sábado, diciembre 3, 2022

Los tiempos de Mariano Rajoy

Mucho se ha escrito sobre los tiempos de Rajoy, que nadie comprende ni aunque se ponga a analizarlos con el tesón con que se prepara una tesis doctoral. Dudo que Arias Cañete haya pasado nervios estos días a pesar de que el presidente le tenía in albis, sin una pista, sin una señal: el ministro de Agricultura conoce a Rajoy como nadie y sabe que no anuncia sus decisiones hasta el momento mismo que las toma. Por otra parte, si le pedía que fuera cabeza de la  lista bien, y si no pues también bien. A Cañete le gusta su cartera, cada vez más aunque lo que le entusiasma es la política exterior, y también pondría buena cara a ser comisario europeo. Es decir, que salga cara o cruz tiene motivos para sentirse satisfechos. Un inciso: la agenda de Arias Cañete ha estado más abultada que nunca esta semana. Da la impresión de que su gente del PP había programado actos electorales que han reconvertido deprisa y corriendo en actos ministeriales al ver que no se anunciaba oficialmente su candidatura.

Valenciano ha protagonizado estos días dos o tres mítines con público entusiasta y salones a rebosar

A los que se ve tensos es a otros, a los que esperan la decisión pensando en futuros cambios de gobierno. Ahí sí que están los nervios a flor de piel. Voces malévolas del PP insinúan que el presidente ha retrasado el anuncio y lo retrasará hasta el último minuto porque de esa forma deja a Elena Valenciano sin adversario al que lanzar sus venablos, y no tendrá entonces más remedio que hacer propuestas de futuro que no van a provocar excesivo entusiasmo, porque lo que se le da bien  es el tiro al blanco, no la alta política. Cuidado los que piensan que la número dos del PSOE anda escasa de talla: ha protagonizado estos días dos o tres mítines con público entusiasta y salones a rebosar. 

Mientras la política coge fuerza por la campaña electoral, acaba la era Rouco Varela en la Conferencia Episcopal –y pronto también en el arzobispado de Madrid, la edad no perdona y en el Vaticano buscan sustituto que podría llegar del sur, de tierras andaluzas  tirando a sevillanas-  y llega monseñor Blázquez,  que permanentemente ha tenido que demostrar que no era lo que se pensaba de él. No tan débil como se decía cuando presidió la C.E. por primera vez, no tan antivasco como decía el PNV cuando fue nombrado obispo de Bilbao,  y no tan condescendiente con ETA como se quejaba Aznar al nuncio. Tarea no le va a faltar, la Iglesia católica pierde fieles a chorros, los seminarios están vacíos y además habrá que acostumbrarse a las nuevas formas que impone el Papa Francisco desde el Vaticano.

A la juez Alaya se la ve incapaz de cerrar el caso de los ERE

Que no pase semana sin que la juez Alaya protagonice los titulares. La que hace un par de años era referente contra la corrupción, se ha convertido en una juez irritante por sus tiempos, pero en su caso no tienen nada que ver con los de Rajoy, los políticos. A la juez Alaya se la ve incapaz de cerrar el caso de los ERE, que se eterniza de tal forma que podría ocurrir que algunos de los delitos prescriban antes de que acabe la instrucción. Ha puesto una fianza desorbitada a la exministra Magdalena Álvarez que ni siquiera comprenden varios compañeros jueces y fiscales consultados, abre piezas separadas sin cerrar lo que tiene entre manos, no llama a declarar en tiempo a los imputados, y no quiere jueces de apoyo, aunque le enviaron dos cuando estuvo de baja médica, porque no se fía de nadie. Si Ruz trabaja exhaustivamente para acabar con Gürtel antes de Semana Santa y dejar solo alguna comisión rogatoria pendiente, la juez de Sevilla sin embargo no da señales de entender que la Justicia exige que los casos estén listos cuanto antes para que lleguen al tribunal correspondiente.

Mal asunto. El de los ERE y el de la forma en que Alaya se toma su trabajo de instrucción.

Pilar Cernuda

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