lunes, febrero 6, 2023

Indignos

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Al grito de dignidad se manifestaron en Madrid hace pocos días personajes que si sus ideas llegasen a gobernar en este país nos llevarían a España a la bancarrota, el aislamiento internacional y el hundimiento de la nación como poco.

Sus extravagantes ideas de la famosa dignidad pasan por no pagar la deuda externa, ocupar viviendas, desalojar a propietarios y empresarios de sus negocios y asaltar supermecados y propiedades entre otras «hazañas».

Para estos salvadores de la patria, su democracia empieza y termina donde ellos lo deciden, y además se permiten darnos lecciones de macro y microeconomía, de relaciones internacionales, además de imponernos reglas amenazadoras a la mayoría de los españoles.

 Ahora les ha dado por trasladar sus manifestódromos a diferentes centros universitarios

 Como a estos fanáticos y fundamentalistas les supo a poco devastar el centro de una ciudad, enviar al hospital a decenas de policías, intentar asesinar a varios de esos funcionarios de la seguridad reventándoles cascos y cabezas con adoquines y lo que tuviesen a mano, ahora les ha dado por trasladar sus manifestódromos a diferentes centros universitarios, y donde la mayoría de estos «revolucionarios» de pacotilla pisan por primera vez suelo universitario, no para impregnar sus cortas mentes de sabiduría educativa universitaria sino para insultar, amenazar y atacar a estudiantes y profesores a la vez que seguir destrozando lo que encuentran a su paso a ritmo de barricadas incendiadas.

Es curioso que siempre que gobierna el centro derecha en España, a la izquierda en general se les ocurren «maravillosas» ideas que nunca ponen en práctica cuando ellos gobiernan, y sólo se encargan desde la oposición de calentar el gallinero para que sus adoctrinados correligionarios de la ultraizquierda se manifiesten como las hordas de Atila destrozando todo lo que encuentran a su paso de mobiliario público, y además de ello jactándose en las redes sociales de cómo han estado a punto de matar a policías antidisturbios, con el máximo fin de desestabilizar e intentar derrocar al gobierno democráticamente elegido por la mayoría de los ciudadanos españoles.

Se les debería caer la cara de vergüenza de manifestarse con pancartas que hablan de dignidad

Ante estos hechos han demostrado estos vándalos sinvergüenzas lo que son, ni más ni menos que una manada de reventadores profesionales e indignos que se aprovechan de vivir en una sociedad democrática garante de las libertades que ellos ni respetan ni acatan. 

Son la bazofia de esta sociedad y unos verdaderos indignos, a quienes se les debería caer la cara de vergüenza de manifestarse con pancartas que hablan de dignidad dando lecciones de democracia.

Sí, indignos con mayúsculas, todos aquellos vándalos que al nombre de la dignidad amenazaron, atacaron, e hirieron gravemente a decenas de trabajadores de las Fuerzas de Orden Público por cumplir con su trabajo.

Indignos todas esas hienas cobardes que con la cara cobardemente tapada destrozaron el mobiliario de la capital de España y de las universidades a su paso devastador.

Indignos todos aquellos responsables políticos y sindicales de la izquierda española que lejos de condenar inmediatamente la barbarie de algunos grupos de esa manifestación donde ellos estaban, les arropan y les justifican.

Indignos todos aquellos que caldean esas manifestaciones con gritos y banderas anticonstitucionales, ondeando banderas republicanas, tan anticonstitucionales como las del águila franquista y con banderas rojas comunistas, sistema y pensamiento político que más asesinatos han cometido en el mundo en nombre de su ideario político.

España corre un riesgo gravísimo ante la proliferación de estos grupos de izquierda

Indignos ese llamado actor que reside y llega de Cuba como maestro de ceremonias para arengar a sus tropas devastadoras y que esconde las penurias que el sistema político cubano hace pasar a su pueblo, y que no explica cómo se la gastan y lo que hace la policía cubana o venezolana, y los dirigentes de esos países, violando y saltándose todos los límites de los derechos humanos y libertades a los que se manifiestan contra esos gobiernos «revolucionarios» a los que él idolatra y defiende.

España corre un riesgo gravísimo ante la proliferación de estos grupos de izquierda mezcla de antisistemas, ocupas, ultras y terroristas. 

Es hora de que nuestro sistema judicial y político actúe desde todos sus estamentos y poderes para cortar en seco este desafío al sistema, este terrorismo urbano, y si los jueces y fiscales necesitan de los políticos más leyes para frenarles, háganse.

Lo que nadie podemos consentir es que ya estén en la calle la casi totalidad de esta gentuza prestos para seguir combatiendo en su particular guerrilla urbana.

Carlos Iturgaiz

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