lunes, noviembre 28, 2022

¡Pobre España!

El curso parlamentario empieza bien. Hasta el dios de la lluvia llama la atención sobre las goteras del sistema. Lloró sobre el Hemiciclo del Congreso de los Diputados en el arranque de la sesión de control en el que la oposición quería preguntar a Rajoy por el caso Bárcenas mientras los dirigentes del PP leían con fruición el auto de la juez Alaya sobre los ERE de Andalucía en el que se pre-imputa a Chaves y a Griñán. También llovió sobre Cataluña reclutada en fiesta por los independentistas que quieren separarse de España reclamando un referéndum al margen de la Constitución.

Tenemos algo más que problemas. A la recesión económica se suma la pérdida de credibilidad de los grandes partidos políticos (salpicados por los casos de corrupción) y el desafío secesionista impulsado por los dirigentes políticos de la burguesía catalana. Tarde o temprano, de la recesión saldremos. Acabar con la corrupción -y con los corruptores- será tarea más difícil porque hay normas que parecen hechas para burlar la ley. Un ejemplo: que la financiación ilegal de un partido político esté considerada como una falta y no como delito. Otro: que muchos políticos (parlamentarios regionales, diputados a Cortes, ministros) estén aforados.

El aforamiento fue ideado como mecanismo de protección de los jueces frente a los poderosos

En origen, el aforamiento fue ideado como mecanismo de protección de los jueces frente a los poderosos. Al elevar los casos a una instancia judicial superior (TSJ o Tribunal Supremo) lo que se pretendía es contar con una Sala de jueces experimentados e inmunes a las presiones de los políticos. En la práctica se ha convertido en lo contrario: un refugio de presuntos tras el burladero de los suplicatorios (3/5 serían necesarios en el Congreso o el Senado para que prosperara la petición para procesar a un aforado).

Pese a todo y, con paciencia, policías eficientes y buenos jueces, si no erradicar, creo que se puede acabar con la semi impunidad que ha favorecido la aparición de casos de corrupción ligados a los principales partidos políticos.

En relación con el desenlace del desafío independentista y el hallazgo de una salida constitucional al conflicto político que apareja, soy mucho más pesimista. Vivimos en temporada baja de estadistas. Por contra, proliferan los demagogos. También hay quien cree que los males empeoran con los remedios y por eso, lo mejor es no hacer nada. La verdad es que no faltan motivos para llorar por España.

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Fermín Bocos

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