miércoles, diciembre 7, 2022

Castigar a los más débiles

A veces pienso si cuando los políticos toman medidas que afectan sobre todo a las clases más desfavorecidas, son capaces de ponerse a pensar en las terribles consecuencias que van a tener algunas de esas leyes, si son capaces de poner cara a la enfermedad, a los estragos del paro, a la educación, a la sanidad, a los desahucios, a la Ley de dependencia, o simplemente se limitan a hacer números, a que estos les cuadren las cuentas, y que caiga quién caiga. Solo bajo esa indiferencia se puede entender la política llevada a cabo por el actual gobierno del PP de castigar sin piedad a los que menos tienen, que en definitiva son los más débiles de una sociedad que contempla con estupor esa desafección de los gobernantes por una clase social que les dio sus votos pensando que mejorarían las cifras del paro, el futuro de sus pensiones, el acceso a la enseñanza o la Sanidad, tal y como rezaba en su programa electoral.

Promesas y más promesas que no solo no han cumplido sino que aún a sabiendas de que no podrían cumplirlas mintieron para obtener un buen rédito electoral, lo que les permite ahora gobernar con mano dura, y sin tener en cuenta la opinión de los ciudadanos cuando estos reclaman su derecho a ser escuchados y tenidos en cuenta. Oír a la señora Mato hablar de los millones de euros que ha ahorrado su ministerio gracias al copago sanitario, me revuelve las tripas. Pero si además esa misma señora es la que obliga a los hospitales a cobrar un nuevo canon por las medicinas que consumen los enfermos de cáncer, y de otras graves patologías, entonces comprendo la desesperación de esos enfermos que tienen todo el derecho del mundo a buscar su curación, a tener acceso a unos medicamentos que pagamos entre todos, y que son los únicos que les permite vivir con una cierta calidad de vida y dignidad, sin que por ello la ministra de Sanidad les penalice.

Es duro comprobar que nadie del gobierno ha levantado la voz en contra de una medida tan polémica como discriminatoria. Por eso, invito a Ana Mato, a Soraya Sainz de Santamaría, o a la propia Dolores de Cospedal, a que pierdan unas horas de sueño profundo y escuchen el programa Hablar por hablar, de la cadena Ser, donde esa mayoría silenciosa de la que tanto les gusta hablar expone cada noche sus angustias, sus penas, su miedo a morir, sus dificultades para sobrevivir con 400 euros, para salir adelante con la pensión del abuelo, siendo cuatro o cinco de familia. Estoy segura que si escuchasen a la gente su percepción de la crisis cambiaría, y se lo pensarían muy mucho antes de tomar unas medidas que están empobreciendo al país a marchas forzadas. No a las clases dirigentes, ni a los grandes empresarios, pero si a los más débiles.

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Rosa Villacastín

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