martes, febrero 7, 2023

ETA, mataron para nada

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Me imagino la Navidad de los 527 presos de ETA, a los que la organización ha dado permiso para que se busquen la vida individualmente. Acaban de reconocer el daño causado con sus asesinatos, sus extorsiones y sus amenazas. Seguramente, nada será suficiente para muchos de los familiares de las víctimas. Demasiado dolor acumulado en medio de la indiferencia o la burla, hasta ahora, de los asesinos. Y digo que me imagino la Navidad de los presos porque la constatación más brutal de sus crímenes es que no han servido para nada, excepto para sembrar la sociedad de dolor y sufrimiento. Ni un solo objetivo de los que ellos llamaban políticos se ha conseguido. Toda una vida dedicada a un inmenso fracaso. Y ahora han iniciado el camino de pedir clemencia; solo les falta formalizar la petición de perdón a las víctimas y disolver la organización. No podrán volver como héroes a sus pueblos porque el fracaso no tiene ninguna posibilidad de grandeza.

Euskadi es ahora una sociedad libre. Ha estado secuestrada por el terror durante cuarenta años. En una primera etapa, antes de la muerte del dictador, el terror era bipolar. Los estados de excepción, las torturas se mixtificaban con los asesinatos de ETA. Una pinza que tenía cogida a la sociedad que observaba la barbarie tratando criminalizar únicamente a la dictadura. La Constitución y la amnistía de 1977 rompió un brazo de esa pinza diabólica. Hubo un día en el que no hubo ni un preso de motivaciones políticas en las cárceles españolas. Pero la tozudez de los amigos del tiro en la nuca les hizo volverse más crueles que nunca. Mataban ancianos con un tiro en la nuca o ponían una bomba lapa. Y en los primeros momentos, la indiferencia de la sociedad vasca ante los asesinatos se sentenciaba con «algo habría hecho», porque todavía el terrorismo, que en Euskadi se llamaba «lucha armada», tenía una pequeña pátina de grandeza para los que soñaban con vengar los años de la dictadura por la vía del crimen.

Ahora ETA ya no tiene quien la quiera ni quien la comprenda. Por no tener, no se tienen a sí mismos. Un fracaso histórico. Frente a quienes critican las gestiones de paz de Zapatero, la evidencia es que ETA va a desaparecer sin ningún precio político. Sin haber conseguido nada. Ahora reconocen el «daño causado»; les falta por reconocer su propia estulticia y su enorme despropósito sin ningún objetivo alcanzado.

El comunicado de ETA es una buena noticia, un pequeño bálsamo después del revuelo derivado del fallo de Estrasburgo sobre la doctrina Parot. Se han podrido un montón de años en la cárcel, para nada. Entraron jóvenes y salen con edad de jubilación. Y en sus canas se esconden sus propios fracasos. Ahora, cuando lleguen a su pueblo, algunos les darán palmadas, pero serán demostraciones de reconocimiento de ese enorme fracaso colectivo. ETA ya no será leyenda. Y eso es lo más importante.

Carlos Carnicero

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