lunes, diciembre 5, 2022

¿Es Putin igual que Stalin?

O como Hitler, que con amenazas se comió Austria y luego los Sudetes, desmembrando Checoeslovaquia, todo en 1938, obteniendo, tras los hechos consumados, la bendición del débil Primer Ministro británico Chamberlain, por intentar tener la fiesta en paz y evitar una guerra, en una reunión en Múnich que se acabó juzgando como una gran bajada de pantalones sin que ello sirviera, además, para evitar la Segunda Guerra Mundial. Vladimir está mostrando en Ucrania que es un buen discípulo de Adolf.

Bastante más al norte Finlandia puede, ahora, revivir su Historia. Independizada de Rusia aprovechando la revolución bolchevique de 1917, tuvo que sostener guerras con la Rusia comunista para mantener su independencia, lo que logró, aunque fuese cediendo a Rusia tras la segunda Guerra Mundial el 10% de su territorio, y su segunda ciudad de entonces, Viipuri, además de importantes traslados de población. Ese fue el precio para tener la fiesta en paz con Stalin.

Puede que con Ucrania acabe pasando lo mismo. Si algunos ingenuos pensaron que Putin se contentaría con tragarse Crimea, es de esperar que, ahora, se les caigan los palos del sombrajo, lo que les suele costar mucho a los ingenuos, siempre llenos, en este caso, de buena voluntad hacia Rusia, tan débil y tan acorralada, pobrecilla, tras el hundimiento de su omnipotente dictadura comunista y la subsiguiente explosión con la que se independizaron países fagocitados tanto por la Rusia zarista como por la comunista. ¡Pobre Rusia! Putin quiere tanto a los rusófonos ucranianos que viven en unas fronteras organizadas y reconocidas por la propia Rusia, que dice que no hay diferencias entre rusos y ucranianos, lo que es una forma de decir que en tal caso lo mejor es que la Ucrania donde viven esos rusófonos vuelva al control de Moscú, igual que Crimea. Claro que Crimea era rusa hasta 1954, cuando fue cedida a Ucrania, recuerdan desafiantes los ingenuos, que prefieren olvidar que antes de ser rusa era turca y antes de unos tártaros que aún sobreviven en Crimea no sólo a todas estas apropiaciones indebidas sino también a las purgas ruso-estalinistas y a sus deportaciones masivas.

La primera pregunta, pues, es si Putin se contentará con «recuperar» los territorios del este y sur ucranianos hasta asegurarse una comunicación terrestre con la península de Crimea, que es casi una isla, o si lo que quiere es toda Ucrania. Habrá que esperar. La segunda pregunta es de qué modo quiere condicionar la libertad y la soberanía de Ucrania si no aspira a comérsela entera. Esta respuesta es más fácil, es la «finlandización» de Ucrania, es decir, como ocurrió en su día con Finlandia, mantener lo que queda de un país aparentemente soberano pero sometido a las conveniencias rusas.

La tercera pregunta es cual es, en este caso, la hoja de ruta de los débiles europeos y de los menguantes, dicen, EEUU. Porque Putin sí que tiene su hoja de ruta aunque como buen jugador de mus engañe y no muestre sus cartas aunque se puedan adivinar e, incluso, vislumbrar, en la propia Ucrania donde sus tropas campan en Crimea y en los territorios del este ucraniano desde donde se derribó con un misil el avión de las líneas aéreas malasias cobrándose la vida de 300 inocentes.

Vistos los precedentes y que la solidaridad de las democracias occidentales tiene muchos límites, hasta que no queda otro remedio porque su propia seguridad se ve directamente amenazada o atentada, lo previsible son grandes declaraciones sin otras consecuencias que más sanciones económicas con efecto boomerang en nuestras propias economías. Putin lo sabe por lo que sólo se parará donde le convenga, manteniendo su guerra soterrada en Ucrania, todo ello en detrimento del mundo occidental y de varias organizaciones entre las que destacarán tres víctimas especiales: la OSCE, la OTAN y la Unión Europea, tan pacífica ella y tan acomodaticia, además de la ONU. Ucrania no vale, evidentemente, no ya una guerra sino ni siquiera ponerse serios con Rusia que con sus invasiones y adquisiciones territoriales ilegitimas se sale con la suya. Ahora. ¿Y más adelante? Pregunta para ingenuos. Entretanto chinos, emergentes de diferentes pelajes y el conjunto antiimperialista mundial se frotan las manos.

¡Ah!, Putin acaba de recordar que Rusia dispone de armamento nuclear. Por si a alguien se le había olvidado. Como nadie quiere un conflicto, y menos aún nuclear, sólo quedan dos soluciones: Rusia hace lo que quiere, se para dónde le convenga y los occidentales tragan, no reconocen los hechos consumados y se la guardan a Putin para un futuro indeterminado, o Ucrania le pide consejo a Finlandia en lugar de decir que quiere ingresar en la OTAN. Esta, la Alianza Atlántica, solo está para garantizar la integridad de los propios aliados e incrementar su seguridad cuando admite a nuevos miembros lo que no parece que sea el caso ni con Ucrania ni con Georgia. Los pulsos con Rusia son en estos casos de otra manera. Seguro que en esto los ingenuos estarán de acuerdo. ¿Tendremos otro Múnich? Antes pueden pronunciarse la UE y la OTAN, que pronto tiene una Cumbre. En cuanto a las NNUU, Rusia es miembro permanente, con veto, del Consejo de Seguridad. Pobre ONU. Quizás la Asamblea General pudiera hacer entrar en razón a Putin.

Carlos Miranda

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