sábado, diciembre 10, 2022

La química del Papa

La química nos habla de la composición de la materia, de su estructura, de sus propiedades. Pero también, de sus relaciones y reacciones. Hasta el punto de que, ya figuradamente y en el terreno de lo puramente humano, hablamos de buena o mala química para describir el entendimiento, o falta de él, entre dos o más personas.

Ha introducido los cambios para insuflar nuevos aires en la iglesia católica

De química algo sabe Jorge Bergoglio, de cuyo nombramiento como Papa se cumple estos días el primer aniversario, pues como tal ejerció para ganarse la vida antes de dedicarla al sacerdocio. Y han debido serle útiles tales conocimientos a la hora de encontrar la fórmula adecuada para poder ir introduciendo los cambios necesarios en las dosis apropiadas para insuflar nuevos aires en una iglesia católica muy necesitada  de ellos, sin generar reacciones exageradas a los mismos.

No seré yo quien juzgue el calado de los cambios. De hecho, si un año es poco tiempo en la vida de cualquiera, apenas es un suspiro en una institución con dos milenios de vida. Por tanto, es necesario ganar perspectiva para ver si los cambios que se atisban son de largo alcance o de vuelo corto, regla o excepción, de fondo o de imagen.

No obstante, si alguien nos dice que el sustituto de Joseph Ratzinger iba a hacer autocrítica sobre el papel de la iglesia en la sociedad – “No podemos seguir insistiendo solo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos. Es imposible” –; defender la laicidad del Estado –“La convivencia pacífica entre las diferentes religiones se ve beneficiada por la laicidad del Estado”–; romper una lanza en favor de las mujeres –“Es necesario ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la iglesia” –, o los homosexuales –“Si una persona es gay, busca al Señor y tiene buena voluntad, quién soy yo para juzgarla”– o pronunciarse sobre sus posicionamientos ideológicos – “Jamás he sido de derechas”–, no nos lo hubiéramos creído.

No le han dolido prendas para fijar su residencia fuera del Palacio Apostólico

En lo que respecta a los hechos, Bergoglio ha ordenado investigar las actividades del Banco Vaticano, nombrando una comisión ad hoc, y ha aprobado nuevas normas y creado un Comité de Seguridad Financiera para coordinar la actividad de prevención y lucha contra el blanqueo de dinero. También ha nombrado un consejo asesor en cuestiones financieras, en el que ha incluido a una joven mujer seglar, y ha sometido a revisión a la propia curia. Y también ha aprobado una reforma del código penal para combatir mejor los delitos contra menores, asunto que la iglesia no ha querido enfrentar durante demasiado tiempo, para vergüenza y escándalo de propios y extraños.

Y en el terreno de lo simbólico, no le han dolido prendas en fijar su residencia fuera del Palacio Apostólico; desplazarse a un centro penitenciario en pleno Jueves Santo para lavar los pies a doce jóvenes, entre ellos una mujer musulmana; o visitar una favela en Brasil…

Esa actitud se ha vivido con incomodidad entre la jerarquía eclesiástica española, mucho más cómoda en esa concepción del Estado como brazo ejecutor de la doctrina de la iglesia, y que nunca ha renunciado a pretender hegemonizar moralmente a la sociedad a través de las leyes. Claro que, a decir verdad, hay que reconocer que no es la única visto el actual Gobierno y algunas de las leyes que tiene en cocina…

Su actitud se ha vivido con incomodidad entre la jerarquía eclesiástica española

Con todo, tras un año de papado de Francisco, los vientos de renovación parecen estar llegando también a la piel de toro. Así pueden entenderse las recientes declaraciones del abad de Monserrat, quien ha defendido algo tan de sentido común a pie de calle, como revolucionario en ciertas alturas eclesiales: “Los cristianos no podemos pretender imponer nuestra visión antropológica en la sociedad plural, no podemos pretender que la moral cristiana se convierta en ley del Estado”.

Veremos si los cambios en la Conferencia Episcopal de la semana pasada son una piedra más en ese camino o flor de un día.

Como reza el evangelio, por sus frutos los reconoceréis.

José Blanco

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