagando ya y aunque tapado por tanta exhibición de banderas el deterioro de aquella comunidad es cada vez más palpable. Pero lo vamos a pagar todos los españoles en nuestras propias carnes y futuros. Y hay daños que están hechos ya. Otros están por llegar. Confiemos en que la firmeza y la prudencia combinados nos eviten el mayor. Pero algunos los vamos a tener que sufrir. Y la consciencia de su inevitabilidad es lo que conduce a un hastío infinito, casi al fatalismo de que ante tal enajenación poco puede hacer la razón. Y no queda más remedio que dejarlo ya en manos de la ley.

Antonio Pérez Henares

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