sábado, noviembre 26, 2022

La batalla de Cataluña

Entre las lecciones que nos deja la manifestación pro España celebrada el sábado en Barcelona hay dos que a mi modo de ver convendría analizar. La primera es preguntarnos por qué fue menos gente de la que -según las encuestas- estaría en contra de la independencia de Cataluña. La otra es consecuencia de la anterior y nos empuja a preguntarnos por el gran ausente de la convocatoria: el Partido Socialista. Preguntarnos acerca de la errática política que  sigue el PSC en relación con el desafío secesionista, visto que, según el discurso oficial de su líder (Pere Navarro) y de otros dirigentes tales como Pérez Rubalcaba, resulta que están en contra de la secesión.

Sabiendo lo que está en juego que el PSC se descolgara de la manifestación, a mi juicio, fue un acto de cobardía política de sus líderes o, si se prefiere, el fruto de un desconcierto que prefigura una cercana irrelevancia electoral. En 12 años han perdido 660.000 votos. Han pasado de más de un millón de votos, a menos de la mitad. Y siguen cuesta abajo en las encuestas.

En 12 años el PSC ha perdido 660.000 votos

Sin duda, la ausencia de los socialistas restó presencia, pero no es razón suficiente para explicar la insuficiente participación de otras gentes. Ya sé que la manifestación tuvo eco (si damos por buena la cifra facilitada por la delegación del Gobierno, se habrían reunido alrededor de cien mil personas), pero, digámoslo con claridad: en un momento como el que vimos y teniendo en cuenta el desafío: fueron pocas. Digan los que digan los convocantes y sin restar mérito a los organizadores ni a los dirigentes políticos que acudieron: Sánchez-Camacho (PP), Rivera (C’s), etc, la ocasión reclamaba una multitud que, a la postre, no fue tal.

Quienes hemos vivido en Barcelona ocasiones históricas como el regreso de Tarradellas, sabemos de qué hablamos al hablar de multitudes. Y sobre eso conviene reflexionar porque para quienes como Artur Mas han intentado convertir la calle en plebiscito -así interpretó la Diada del año pasado- la convocatoria del sábado era un test. Test que, no nos engañemos, de momento han ganado quienes apuestan por la independencia o por la trampa que supone el «derecho a decidir».

Los números cantan y si al millón de la Diada del 2012, quienes defienden la vigencia de la Constitución y, por lo tanto, la unidad de España hubieran podido contraponer otro millón de personas manifestándose pacíficamente en la calle, en estos momentos el  gobierno de la «Generalitat» tal vez empezaría a volver grupas. No ignoro el trato desigual que TV3 y los medios que jalean la deriva separatista dieron a la convocatoria de los unionistas; ni tampoco la parva atención con la que las grandes cadenas nacionales de televisión (Tele 5, Antena 3, etc) están siguiendo este proceso, pero con todo, y, a pesar de trabajar en desventaja, si es verdad -como dicen las encuestas- que en torno a la mitad de los catalanes están en contra
de la independencia, esa idea debería haberse hecho presencia multitudinaria el pasado sábado en la Plaza de Cataluña. Hay momentos en los que quedarse en casa equivale a dar por perdido el partido. En éste caso, la batalla política más importante de los últimos treinta años.

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Fermín Bocos

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