miércoles, noviembre 30, 2022

La insoportable levedad de esta política nuestra

Se entienden mal algunas cosas de esta insoportablemente leve política española. El viaje de Alicia Sánchez-Camacho a Madrid este lunes, con su plan de financiación de la autonomía catalana bajo el brazo, es una de ellas. No lo digo por el viaje, ni siquiera por el plan, que, claro está, trata de beneficiar fiscalmente a Cataluña respecto de otras autonomías. No, no lo digo por eso, y tampoco por los distintos tonos de rechazo airado cosechados entre los dirigentes ‘populares’ al que efímeramente -aquí todo es efímero- ha sido llamado ‘plan Camacho’. Que, por otro lado, era ya bien conocido desde el último congreso del PP catalán, como se ha subrayado en todos los medios.

Lo que de verdad me deja boquiabierto es que la señora Sánchez Camacho, que ha sobrevolado varios episodios frívolo-truculentos relacionados con espionajes y otras fruslerías en los últimos meses, y que es vista con recelo por los ojos más serios y severos que haya en el PP, no hubiese querido o podido consensuar su papel en La Moncloa y en la calle Génova antes de enfrentarse a las iras de otros ‘barones’ autonómicos. Como el de Madrid, Ignacio González, rechazando cualquier discriminación en la financiación autonómica, y más si es en beneficio de Cataluña. El señor González, puestos a salirse por la tangente, llegó a amenazar con organizar su propio referéndum madrileño si un plan como el presentado por la señora Sánchez Camacho salía adelante. ¿No es eso un salto hacia el surrealismo?

El papel de Sánchez Camacho recibió hace un año muestras de agrado en los medios ‘populares’ de Barcelona y Madrid

A mí, el ‘plan Camacho’, en lo que lo conozco, no me parece ni bien ni mal. Es un papel para empezar a debatir, con los socialistas y con los nacionalistas. Pero, en primer lugar, en el seno del PP. Y es eso lo que me llama la atención: nada estaba previamente hablado, nada consensuado, hasta llegar a una ‘cumbre’ partidaria que evidenció la desunión, entre los responsables de la formación que sustenta al Gobierno, en el importantísimo tema de la ordenación territorial. Por si no estaba claro, se evidencia una insoportable improvisación, o letargo, o llámese como se quiera, en un asunto inaplazable. Con el mismo viento fresco que a Sánchez Camacho se despachó antes una vaga propuesta federalista del PSOE, se desdeña cualquier propuesta de reforma constitucional y con exactamente el mismo desdén, se ventila cualquier pretensión nacionalista, cosa esta última lógica si nos atenemos a la letra y al espíritu de la Constitución. El caso es no moverse, a ver si se mueven los otros.

Pero entiendo que ni letra ni espíritu son intangibles. Ni los criterios de nuestros partidos políticos son, al parecer, inamovibles. El papel de Sánchez Camacho recibió hace un año muestras de agrado en los medios ‘populares’ de Barcelona y Madrid. Y el propio PP, hace cinco años, había lanzado una propuesta de reforma del Título VIII de la Constitución que ahora rechaza frontalmente. Así, con esta inseguridad, ¿quién se atreve a pronosticar que Artur Mas no acabará saliendo victorioso de su loca propuesta secesionista, que perjudica a todos, comenzando por los catalanes, sin beneficiar a nadie, comenzando por él mismo?

Y ahí están, tantas reformas propuestas aguardando a que les llegue el turno de concretarse. Mostrando, una vez más, que hoy en España no se hace política. Se hace economía de parches, en busca de algún brote verde que ofrezca esperanzas de cara a las elecciones de dentro de dos años, dos años, Señorrrr…

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Fernando Jáuregui

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