jueves, diciembre 8, 2022

Cumbre OTAN y ceros patateros

La Alianza Atlántica acaba de celebrar una Cumbre. Disminuyen los que consideran que la OTAN sobra o que debiera ser una organización vegetativa, museo de la Guerra Fría y de unas operaciones militares en los Balcanes, Afganistán, Libia, y contra la piratería en el Índico o el terrorismo en el Mediterráneo. La OTAN impidió que toda Europa cayese en manos del comunismo imperialista del Kremlin. El derrumbe de la URSS, tras la caída del Muro de Berlín en 1989, no garantizó que los Aliados no tuvieran que enfrentarse en el futuro a otros retos político-militares. Por ello la OTAN no se disolvió. Los valores democráticos que defiende tampoco eran los del disuelto Pacto de Varsovia que englobaba a Rusia y sus satélites europeos que, liberados del yugo ruso, se fueron corriendo a la UE y a la OTAN. 

Con mandato y conocimiento de la ONU, la OTAN intervino, o sigue interviniendo, eficazmente en las operaciones antes citadas. Afganistán ya no está en poder de los Talibanes y de los terroristas por ellos amparados. Nuestros esfuerzos y bajas no han sido en vanoEsta misión no era eterna y, formadas unas Fuerzas Armadas y de Seguridad afganas, llega el momento de retirarse dejando un retén para instrucción militar. El Gobierno afgano, democrático merced a esta intervención, se hará ahora completamente cargo de su destino. Veremos si es capaz de hacerlo. Muchos lo dudan. Pero si fracasa no será ya un fracaso de la OTAN. Ese mismo momento llegó hace tres años en Irak. De la mano solo de los EEUU. Desgraciadamente, los iraquíes no se entienden a pesar de disfrutar de una democracia en lugar de la dictadura de Sadam Husein. Una de las graves consecuencias es el asentamiento en Irak y Siria del terrorista Estado Islámico. Hay que ayudar a combatirlo. Incluso Irán lo hace. La errónea invasión de Bush hijo en 2003, avalada por Aznar, es ya agua pasada.

La razón de ser de la Alianza es nuestra defensa colectiva y la preparación para estar en condiciones de hacer frente a situaciones venideras que, incluso, pueden ser imprevisibles. Su contribución a operaciones de imposición y mantenimiento de la paz no es la esencia de su existencia, pero la OTAN no puede abstraerse de la globalidad interactiva del mundo. Tendrá que enfrentarse a otras operaciones semejantes que, aunque no ofrezcan siempre un balance al cien por cien exitoso, permiten controlar situaciones que a su aire serían más peligrosas para la Comunidad Internacional. Hay asimismo otras fórmulas de ayuda en zonas críticas sin tener que enviar tropas de combate.

También está la cuestión del reparto de cargas en el seno de la Alianza. Los europeos han de hacer y gastar más, equilibrando la factura con los EEUU. No se puede vivir de gorra. Washington no abandona a los europeos pero mira también hacia China que inquieta a sus vecinos por sus ambiciones. 

En Europa soplan tormentas. Moscú se apoderó ilegítimamente de Crimea y está interviniendo militarmente a favor de los secesionistas pro-rusos de Ucrania con una doctrina inaceptable: la protección militar de rusos allende Rusia. Hasta los que consideraban “normales” las reacciones moscovitas ante un torpe acercamiento entre Ucrania y la UE tendrán que convenir que Rusia, al no respetar la independencia e integridad territorial de Ucrania, se quita la razón en todo. Puede que Kiev y Moscú (a través de sus marionetas secesionistas) lleguen a algún acuerdo, con bayonetas rusas en el horizonte. Putin ha propuesto unas pautas. Quizás no quiera toda Ucrania y sea mejor una “finlandización” que prolongar el conflicto. Se comprende la inquietud de los tres aliados bálticos con fuertes minorías rusas heredadas de la ocupación soviética. Los demás aliados hemos de ampararles.

La OTAN tiene que guardarse del comportamiento y añoranzas imperiales de Putin. Deben los aliados mantener la mano tendida a Moscú al tiempo que han de estar vigilantes ante el intervencionismo ruso en Ucrania, por ahora. Ello implica reestructuración de Fuerzas y medios pero no una ampliación de la Alianza que no acrecentaría con ello su seguridad. Asimismo, deben cuidar los distintos “Partenariados” aliados con socios en todos los continentes.

Dos reuniones restringidas e importantísimas tuvieron lugar en los márgenes de la Cumbre. Una sobre Ucrania a la que Rajoy no fue invitado y otra sobre terrorismo yihadista a la que no convocaron a Morenés, Ministro español de Defensa. El de Exteriores, Margallo, ausente total con su inoportuna gira asiática. No estuvo junto a sus colegas aliados. Alguien debiera explicarle que las cuestiones de seguridad son centrales en política exterior y no son privativas del Ministerio de Defensa. No le importa la Alianza o muy mal organiza su agenda. En suma: tres ceros patateros o, más bien, tres ceros a la izquierda.

Finalmente, la OTAN avala en su comunicado la disuasión nuclear. Es inevitable mientras haya potencias nucleares, lo que no debe impedir mantener el objetivo de un desarme nuclear completo y, mientras tanto, la no proliferación de las armas nucleares y la prohibición de ensayarlas.

 

Carlos Miranda

Embajador de España

Carlos Miranda

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